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La Liga BBVA hace fijos a los entrenadores

La Liga BBVA hace fijos a los entrenadores

Tras 10 jornadas de campeonato, ningún club español ha despedido a su entrenador. ¿Entramos en la era de la cordura?

En una temporada llena de estadísticas sorprendentes, tales como la recientemente finalizada racha de imbatibilidad del Atlético – ¡No perdía desde abril! - o que nuestros irascibles árbitros ya hayan mostrado ocho tarjetas rojas a entrenadores de Primera, y ninguna de ellas haya sido a José Mourinho, nada llama más la atención que el hecho de que los banquillos de nuestra liga sigan en poder de los mismos ocupantes que comenzaron el campeonato hace 10 jornadas.

¿Cómo es posible? ¿No era éste el campeonato en el que la cuerda siempre se rompía por el lado más débil? ¿Se acabó la puerta giratoria de entrada y salida de técnicos? ¿La silla eléctrica se ha convertido en sofá?

Como punto de comparación, la temporada pasada ocho entrenadores perdieron sus empleos durante la primera vuelta del campeonato. Los cinco equipos que pasaron por el ecuador de la liga ocupando las últimas cinco plazas en la clasificación cambiaron de entrenador en ese mismo periodo. Si miramos más atrás, la liga española tiene una media de 10 cambios de entrenador a lo largo del torneo desde 2001. Mucho tendrían que empeorar las cosas durante el resto de la temporada para llegar a ese número este año.

Ya detectamos la primera alteración de tendencia durante el verano. De los 20 clubes de Primera, 16 no cambiaron de entrenador, dos se vieron obligados a buscarse la vida únicamente porque sus técnicos decidieron largarse – como Josep Guardiola, que dejó Barcelona por su sabático neoyorquino, o Unai Emery, que se marchó a Moscú con el consentimiento tácito del Valencia – y apenas Rayo y Granada se decantaron por un relevo en el banco para intentar terminar este campeonato con menos apuros que el
anterior. Después de un verano sorprendentemente tranquilo, ya hemos pasado el primer cuarto de temporada y, a pesar de algunos rumores, el clima sigue más sosegado de lo habitual. Los 20 mantienen su puesto.

Personalmente creo que toda esta estabilidad es pasajera, un accidente debido a una combinación de circunstancias que raramente acontecen. La primera y más obvia es la crisis: los presidentes de los clubes saben que, en el contexto actual, no pueden ponerse a echar técnicos – y por lo tanto pagando despidos improcedentes – a diestro y siniestro, porque las finanzas de sus respectivas organizaciones no se lo permiten. Así, se lo piensan unas cuantas veces antes de romper un contrato, sobre todo si es de los caros, como el de Marcelo Bielsa en el Athletic.

El segundo elemento está en una extraña combinación de resultados que ha hecho que la gran mayoría de equipos que hoy ocupa puestos en la zona peligrosa de la clasificación sea tradicionalmente menos inclinada a apretar el botón de ‘eject’ que la media de la liga española. Clubes como el propio Athletic, el Osasuna o el Espanyol, que ocupaban posiciones en la mitad superior de la tabla en campeonatos anteriores, tienden a evitar cambiar de entrenador hasta que la presión social es absolutamente insoportable, como vimos en algunas fases difíciles de Joaquín Caparrós en San Mamés, o de José Antonio
Camacho en el Reyno de Navarra.

Finalmente, y con la excepción de Osasuna, ninguno de los equipos ha comenzado de forma tan desastrosa que no puedan arreglar la mala clasificación con un par de victorias. Entre Granada (19º en la tabla) y el Mallorca (13º) solo hay tres puntos, lo que hace que la mala posición en la tabla pese un poco menos de lo normal para tomar una decisión tajante. La igualdad actual suaviza la tendencia ya casi natural a poner la cabeza del entrenador en manos de la afición.

Pero a pesar de la aparente situación de calma entre las directivas de los clubes, el primer despido se acerca rápidamente. ¿Candidatos? Con 5 puntos de 30 posibles, y muy a pesar de la tradicional política de continuidad de Osasuna, es muy probable que José Luis Mendilíbar no resista un resultado negativo más, sobre todo jugando contra su directo rival Espanyol en Cornellá el próximo sábado.

Otro pretendiente involuntario al cese, el francés Philippe Mountanier, vivió de altos y bajos la temporada pasada con la Real Sociedad y se juega el tipo en Málaga el sábado, con el agravante de que su equipo todavía no ha conseguido ganar ni un partido fuera de casa. Ahora o nunca para el francés.

Finalmente y mirando hacia el sur, el pasado reciente del agente Quique Pina como presidente del Granada parece no ser muy halagüeño para los ocupantes del banquillo granadino. Juan Antonio Anquela, arquitecto del ‘Alcorconazo’, puede quedarse sin trabajo este mismo viernes, si el derbi andaluz contra el Betis termina con victoria verdiblanca.

¿Tendrían sentido los cambios en estos casos? No está muy claro. Un estudio denso pero interesantísimo de tres profesores universitarios españoles demuestra estadísticamente que los cambios de entrenador mejoran el desempeño de los equipos, pero no consiguen que esta mejora los lleve al nivel de los que no cambiaron de entrenador, que teóricamente planificaron mejor la temporada.

Teniendo esto en cuenta en el contexto actual, tiene sentido pensar que toda esta calma no se debe a una repentina madurez de los dirigentes españoles, sino a una consecuencia no prevista de la crisis financiera. Pero si ella sirve para que los gestores de los clubes aprendan a pensar dos veces antes de echar a un entrenador, dejándole trabajar incluso después de algunos reveses, es posible que hayamos encontrado la
única – y evidentemente muy pequeña – consecuencia positiva del pésimo momento que atraviesa nuestro país.