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Ancelotti y Guardiola en la banda

Susana Guasch: Lecciones a Guardiola y Mourinho

Ancelotti y Guardiola en la banda

Getty Images

Nuestra columnista analiza los partidos de ida de las semifinales de la UEFA Europa League

 Susana Guasch
 Goal.com
Síguela en
 
Periodista, presentadora de lasextadeportes y colaboradora de Onda Cero en Al Primer Toque

“El Madrid no dio tres pases seguidos en la primera parte”. Falso, Guardiola, el gol de Benzema vino precedido de 5 pases entre Coentrao, Cristiano y Benzema. Y hubo otra de tres que falló clamorosamente CR7. El entrenador del Bayern buscó una coartada barata para justificar la derrota. Llegó al Bernabéu sacando la brocha y el pincel, asombró a Europa durante quince minutos y acabó cabreando a sus jefes por sobar tanto el balón. No tardó Beckenbauer en sacar su puño de hierro: “Tener la posesión no significa nada”, dijo en la televisión alemana…¡al descanso! Ni siquiera esperó a la segunda parte. Y lo mismo opina el mítico Oliver Kahn. El fútbol alemán es otra historia: más directo y más cuadriculado (está en sus genes). Por eso, la mentalidad germana es poco amiga de revoluciones, aunque estén comandadas por Guardiola. No obstante, el todavía gurú del Barça se apuntó las primeras críticas del kaiser, quien se quejó hace unos días de que, jugando así, acabarían llevando el balón hasta la raya de gol, aburriendo a las ovejas. Anoche el Bayern tocó y tocó, pero no paró de colgar balones al área de Casillas sin ton ni son. Ni combinaciones, ni triangulaciones: pelotas a la olla al más puro estilo teutón.

El Bernabéu recuperó el respeto perdido en la Champions y Cristiano Ronaldo acabó más cabreado que una mona. “Hay personas que no querían que jugase”, dardo directo a los servicios médicos del Madrid. La estrella portuguesa confesó no haber forzado pero se le vio renqueante, sin el motor a dos mil revoluciones. Tampoco hizo falta su mejor versión porque el Madrid volvió a jugar como equipo. Habrá quienes le acusen de amarreta, pero Ancelotti jugó su partida de ajedrez del único modo que podía, medio italiano y medio merengue.Si hubiera salido a tutear al Bayern, quizá se habría llevado un par de bofetones. Los madridistas defendieron a saco y cerraron espacios como le habría gustado ver a Mourinho el año pasado. Y luego ese contraataque mortal que anestesia al rival de turno, sea el todopoderoso Bayern o uno cualquiera de nuestra Liga. Es la esencia del Madrid, la que le distingue del fútbol de salón del Barça, no el actual, y de los bávaros.

El autobús del Calderón. A esta hora de jueves los empleados del Atlético todavía esperan que el Chelsea lo retire del césped. Cuando creíamos haber sufrido el colmo del catenaccio en aquel Barça-Chelsea con Eto’o de lateral sacando pelotas, va Mourinho y se inventa un cerrojazo que ni siquiera tiene el Pentágono. Las pizarras de los dos entrenadores invitaban a  los futbolistas a picar piedra, sólo que Simeone intentó taladrar y a Mou le bastó jugar al frontón. Se había quejado el portugués del fútbol “de siglo XIX” del West Ham; los dirigentes de este modesto club debaten ahora si catalogar el estilo Chelsea en la edad paleolítica o, más moderno, del Neolítico. ¿Qué pensará el hijo pródigo Fernando Torres? Regresó para lucirse ante su afición de siempre y, en vez de pases al hueco, sus compañeros le lanzaron melones. Perdido ahí arriba, el ‘Niño’ pensará que los millones no lo son todo: en Anfield tenía un socio, Steve Gerrard, que nunca volverá a encontrar.

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