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Cristiano Ronaldo y un órdago lanzado al Real Madrid

Cristiano Ronaldo y un órdago lanzado al Real Madrid

Cristiano Ronaldo / Getty

Nuestro columnista Eduardo Álvarez analiza la situación del jugador portugués tras sus polémicas declaraciones del pasado domingo

No importa la explicación. Ustedes han oído o leído tantas veces como yo la colección de posibles motivos -ninguno de ellos convincente hasta ahora- que pueden estar detrás de las extrañas declaraciones de Cristiano Ronaldo después del partido del domingo contra el Granada.

Puede ser que esté triste porque el ‘clan español’ no le acepta como líder indiscutible del equipo; o porque no ganó el premio de la UEFA al mejor futbolista del año el viernes pasado; o porque su compañero de equipo y ex-amigo Marcelo defendió en público la candidatura de Casillas al mencionado premio; o porque gana un poco menos que Messi, y cuando fue a pedirle un aumento al club le dijeron que todavía no era hora de discutir contratos; o porque Kaká gana casi tanto como él y no juega ni al dominó; o porque siente que no tiene el apoyo incondicional de la grada, ese sustento que poquísimos alcanzaron en el Bernabéu, y que permite que a algunos futbolistas idolatrados se les perdone un mal día. La explicación es lo de menos.

Lo realmente relevante es que los motivos enumerados gozan de una curiosa ambivalencia cuando los examinamos a la luz de Cristiano Ronaldo: ninguno de ellos nos parecería suficiente para justificar unas declaraciones como las que hizo el portugués, pero al mismo tiempo a nadie le sorprende que Ronaldo se sienta triste por causa de cualquiera de ellos, incluso por el más insignificante.

Y es que desde que el de Madeira se convirtió en figura pública, ha demostrado tener, además de una capacidad de trabajo y un talento inconmensurables, una piel muy fina. De forma parecida a José  Mourinho, el delantero portugués necesita saber constantemente que la afición está con él, que es el centro de atención yque sus deseos son órdenes para los que rigen los destinos del club merengue.
Dado el revuelo armado por sus declaraciones en un momento tan complicado de la temporada, con el mercado cerrado y mínimas opciones de que una situación como esta se resuelva con un traspaso, parece evidente que el portugués está probando hasta dónde irá el Real Madrid en su esfuerzo por mantenerle contento. Está claro que no quiere irse, porque si no habría hablado antes del 31 de agosto, y no después.

En realidad, Ronaldo ha decidido echarle un pulso a la directiva, apuntando a los ejecutivos y a ‘razones profesionales’ como las causantes de su tristeza, y espera un gesto del club para que las aguas -y su ego- se calmen. Ahí está el peligro de este órdago de Cristiano… para el propio Cristiano.

Y es que el tiro le puede salir por la culata, porque quien manda en este Real Madrid no es Florentino Pérez, ni Jose Ángel Sánchez, sino José Mourinho, que tan bien conoce y aplica la táctica de la queja pública, y que ha estado curiosamente callado desde que Cristiano hizo sus declaraciones. Mourinho,
fan número 1 de Ronaldo, siempre aplaudió la dedicación de su compatriota, pero nunca le han gustado los jugadores que lavan la ropa en público -con los entrenadores únicos es un poco más comprensivo-, menos aún si con sus declaraciones pueden ponerse al público en contra, como es probable que ocurra
en el caso de Cristiano.

El paso mal medido de Ronaldo va a traer cola, sobre todo porque llegan dos semanas sin Liga, y por tanto sin nada que pueda distraer a la horda de periodistas que seguimos el campeonato español de toda esta tristeza tan estereotípica, digna de fado portugués. No tengan dudas, nos esperan quince días de conjeturas, hipótesis, discusiones interminables y medias verdades incluso una vez que se conozcan los verdaderos motivos, por fútiles que sean.



La temporada pasada, Cristiano recuperó el calor de la afición madridista con juego y goles después de un ataque de tristeza de menor entidad, como ya había hecho con la hinchada del Manchester United después de su picardía al provocar la expulsión de Wayne Rooney en el Mundial de 2006. El portugués tiene experiencia en jugar con el público en contra y confía en su capacidad, lo que puede haber sido un factor en su decisión de abrir la caja de Pandora con sus declaraciones.

Desgraciadamente, mucho tiene que pasar en estas dos semanas para que el Bernabéu se calme y le reciba de brazos abiertos. El coliseo blanco no perdona ataques de prima donna como éste, y menos viniendo del jugador mejor pagado del club. Y tampoco parece que Mourinho quiera arriesgar su posición intocable en la jerarquía merengue para salvar a su mejor jugador con una defensa pública.

Lo que no deja de ser irónico es que en realidad es probable que, de forma inconsciente, la tristeza de Cristiano se deba a que se ha dado cuenta de que para el equipo directivo del Real Madrid, y a pesar de sus 150 goles y tres extraordinarias temporadas, él no está ni estará al nivel de privilegios y prebendas
del que sí disfruta, el antes especial y ahora único, José Mourinho.

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