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El italiano debuta en la sala de prensa en la previa de Liga derrochando buen rollo. Fórmula que hacía mucho tiempo que se perdió en la Casa Blanca, y que es más que bienvenida

La Liga alza el telón. Los focos abandonan momentáneamente el mercado de fichajes para enfocar al rectángulo de juego, el hogar del fútbol. Es el momento de debuts, de las sensaciones nuevas, de los nervios a flor de piel. “Estoy emocionado por debutar en el banquillo local del Santiago Bernabéu. Será un momento especial en mi carrera”, decía este mismo sábado hasta Carlo Ancelotti, un hombre que viene de vuelta en este deporte.

Aunque antes de verse sentado en la banca más cercana a la portería sur del coliseo merengue, el italiano ya vivió su particular debut en la sala de prensa de Valdebebas en la previa de un partido de Liga un día antes. Y si, como otros dicen, los partidos empiezan en la rueda de prensa previa, el técnico merengue ya puede sentirse con un tanto a su favor. Quizás no ante el Betis, pero sí ante el madridismo y el aficionado al fútbol.

Y es que, sentado frente a los micrófonos de la sala de prensa de la Ciudad Real Madrid, Ancelotti desprendió naturalidad, amabilidad, sinceridad, transparencia, seguridad, sabiduría… En muchos aspectos, todo lo contrario a lo que venía viviendo el club blanco anteriormente desde esa misma posición, en un necesario lavado público de cara después de que la entidad se viera sacudida por innumerables polémicas recientemente. Y lo cierto es que, con los dos modus operandi sobre la balanza, la transición está siendo no sólo sedosa y efectiva, sino bienvenida.

Pues para ganar títulos en el fútbol no es necesaria una actitud beligerante e irrespetuosa. Ni públicamente, ni en la privacidad de la caseta en la gestión de un vestuario. Ha quedado sobradamente demostrado en el propio Real Madrid. Evidentemente, una actitud marcadamente correcta y positivista tampoco asegura las victorias. Pero por lo menos, en el camino, la imagen propia, la del club, la de los de alrededor, la del propio fútbol no queda enfangada. La paz se ha instalado de nuevo en Valdebebas, Ancelotti mediante. Como siempre debió ser.




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