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Los maños tiraron de casta y afición para dar la vuelta a un marcador muy desfavorable

Una primera mitad igualada y viva se vio rota por la tarjeta roja mostrada a Pizzi, por doble amonestación, que invitó al Real Zaragoza a consumar una fulgurante remontada que ya se había iniciado en los primeros 45 minutos con el penalti ejecutado por Apoño y que acabó convirtiéndose en un festín por parte de los hombres de Manolo Jiménez, quien arriesgó con su valiente planteamiento.

El gol templó los ánimos de los herculinos que se encontraban cómodos en el campo, todo lo contrario que el Zaragoza que no parecía encontrar la llave para entrar en la puerta defendida por Aranzubía, sólo Montañés con su velocidad y esa revelación llamada Víctor Rodríguez, acertaban con sus decisiones. Lo contrario que la defensa, una indecisa cesión de Zuculini a Roberto suponía un regalo para Riki, éste lo abría y lo dejaba entre las redes mañas. 0-2 y apenas 20 minutos cumplidos.


Teixeira Vitienes adquiría protagonismo cuando a los 3 minutos de la reanudación expulsaba al portugués Pizzi por simular una falta en el área rival. Un excesivo castigo que condicionaba el desarrollo del encuentro y que invitaba a los aragoneses a lanzarse a por la remontada.


El equipo del León veía sangre en su rival y quería más. Movilla avisaba y Helder Postiga era el que hacía daño anotando con otro remate en el que el luso se elevaba por encima de la defensa deportivista para sumar su sexto tanto en la temporada. En los instantes finales, Bodipo maquillaba la goleada con un buen gol que no impedía la fiesta que se vivía en La Romareda, un público que se desquitaba de las penas de la campaña anterior y los disgustos ocasionados por la crisis institucional con esta borrachera de goles que no se vivía en casa desde el 2005.

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