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El jugador de Estados Unidos que salió del armario concede una entrevista en la que relata su adolescencia, sus años como jugador, y cómo salió del armario

Tras salir del armario, la vida de Robbie Rogers ha cambiado. "La vida es simple cuando desaparece tu secreto", decía en su página web hace un mes. Fue internacional con Estados Unidos en 18 ocasiones, ex del Leeds United, y el segundo en salir del armario en Gran Bretaña, tras su predecesor Fashanu. "Los secretos pueden causar mucho dolor interno", escribía Rogers. "A la gente le gusta hablar de honestidad, cómo la honestidad es simple. Intenta explicarle a la gente que quieres, tras 25 años, que eres gay".

Desciende de una familia cristiana conservadora, aficionado y enamorado del Arsenal, y explica a The Guardian que "tuve una infancia muy feliz". Explica cómo jugaba al fútbol en la calle desde que era niño durante horas, y que los problemas empezaron a partir de los 14 años, cuando lo llamaron los equipos nacionales. "Soy bueno jugando al fútbol y recibo atención por parte de las chicas. ¿Por qué no quiero eso? ¿Qué pasa conmigo? Me di cuenta de que era gay cuando tenía 14 o 15 años", explica en la entrevista.

Admite que pensaba: "Quiero jugar al fútbol. Pero no hay futbolistas gays. ¿Qué voy a hacer?". "Marginado" es la palabra que utiliza para explicar como se sentía. "No se lo podía contar a nadie porque el instituto en los Estados Unidos es cruel". La situación se lo puso fácil para ocultarse, pero era difícil también el tener chicas interesadas en él: "Decía: No puedo salir porque tengo entrenamiento hoy o partido mañana". Admite haber salido con chicas para aparentar ser normal. "Intenté cambiarme a mí mismo".

Ganó la MLS en 2008 y fue a celebrarlo con su familia a un bar. Allí no podía ser feliz. "Me fuí tras tomar algo a sentarme solo en mi habitación, pensando, vale, soy gay, pero no puedo salir del armario porque amo muchísimo el fútbol". Sabía que mientras fuese futbolista le sería imposible salir del armario, porque nadie lo había hecho. "Es una locura y es triste". "Tenía miedo de cómo iban a reaccionar mis compañeros", dice Rogers, en relación al vestuario o al bus. Explica el "mal sentimiento en mi estómago" cuando sus compañeros, que no sabían nada, hacían bromas homófobas. "Es como el instituto de nuevo, pero con esteroides".

No cree que hubiese podido ir a entrenar al día siguiente de seguir jugando al salir del armario: "Quizás los chicos hubiesen dicho: 'Es genial, Robbie'. Quizás", explica. "Nunca me imaginé anunciándolo estando en el Leeds", o en ningún otro club. Sabe que sería bueno que un jugador gay hiciese frente al odio: "Podría ser lo suficientemente fuerte, pero no sé si eso es lo que quiero. Yo solo querría ser un futbolista. No querría tener que lidiar con un circo", o tener que contestar a preguntas como "Te duchas con chicos, ¿cómo es eso?".

La parte positiva es la respuesta que ha recibido tras salir del armario, la describe como "muy cálida, muy abierta", y que chicos con los que jugó le han enviado mensajes de ánimo. Sin embargo, no se le ocurre otro jugador ahora mismo que pudiese ser gay: "Somos muy buenos actores cuando tenemos miedo de dejar a los demás saber quienes somos", y nadie le ha dicho "Robbie, gracias, yo también soy gay".

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