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Los beneficios de una liga equilibrada son un mito. Son las diferencias las que permiten la competitividad de nuestros equipos en Europa

Por Eduardo Álvarez (@EdAlvarezSpain).-

Desde hoy hasta el jueves de la semana que viene, cinco equipos españoles disputarán las semifinales de las dos principales competiciones europeas de fútbol. Los dos grandes, Barcelona y Real Madrid, se miden a otros dos colosos europeos, uno con cara de nuevo rico (Chelsea) y otro con un curriculum más ilustre (Bayern de Munich). En la Europa League nos deleitaremos con el lujo de una semifinal española entre Valencia y Atlético, mientras que el Athletic necesita derrotar al Sporting de Lisboa si quiere mantener vivo el sueño de jugar dos finales esta temporada.

A primera vista, parece tener sentido que en una liga tan desigual como la española, donde después de 33 jornadas el segundo le saca 29 puntos al tercero, Real Madrid y Barcelona lleguen a las rondas finales de la Champions favorecidos por su capacidad de comprar talento a precio de oro (dejemos la discusión sobre los derechos de televisión para otro día).

No obstante, y siguiendo esa lógica, debería sorprendernos que la ‘clase media’, con menos recursos, consiga luchar de igual a igual con sus pares de otros países, que en teoría juegan campeonatos con repartos equitativos de los ingresos y mayor nivel de competencia. Pero eso sería mirar nuestra competición doméstica de forma sesgada. En estos momentos de baja autoestima, vamos a romper una serie de leyendas sobre una de las pocas cosas que realmente funciona en este país: el fútbol.

Empecemos por el primer mito, ése que dice que el campeonato no es competitivo, y que ya nos gustaría a nosotros tener la alternancia de poder existente en otras ligas. Evidentemente, la dualidad Madrid – Barcelona de las últimas temporadas ha exacerbado los gritos a favor de una mayor igualdad.

Sin embargo, cuando miramos a otros países, vemos que la realidad es muy similar: en los últimos diez años, en España ha habido tres equipos campeones de Liga, que es exactamente el mismo número que en la ‘hiper competitiva’ Lega italiana, en la tan alabada Premier League inglesa, y en Portugal. En Francia contamos cuatro, y en Rusia y Alemania cinco. El caso alemán es bastante engañoso, porque de los diez años, el Bayern ha ganado el título la mitad, igual que Manchester United, Barcelona e Internazionale de Milan en sus respectivos países, mostrando un grado de concentración mayor de lo que normalmente se reconoce al hablar de Alemania. Resumiendo: la paridad en otras grandes ligas es una utopía.



El segundo mito afirma que la aglutinación de los títulos entre pocos equipos genera malos resultados en Europa, ya que los grandes ganan de forma exageradamente fácil sus competiciones domésticas y luego no son competitivos en las continentales. El ejemplo arquetípico de la liga escocesa, ganada por Celtic o Rangers desde que Sir Alex Ferguson dejó el Aberdeen, mostraría que un duopolio tiene efectos perniciosos cuando hay que salir del país de origen. En el caso escocés, ninguno de los dos grandes ha ganado nada en Europa desde 1972.

En España, una vez superado el bloqueo mental del Real Madrid con los octavos de final de la Champions, los dos grandes acaban de completar dos años seguidos en las semifinales de la máxima competición europea. Mirando hacia atrás, los grandes de la liga española han ganado seis de las últimas quince Champions, por tres de equipos italianos, tres de equipos ingleses, dos de alemanes y una del Porto de José Mourinho. No parece que el duopolio haya reducido las posibilidades de Madrid y Barcelona, sino al contrario. Debe ser que el resto de equipos no es tan flojo como lo pintan.

El tercer mito, probablemente el más extendido, precisamente dice que el resto de equipos del campeonato español es endeble, ya que, anulado por la dominación absoluta de Madrid y Barcelona, no consigue tener recursos suficientes para competir ni dentro, ni fuera del país.

Vamos a olvidarnos por un momento del factor ‘jeque árabe / millonario ruso’, que le ha cambiado la cara al Málaga como antes se la cambió al Chelsea o al Manchester City. A los demás, que viven de la cantera, de las taquillas y de la venta de jugadores, se les niega la capacidad de competir en Europa, o incluso la de hacer que el campeonato sea relativamente interesante.

Y para romper esta teoría aparecen equipos como el Villarreal y Sevilla (hasta esta temporada, evidentemente), especialistas en encontrar talento de primera línea y de acertar en general con los entrenadores, consiguiendo algunos resultados espectaculares en Europa. O el Valencia, que a pesar de sus enormes problemas financieros ha ocupado el tercer lugar de la tabla con autoridad y ya es un habitual de las competiciones continentales. O el Atlético, con aquel año glorioso liderado por Diego Forlán y el Kun Agüero. E incluso el Athletic, invirtiendo en un entrenador de primer nivel que le ha cambiado la cara y le ha llevado a eliminar al ilustre Manchester United. Estos equipos, con sus lógicos altibajos, han conseguido competir de igual a igual con sus pares europeos, lo que muestra que el campeonato español es algo más que Real Madrid y Barcelona.

La realidad es que los dos grandes españoles están, hoy por hoy, a un nivel muy difícil de igualar no solo en España, sino en cualquier campeonato doméstico, y que nuestra clase media, incluso sin poder competir con ellos en un campeonato de 38 jornadas, tiene una calidad muy alta. La competición española se ha segmentado en dos grupos que parecen especialmente diseñados para competir en Europa: el que aspira a ganar la Champions con plantillas de ensueño que aguantan tres competiciones, y el que tiene que arreglárselas para estar bien a final de temporada, pero que no le tiene miedo a nadie.

Queda claro que cierta desigualdad en el campeonato nacional facilita alcanzar resultados en Europa. ¿A alguien le gustaría algo diferente? Entonces quédense con los igualados campeonatos francés, alemán o ruso, cuyos participantes no han ganado una Champions en los últimos diez años. Yo prefiero ver al Madrid sufrir contra el Sporting o al Barcelona contra el Levante, y prepararme para disfrutar esta espectacular semana de fútbol.

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