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Hace tiempo que la cantera merengue se ha convertido en una fábrica de vender jugadores. Pensar algo diferente es engañarse

‘La apuesta por la cantera en el Real Madrid sigue creciendo’, declaró el presidente del Real Madrid Florentino Pérez en la presentación de la última fase de la Ciudad Deportiva del club blanco el lunes pasado. No hay duda de que el club blanco sigue invirtiendo en formar jugadores, lo que no está tan claro es que la intención real – sin juego de palabras – de esta fábrica merengue sea que estos jóvenes jueguen en el primer equipo.

En su línea de alinearse con los grandes símbolos del club de Concha Espina, Pérez mencionó en su discurso a Santiago Bernabéu, presentándose como el continuador de la filosofía de gestión del fallecido presidente del Real Madrid, que construyó la mejor cantera de España y privilegió los jugadores de casa sobre el resto. El presidente madridista también comentó que ‘este club es de todos, se mueve por sentimientos, no por intereses económicos’.

Ahí es donde empieza a chirriar el discurso oficial del mandatario blanco. Los tiempos son otros, y la filosofía también.

Cuando Pérez llegó al club en el año 2000, el ex-atlético convertido en madridista de cantera Raúl González reinaba en el equipo, Guti tenía sus momentos de gloria y sufría sus periódicas dosis de pitos, e Iker Casillas acababa de hacerse con la portería que es suya hasta hoy. No eran la Quinta del Buitre, pero representaban de forma competente el producto casero en una realidad post-Bosman muy diferente a la de los años 80, con muchos más extranjeros en todos los equipos.

Doce años después, no hay ni un solo jugador nuevo de la cantera en el primer equipo, por lo menos con un papel que no sea totalmente secundario.

Sabemos que para que un jugador joven triunfe en el equipo titular de cualquier club hay tantos elementos que tienen que combinarse que podríamos explicar la sequía en la producción de estrellas sin necesidad de criticar la política de cantera merengue. Sin embargo, las acciones recientes del Real Madrid muestran que la llamada Fábrica se ha convertido en una máquina de generar recursos financieros, dejando de lado su papel de proveedora de talento para el primer equipo.

En la famosa rueda de prensa en la que Jose Mourinho cargó por primera vez contra Alberto Toril, el portugués declaró que ‘si no eres lo suficientemente bueno para jugar en el Madrid con 25, no lo vas a ser con 27 o 28’. Es fácil estar de acuerdo con él. Lo que no es coherente es que el Madrid haya vendido a Rodrigo cuando tenía 18 años, a Carvajal con 20 y a Joselu con 21, es decir, cuando todavía no se habían hecho como jugadores. Como diría Ralph Waldo Emerson, lo que el Real Madrid hace habla tan alto que no nos deja escuchar lo que dice. Está claro que interesan más los cinco, seis o siete millones que se ingresaron por estos jugadores que la posibilidad de que rindan algún día como parte del primer equipo.

Mientras el club sigue vendiendo jóvenes jugadores con talento antes de que tengan alguna oportunidad de jugar con continuidad en el primer equipo, el técnico usa el Castilla muy poquito – acuérdense de Michael Essien de lateral izquierdo, o piensen en que han tenido que lesionarse tres delanteros para que Morata tenga 10 minutos contra el Levante fuera de casa – y de forma oportunista en mitad de una guerra abierta con el técnico del filial.

Es difícil creer que el entrenador no tenga el respaldo del presidente en su política de bajo uso de la cantera, que ha hecho que debuten apenas ocho jugadores en dos años y medio, sumando un total de menos de 500 minutos de competición. No hemos oído ni una palabra sobre esto en las comparecencias públicas de Pérez y sus repetidos mensajes sobre la importancia de la cantera.

A pesar de los constantes intentos de Florentino Pérez de asociar su mandato a la filosofía de las seis Copas de Europa, el Real Madrid hoy es una empresa de impacto global, no el españolísimo club de Santiago Bernabéu. Como negocio, ha definido un modelo de rentabilización en el que debe maximizar sus ingresos televisivos y por ventas de merchandising, y para eso tiene que fichar jugadores que, encajando en su esquema de juego, al mismo tiempo le representen los principales mercados mundiales.

El mercado español ya está garantizado, por lo tanto y desde el punto de vista financiero siempre va a ser más interesante traer a un alemán o a un francés, aunque estén a medio hacer, que promover a un chaval del filial. Para que un jugador del Castilla triunfe en el Real Madrid hace falta paciencia, y eso le falta tanto al presidente, como al técnico, como muy especialmente al aficionado madridista que llena el Bernabéu.

Y así ha evolucionado la cantera del Madrid, en la que hoy explican a los chavales que es más fácil convertirse astronauta que llegar al primer equipo, como declaraba a El País el ex-técnico madridista Iñaki Beni.

Seguiremos escuchando las cantinelas de Florentino Pérez sobre el objetivo del Real Madrid de potenciar la producción de la cantera durante algunos años más. Seguiremos contando los debuts de jugadores del filial con el primer equipo con los dedos de una mano. Seguiremos preguntándonos por qué se ficha a un central francés – o inglés, o alemán, o, no lo duden, de algún país asiático – y no se le da una oportunidad a ese chaval que juega bien en el Castilla. En fin, seguiremos queriendo que el Real Madrid sea algo que ya no es, y que muy probablemente no volverá a ser.

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