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La gran estrella del cuadro 'colchonero' no es Arda, Mandzukic o Koke. Es Diego Pablo Simeone

OPINIÓN

Raúl Jiménez no llega al Atlético de Madrid, llega al Atlético de Simeone. El hombre que compuso una institución que siempre iba a la deriva. Este ejemplo de liderazgo técnico, sirve para volver a comprobar que en los clubes de fútbol sobran directivos, secretarios y directores deportivos.

En el campo transmite un juego práctico, sensato. Muy eficiente atrás y eficaz al frente. Si el Atlético puede llegar a la meta rival en tres toques, mejor. El resto del partido le sobra. No se detiene para jugar de tacón, le importa bien poco la prensa rosa y abusa de las cábalas sanas: repite manías, asado y música cada vez que gana.

Se ha vuelto un cuadro fiable incluso en Europa. La gran estrella de este equipo no es Koke, ni Arda, no eran Costa, Courtois, ni Falcao, no serán Mandzukic, Griezmann, ni Jiménez, es Diego Pablo Simeone, Buenos Aires 1970.

Jugaba en esa zona donde es urgente hablar, hablarle al compañero, discutir con el árbitro, gritarse con el rival y después, no callarse nada. Hablar en nombre del equipo, hablar con el presidente, charlar con la prensa y dar la cara al aficionado para terminar, otra vez, volviendo a hablar en el campo.

Simeone nació entrenador. Se sabe cuando un futbolista terminará siendo entrenador no por cómo juega, sino por lo que dice jugando. Simeone tenía palabra. Era aquel centrocampista que aparecía en todas las disputas, no faltaba a una, entonces quitaba la pelota, la entregaba siempre juicioso y luego tenía disparo, a veces llegada y ocasionalmente remate.

No era su fútbol, muy responsable, el que lo hacía indispensable para todos sus entrenadores sino su enorme equilibrio. Era un tremendo equilibrista. Capaz de capitanear el agresivo contraataque de Aragonés en el Atlético, el cavernario sistema de Bilardo o el secretismo de Basile; como de cerrar con carácter las puertas de vestuarios donde se cambiaban Maradona o Ronaldo.

Los principios que el fútbol, equipos y personajes de esa época dieron a Simeone, los respetan sus jugadores en ésta. Le creen. Pero sobre todo le admiran. Un club sin un técnico o ex jugador admirable no va a ninguna parte.

Confianza y personalidad, eso y un enorme sentido común entre lo que se vende y se compra, lo que se dice y se calla, lo que se ataca y se defiende, lo que se pierde y se gana, es lo que hace del Atlético de Simeone, uno de los mejores destinos para un recién llegado.

Jiménez tiene la oportunidad de jugar en club grande dirigido por un entrenador grande, quizá la irrupción mas poderosa de un técnico desde Guardiola. Con un estilo muy diferente pero con una actitud y personalidad similar, dota a sus jugadores de gran seguridad.

Cuando nos preguntamos de dónde salen entrenadores así la respuesta está en la palabra. Jugador de palabra igual a entrenador de palabra.

 

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