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El punta alemán metió un gol ayudado con la mano. Primero, lo celebró; luego, se arrepintió y pidió al árbitro que lo anulara. Sus rivales le felicitaron

Marius Ebbers, delantero centro del FC Sankt Pauli en Alemania, ha logrado lo que no han podido -o no han querido- hacer Lionel Messi y Diego Maradona: confesar a tiempo la autoría de un gol anotado con la mano, y evitar así una injusticia futbolera.

El culto a la honestidad deportiva perpetrado por Ebbers ocurrió esta semana en un partido clave del Sankt Pauli, que lucha por regresar a la élite en Alemania, donde jugó hace dos campañas. Su equipo igualaba 1-1 ante el Unión de Berlín, buscando a la desesperada el gol de la victoria, y el punta lo logró... pero de forma antirreglamentaria. Se lanzó a por un centro y empujó el balón a la red ayudado claramente por el brazo.

Los hinchas del Sankt Pauli gritaron gol. Ebbers, en un principio, también lo celebró, y el árbitro, confundido, marcó el centro del campo, convalidando lo que era el 2-1. Su asistente tampoco había visto la acción antirreglamentaria de Ebbers.
La fiesta del Sankt Pauli en Millerntor

Pero el rubio goleador, de pronto, sintió que la culpa le carcomía por dentro. Sin que nadie le dijera nada, corrió hasta donde estaba el árbitro y le manifestó, de forma enérgica, que debía anular el gol. Le dijo que lo había anotado con la mano. Los rivales del Unión de Berlín, alucinados por lo que estaban viendo, no sabían bien qué hacer.

Uno de ellos, Michael Parensen, comenzó a aplaudirle. Otro rival de Ebbers, Daniel Göhlert, se acercó para darle un abrazo. Y el árbitro acabó marcando el saque de puerta, anulando así el tanto que había convalidado segundos antes.

¿Cómo terminó esta historia? Pues que el Sankt Pauli, que necesitaba imperiosamente la victoria para seguir soñando con el ascenso, la logró en el minuto 93 de partido, gracias a un gol agónico de Fin Bartels (2-1). No sólo pueden presumir en el club de Hamburgo de honestidad deportiva, sino también, de ganar contra todo... y pese a todo.

¿Recordáis aquel gol de Diego Maradona a Inglaterra, en los cuartos de final del Mundial de 1986? ¿O aquel tanto que Leo Messi marcó con la mano para el Barcelona, en un dramático derbi frente al Espanyol? Ebbers también la lió, pero pudo redimir su culpa en público.

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