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El afán de Florentino Pérez por hacerse con los servicios del jugador galés del Tottenham le impide comprobar las carencias que el equipo padece a la hora de hacer gol

OPINIÓN

De la infinidad de conclusiones que se pueden extraer tras el partido del Real Madrid de este pasado domingo frente al Betis me quedaré con que a este equipo no le alcanza con Karim Benzema como indiscutible delantero de referencia. Me alejo en esta ocasión del debate en la portería, de si Carvajal mejora o no a Arbeloa en el lateral derecho o de si el doble pivote que formaron Modric y Khedira resulta solvente, que lo dudo.

Al contrario de lo que pudiera aventurarse tras la salida de Gonzalo Higuaín de Chamartín, Benzema ha evitado dar un paso al frente, al menos de momento. El francés es la desidia personificada. Cada una de las veces que Karim cayó el domingo en fuera de juego, el Bernabéu chirriaba. Se empeñó el '9' del Madrid en homenajear a su manera al 'Pipita' y erró las primeras cuatro ocasiones de las que dispuso para adelantar a los blancos. La sombra de Higuaín acechaba desde Nápoles a Karim, distraido, como si la cosa fuera con él.

En esas el Betis marcó tras el 'eslalon' y posterior asistencia de Cedrick, el de la cláusula de 1'20€. Y en esas les dio a los aficionados por comparar el precio del menudito y veloz jugador verdiblanco con el que el Madrid piensa pagar por Gareth Bale.

Vive cegado Florentino Pérez con el fichaje del galés. Mientras el Bernabéu sueña con la llegada del excepcional jugador del Tottenham, en rebeldía desde hace unos días, el presidente, siempre dispuesto a satisfacer a la muchedumbre, ya cuenta los días para la multitudinaria presentación que ofrecerá a su público. Tan ilusionada está la parroquia blanca que evita pensar en el escandaloso derroche que supondrá la contratación de Bale, que a priori deberá ocupar la posición de los superlativos Isco u Özil, obviando la condición intocable de Cristiano Ronaldo

Asumo que la llegada de Bale a Concha Espina desplazará a Ronaldo a la posición de delantero centro, siempre y cuando Carlo Ancelotti mantenga la línea de tres mediapuntas. Karim Benzema perderá la titularidad que ayer desperdició -a pesar de marcar se retiró del campo entre silbidos- y Álvaro Morata volverá a interpretar ese rol residual de la pasada campaña, que le permitió convertirse en héroe en el Ciutat de Valencia y desquitarse jugando los minutos de la basura cuando la Liga ya estaba perdida.

Bale no es la competencia directa que necesitan Benzema o Morata. Cristiano Ronaldo tampoco lo sería. La obsesión de Florentino por coronarse como el presidente que compró al jugador más caro de la historia -no entro a valorar si justificada o no- puede convertirse en un problema estructural para la plantilla. La solución del Madrid no pasa por Gareth Bale. No ahora.


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