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El ‘6’ permanecerá en la plantilla merengue una temporada más, pese a que el viernes se descolgará de la causa blanca en la Supercopa, dejándose ver en Alemania

OPINIÓN

El Real Madrid ha cerrado ya su plantilla, según confirmó Carlo Ancelotti este domingo en rueda de prensa. Y lo hará sin Ángel Di María, pero con Sami Khedira. Eran los dos que quedaban en la rampa de salida en este tramo final del mercado de fichajes, y al final será sólo uno de los dos quien saldrá. Hace bien el club blanco en acelerar públicamente la resolución de este final del mercado después de las ausencias forzadas de la convocatoria en la vuelta de la Supercopa de España. Las dudas sobre los verdaderos motivos de esas ausencias, y sobre la verdadera naturaleza de los permisos que supuestamente les dio el club a los dos jugadores descartados no hacían más que dañar la imagen del Real Madrid, la autoridad de Carlo Ancelotti y el buen clima del vestuario merengue.

Claro que, ahora que están todas las cartas sobre la mesa, visibles para todos, al club blanco le queda todavía una asignatura que resolver con respecto a los casos de Di María y Khedira. Al argentino le han salvado la cara como han podido, pese a que tenía las horas contadas en Concha Espina. Al germano es difícil salvársela. Su imprudencia y/o intencionada rebelde exposición mediática en Leipzig a escasas horas de la disputa de la Supercopa de España, cuando estaba inicialmente convocado por el Real Madrid, le deja poco margen de disculpa.

Aun en el mejor de los casos, que hubiera sido que Ancelotti le hubiera dado permiso en la mañana del viernes al no estar convocado, no es de recibo que Khedira se dejara ver descaradamente a miles de kilómetros de distancia de su equipo, cuando estaban a punto de jugarse un título. Del peor de los casos –que lo hubiera hecho sin permiso-, ni que decir tiene. Sea como fuere, y ya que es sabido que permanecerá en la plantilla una temporada más, el Real Madrid debe sancionar de forma ejemplar al alemán.

No es nueva esa falta de sensibilidad y afecto para con sus clubes de parte de la gran mayoría de los jugadores profesionales de fútbol. Al fin y al cabo, son trabajadores como cualesquiera otros. Están también en su derecho de ejercer todas las maniobras que estén a su disposición para lograr sus objetivos profesionales. En el caso de Khedira, no renovar y agotar su contrato con el Real Madrid para cubrirse de oro el próximo mes de junio. Pero viajar a Alemania y dejarte ver mientras tu equipo juega la Supercopa es una actitud de otra índole distinta, y totalmente censurable. El club blanco no puede permitir que este tipo de actitudes se extiendan y sean moda en su vestuario. Y la mejor forma de cercenarlas de raíz es a base de jarabe de palo, traducido en este caso en sanción económica, que parece que es lo que más le duele a jugadores como Khedira, dispuesto a quedarse un año entero sin jugar y sin participar ni siquiera de los éxitos y reveses de sus compañeros con tal de firmar el contrato de su vida dentro de diez meses.



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