Málaga, PSG, Manchester City: ¿El final del ‘efecto Jeque’?

Los equipos con apoyo de multimillonarios se encuentran en un escenario muy propicio. ¿Hasta cuándo?
El jueves pasado, el anuncio del fichaje del sueco Zlatan Ibrahimovic y del brasileño Thiago Silva por el Paris Saint Germain generó una gran polémica en Francia. "Estos números no son impresionantes, son indecentes", declaró el ministro de Presupuesto Jerome Cahuzac, refiriéndose a los casi 15 millones de euros de salario anual que ganará Ibrahimovic. La ministra de Deportes, Valérie Fourneyron, prefirió concentrarse en el valor pagado por los dos jugadores al AC Milán, 65 millones de euros, criticando fuertemente las cifras: “Son astronómicas, irracionales, y dan una imagen de lo más deplorable del fútbol de hoy, la falta de regulación y los déficits que se acumulan a nivel europeo”.

El club parisino juega con ventaja: fue comprado hace un año y medio por el fondo de inversiones de Catar (Qatar Investment Authority), que en este corto intervalo de tiempo ya ha gastado la friolera de 215 millones de euros en fichajes. El PSG se une por tanto al selecto grupo de equipos europeos – Chelsea, Manchester City y en menor medida Málaga –, que nadan contra corriente en la crisis actual y siguen contratando jugadores a precios increíbles para el contexto en que vivimos.

Desde el punto de vista financiero, tal gasto en fichajes es casi imposible de amortizar por parte del equipo comprador, a no ser que el equipo en cuestión lo gane prácticamente todo, aumente el valor de sus derechos de televisión y llene el estadio todos los domingos. Por ejemplo, los clubs ingresan apenas 25% del precio de venta al público de un uniforme oficial, así que se pueden imaginar que habría que vender un número irreal de camisetas para pagar un fichaje como este – en el caso de Ibra y Thiago Silva, el PSG tendría que comercializar más de tres millones de unidades.

Ahora que el dinero escasea, el cemento empieza a aparecer en los estadios. Las camisetas sobran en las tiendas y las empresas de televisión, con menos anunciantes, quieren renegociar los contratos con los clubs; jugadores con salarios altos como Kaká son muy difíciles de vender, y equipos con propietarios millonarios, más preocupados por la notoriedad que por el retorno sobre la inversión, tienen todavía más ventaja que en la década pasada.

Como Simon Kuper y Stefan Szymanski explicaron en Soccernomics – genialmente traducido al español como “El fútbol es así” –, el deporte rey siempre fue un pésimo lugar para invertir dinero, porque a diferencia de otros mercados, los ejecutivos viven tomando decisiones irracionales (sean contrataciones caras o salarios absurdamente altos), y fuerzan al resto de participantes (es decir, los demás dueños de clubs) a hacer lo mismo para mantener la competitividad y/o no sufrir la ira de los aficionados, que por definición son todavía más irracionales.


Los clubs que, como el PSG, cuentan con financiación de millonarios árabes o rusos han llevado esta irracionalidad hasta extremos increíbles: desde que compró el Manchester City en Septiembre de 2008, el jeque Sheikh Mansour bin Zayed al-Nahyan ha gastado / invertido más de 880 millones de euros en el club, que el año pasado perdió 220 millones de euros a cierre de ejercicio. En 2011, la nómina del City era 25 millones de euros mayor que el total de sus ingresos, sumando derechos de televisión, entradas al estadio y merchandising. Esta temporada, ni siquiera su triunfo en la Premier League hará que las cuentas cierren. Su estructura es enormemente cara para su capacidad de generar ingresos, pero todo esto lo resuelve el jeque con unos cuantos cheques. El hecho de que el patrimonio de su familia esté cerca del billón de euros ayuda bastante.

¿Cuándo acabará esta dinámica que privilegia equipos que actúan fuera de cualquier regla de gestión razonable? Teóricamente debería haber parado ya. La UEFA y su Financial Fair Play definen que, a partir de la temporada 2014/15, los balances financieros de las tres temporadas anteriores – la 2011/12 ya era la primera – serán analizados con lupa. Hecho este análisis, la UEFA no tolerará más que un nivel mínimo de pérdidas y castigará de forma dura a los clubs que no operen dentro de la normalidad, es decir, que no gasten más dinero del que ingresan (break even).

Algunos entrenadores, como por ejemplo el ilustre y pragmático Sir Alex Ferguson, tienen serias dudas sobre la viabilidad del modelo, dado que la implantación de los castigos será enormemente polémica. Otros, más románticos como Arsène Wenger, esperan con ansiedad que el cambio de modelo favorezca a los clubs gestionados al estilo de las buenas amas de casa, como él mismo lleva haciendo en el Arsenal muchas temporadas mientras pierde un campeonato tras otro contra rivales mucho más gastadores.

En cualquier caso, la normativa ya tenía mucho sentido en 2009, cuando fue publicada, y cobra todavía más fuerza en el contexto actual de crisis generalizada y rescates a diestro y siniestro. Los clubs grandes siempre serán grandes, pero una gestión más equilibrada igualará un poco más las fuerzas y aumentará la competitividad, y por tanto el interés, de las ligas nacionales y de la Champions League, evitando que llegue el millonario de turno y cree un superequipo artificial más.