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El jugador malagueño fue presentado este miércoles como nuevo jugador del Real Madrid. Un evento que dejó numerosas anécdotas y revelaciones de cara a su nueva aventura en Madrid

Isco Alarcón fue por fin presentado en el Real Madrid. Su fichaje ha despertado una ilusión inusitada en el club blanco, entre aficionados y compañeros, pero también en especialistas externos. Y su presentación este miércoles fue el reflejo perfecto de toda esta expectación. Pues el malagueño, que vivió su puesta de largo desde el mismo Palco de Honor del Santiago Bernabéu -algo inusual en los últimos tiempos-, estuvo arropado por toda la Junta Directiva del club blanco y una nutrida representación de peñistas, pero sobre todo, bajo las miradas de más de siete mil aficionados que se acercaron al coliseo blanco para ver con sus propios ojos in situ a Isco por primera vez de blanco en el césped de Concha Espina. Y luciendo el dorsal ‘23’, por cierto.

El número ‘22’ que portaba en el Málaga, y que ha sido retirado de la circulación, es propiedad de Ángel Di María en el Real Madrid, con lo que desde el club se le ha ‘asignado’ el dorsal ‘23’. El día del cumpleaños de su hermano, y un número con cierto misticismo también en la Casa Blanca. Pues lo han portado jugadores de mucha clase y talento, justo las cualidades que destacó Florentino Pérez del mediapunta malagueño. Y ahí están los Mesut Ozil, Wesley Sneijder, o Rafael Van der Vaart. Pero sobre todo, el pionero fue David Beckham, presentado justo diez años atrás. El inglés, además de talentoso, fue el jugador mediático por excelencia en el Real Madrid ‘Galáctico’. Y ahora le sucede Isco, un futbolista quizás menos mediático para el gran público (de momento), pero no así para los aficionados merengues, que desde el minuto uno le han brindado todo su apoyo y cariño. Hay muchas esperanzas puestas en este fichaje. Isco mola.

Y mola mucho más después de su presentación, creo. Pues quedaba todavía cierto poso de zozobra después de que salieran de nuevo a la luz aquellas declaraciones del jugador diciendo que era “más del Barcelona que del Real Madrid”, porque era “un poquito anti-madridista”. Declaraciones que, puestas en contexto, no resultan tan descabelladas cuando se trataba de un chico buscándose su hueco en el primer equipo y en el corazón valencianista, cuna española del anti-madridismo donde las haya. Pero sea como fuere, Isco no lo ha negado, no se ha escondido. Al contrario, se ha expresado con naturalidad y sinceridad: “Soy del Málaga de todo corazón. Lo voy a dar todo por esta camiseta, para que nadie pueda dudar de mí”. Sólo en caso contrario se habría ganado el rechazo del madridismo. Hasta el momento, se merece toda la confianza posible. ¿O acaso Ronaldo, Kaká, Benzema o Xabi Alonso eran madridistas de toda la vida? De esos hay pocos en la actual plantilla, y todavía para una parte de la afición, no cuenta demasiado, con lo que sería injusto discriminar ahora al recién llegado sólo por eso.

De igual manera, Isco explicó con total normalidad que el hecho de llamar a su perro Messi es una simple anécdota. Y que no podría llamarlo ahora Ronaldo “porque no le haría caso”, ironizó. Me costaría creer que a Cristiano le importe eso lo más mínimo mientras el malagueño lo diera todo en el campo. Grave desequilibrio el que tendría en caso contrario.

Asimismo, poco influirá en su rendimiento que Isco se bese el escudo del Real Madrid en su presentación, o no lo haga. El público se lo pidió repetidas veces, por aquello del anti-madridismo que hablábamos. Él dijo que ese cariño y esa oportunidad se lo quería ganar en el campo. Como hiciera Samuel Etoo también en el Inter de Milán, un futbolista franco como pocos, y cargado de verdades. Una opción más que respetable. “Los que se besan el escudo no dudarán en cambiar de club si al día siguiente les ofrecen unos millones más”, explicó el camerunés. E Isco es suficientemente bueno como para no quebrar lo especial que es esta contratación para el Real Madrid por unos detalles nimios a más no poder.

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