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El verano ha sido terrible para el campeonato español. La crisis de la 'clase media' española se dejará sentir en el desempeño de nuestros equipos en Europa

Con unos días de adelanto sobre las fechas habituales, La Liga comenzó. Lo hizo de forma frágil, conflictiva, insegura, como un sietemesino al que le hubiesen venido bien unas semanas más en el vientre materno para enfrentarse al duro mundo real. La penosa situación económica de la mayoría de los clubes y el consiguiente éxodo de jugadores de talento nos han dejado un panorama todavía más triste que el estado del césped de La Romareda: si ya era difícil que los clubes medios o pequeños compitiesen con Real Madrid y Barcelona de tú a tú durante un campeonato entero, después de este verano la sensación es aún más pesimista. Los dos grandes han mantenido su bloque casi intacto, mientras que la clase media ha tenido que vender o dejar ir gran parte de sus estrellas a otras ligas. La polémica televisiva y los horarios absurdos apenas han reforzado el regusto amargo de este inicio de campeonato.

La preocupación sobre el estado actual y futuro de La Liga no radica en la competitividad y la capacidad de entretener del campeonato. Aunque el título sea cosa de dos un año más, en la liga siempre hay partidos entretenidos y equipos que pueden sorprender a cualquiera, como hizo un serio Valencia en el Bernabéu
este fin de semana. El problema real está en los impactos de esta pérdida de competitividad en nuestro desempeño en las competiciones europeas, que es donde se mide realmente la calidad de las ligas de cada país.

En uno de mis primeros artículos para Goal.com España, defendí que la estructura de la liga en la temporada pasada favorecía buenas actuaciones de los equipos españoles en Europa. Teníamos dos clubes capaces de ganar a cualquier equipo del mundo. Debajo de ellos, una clase media de cinco o seis equipos que, a pesar de no poder conquistar el campeonato, era suficientemente competitiva para
representar un excelente papel en la Europa League. Además, esta clase media funcionaba como duro sparring para Real Madrid y Barcelona, lo que era perfecto para que los dos grandes se preparasen para la Champions League. Solo un verano después, las cosas han cambiado mucho, y parece difícil que el
desenlace del año pasado -Real Madrid y Barcelona luchando hasta el último minuto en las semifinales de la Champions League, y final española en la Europa League entre Athletic y Atlético- se repita.



Comencemos por los grandes: a falta de un Luka Modric que echarse al coleto y de un millonario que quiera pagarle el sueldo a Kaká, el Real Madrid ha conservado su bloque y no ha movido ficha. El croata esta lejos de ser la solución de los escasos males madridistas, pero sí que ayudaría en un aspecto que le
costó puntos y títulos al equipo de Mourinho: su dificultad para gestionar los partidos cuando tiene un marcador favorable contra un rival de entidad. Le pasó contra el Bayern de Múnich en los dos partidos de semifinales de la Champions League, y en otros más contra el Barcelona en la primera mitad de la temporada pasada. Mou tiene que añadir un registro más – el baño maría – al abanico competitivo de este Real Madrid tan imponente físicamente.

El caso del Barcelona parece ligeramente más prometedor: se reforzó bien donde necesitaba, contratando un excelente lateral izquierdo para acabar con la serie de brasileiros normalitos que ocuparon la posición en los últimos años, y un volante de buena salida para dar descanso a Busquets. Además, recuperó la pólvora de David Villa en ataque, para liberar a Leo Messi, de la casi total responsabilidad anotadora que tuvo en la segunda parte de la temporada pasada. A salvo los dos grandes, el problema serio viene en la ya mencionada clase media. Los que el año pasado eran sparrings de lujo para Real Madrid y Barcelona
se han convertido en plantillas muy de andar por casa. Trece equipos no han gastado nada en refuerzos, y los que lo han hecho carecían de fondos suficientes para efectuar contrataciones de impacto.

Podemos poner como ejemplo más claro de esta degradación de plantillas al Málaga, que ha vendido casi todo su ataque -Santi Cazorla y Salomón Rondón, por ejemplo- y todavía es posible que tenga que negociar algún jugador adicional. El Valencia también ha tenido que dejar ir a algunos titulares, mientras que el Athletic, en una tesitura bastante frustrante por lo inesperado del caso, puede recibir un buen puñado de millones por sus dos mayores estrellas, Fernando Llorente y Javi Martínez, dinero que, de llegar, será casi imposible gastar en sustitutos del mismo nivel. El único de los burgueses que ha mantenido la estructura de la plantilla ha sido el Atlético de Madrid, que 'solo' ha perdido a Diego Ribas -sentirán mucho su falta- y ha cambiado a algunos jóvenes por jugadores más maduros, aunque ya en la parte final de sus carreras.

Sería ilusorio esperar que estos equipos, sin recambios para sus estrellas emigradas, consigan hacer un buen papel en la Europa League, y mucho menos repetir el éxito de la temporada pasada. Pero la segunda competición continental es apenas una parte del problema. Sin clase media, no hay competencia para los grandes, y no solo la liga se resiente, sino que también las opciones de éxito de Barcelona y Real Madrid en Europa se reducen. La liga es más que un campeonato doméstico: es un torneo que prepara a nuestros mejores clubes para competir en Europa. Si su nivel de exigencia cae, es muy posible que el desempeño de nuestros equipos en Europa haga lo mismo.

A falta de uno o dos fichajes pendientes, la situación no es positiva y tampoco debe mejorar durante el periodo de contrataciones de invierno. Por eso, creo que esta temporada, tras años de grandes actuaciones en Europa, no tendremos ni un semifinalista español en la Europa League, y como máximo uno en la Champions League. Guarden estos pronósticos, los recordaremos a final de temporada.

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