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La competición alemana es una liga moderna, fresca y revitalizada que cuenta con la mayor afluencia de público de Europa. La selección es otro ejemplo del resurgir alemán

El fútbol alemán ha iniciado un crecimiento imparable. La Bundesliga es un destino cada vez más abonado para futbolistas extranjeros que buscan su oportunidad en un fútbol moderno, fresco y revitalizado en el que el aficionado es el mayor tesoro de un producto cuidado a la perfección. Dani Carvajal y Álvaro Domínguez son dos españoles que probarán suerte en Alemania. Un clásico atemporal. El primero salta de la cantera del Real Madrid al Bayer Leverkusen, mientras que el segundo abandona el Atlético camino del Borussia Monchendladbach como una promesa inconclusa.

Fue un mito como Raúl el pionero en abordar esta remozada Bundesliga. Pocas veces un periplo de apenas dos años dio tanto de sí. Raúl se enamoro de Alemania de la misma manera que Alemania se enamoró del Raúl. Renombrado como ‘Señor Raúl’, la despedida que le brindó la hinchada del Schalke 04 y la reverencia que armó el siete tras conseguir su último gol en Gelsenkirchen son dos de las imágenes del año.

No existe ejemplo en el mundo comparable a la capacidad de regeneración de Alemania. El gigante europeo, destruido y desolado en dos ocasiones en el último siglo por los efectos de las Guerras Mundiales, ha mostrado siempre una sobrecogedora virtud para reconstruirse hasta retomar el papel preponderante que la historia siempre le ha reservado. Así ha ocurrido en su fútbol a través de esta década, en la que ha acometido una verdadera catarsis que le ha llevado a cambiar las bases de su selección nacional y de su Liga.

Son cuatro los pilares que sustentan la evolución de la Bundesliga en él último lustro. El control financiero, la renovación de la flota de estadios con vistas al Mundial de 2006, la expulsión de los radicales y un envoltorio que cuida como ninguno al espectador. La liga alemana, con canchas apetecibles y precios asequibles, se ha convertido en la que más afluencia tiene del continente. Doce conjuntos superan los 40.000 espectadores de media. Los horarios, centralizados en el sábado a las 15.30 horas, ayudan a hacer del fútbol un entretenimiento familiar.

También la pluralidad del campeonato ayuda. En la última década, cinco equipos se han alzado con la ensaladera de campeón (Werder Bremen, Bayern Munich, Stuttgart, Wolfsburg y Borussia Dortmund). Es el Dortmund un modelo dentro del modelo. Un club que se hipotecó en exceso para remodelar su estadio pero que se ha regenerado sin perder poder competitivo gracias al cuidado de la cantera y a promocionar estrellas que posteriormente ha vendido (Sahin, Kagawa).


Philipp Lahm|El capitán de la selección alemana celebra su gol ante Grecia en la Euro 2012
La pasada temporada, la Bundesliga se aupó al segundo puesto de la clasificación de las ligas con más ingresos, detrás de la Premier League pero ligeramente por encima de la Liga española. Con eso, la máxima que rige las inversiones de los equipos es la de “no gastar más de lo que se tiene”. El reparto de los ingresos televisivos es el más ecuánime de Europa. Del primero al último apenas hay catorce millones de difencia. Aun así, el Bayern Munich, que percibe una quinta parte que el Madrid o el Barcelona, es un club ya capaz de competir económicamente con los dos transatlánticos españoles.

Pese al gatillazo en la Euro 2012, la selección nacional es el otro ejemplo de la modernidad alemana. También es el fruto de un trabajo planificado a raíz de la debacle en el campeonato de Europa de hace doce años, donde los dirigentes de la Federación intuyeron que el modelo que había hecho de Alemania una potencia estaba agotado. Entonces, Uli Stielike fue el encargado de dirigir unos cambios estructurales que se resumieron en los siguientes puntos.

En primer lugar, varios técnicos de la DFB viajaron por Europa para estudiar los métodos de trabajo que se utilizaban fuera. España, con un futbol base destacado, fue de las primeras paradas. El movimiento sucesivo fue aceptar a futbolistas residentes en el país pero sin doble nacionalidad. Ozil o Boateng son ejemplos de esto. Los resultados arrojan una selección competitiva, joven y descarada que se encuentra a solo un paso de retomar el control del fútbol mundial. Como la Bundesliga, que en el próximo lustro amenaza con convertirse en la competición puntera de Europa.

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