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Kaká recupera la sonrisa en el Real Madrid

Tras tiempos revueltos y de agitación, el brasileño se siente más valorado y con más confianza para el último tramo de la temporada

Decía el dramaturgo francés Albert Guinon (1863-1923) que "el verdadero secreto de la felicidad consiste en exigir mucho de sí mismo y muy poco de los otros". Y recuerdo aquella frase habida cuenta del inconformismo y el coraje que siempre ha tenido Ricardo Kaká por triunfar en el Real Madrid. Con más o menos entusiasmo, con más o menos entrega, con más o menos facilidad. Desde su llegada en verano de 2009, el brasileño ha vivido en un laberinto de emociones y de sensaciones. Algo así como aquel timorato que sube en una montaña rusa con una radiante sonrisa, sufre las condiciones del viaje y baja con una sensación extraña tras la aventura.

Con el cartel de trasferible, el futbolista ha deambulado continuamente entre la confianza y la oposición. Primero, de José Mourinho. Después, de la afición. Tal ha sido su desmotivación que allá por enero reconoció que no quería "ser un problema". Era el claro indicio de aquel que pierde la ilusión, de aquel que siente cómo el crédito se le va agotando cada vez que mira las agujas del reloj.

De él ya se ha dicho casi todo: desde lo más positivo hasta lo más negativo. Lo suyo han sido destellos, pero lejos de su prestigio, valor y salario. Nadie critica su calidad, pero sí se ha dudado de ella. Ahora que está cerca de cumplir los 31 años, Kaká no es el que fue en el Milan. Pero como en las historias de amor, cuando no recibes lo que otorgas pierdes la fe. Es lo que le ha sucedido al Real Madrid ante un jugador cuya moral ha ido decreciendo a pasos agigantados. Y sin fortaleza mental es muy complicado asumir el rol que esperan de ti. 
 
Pero en las últimas semanas, se ha producido su catarsis. Un especie de soplo de optimismo más allá de la dilapidación continuada. Una llamada a la esperanza tal vez. Todo cambió en Old Trafford en la vuelta de los octavos de final de la UEFA Champions League. Quizás no se vio su mejor versión, pero sí el empeño y el afán de un futbolista que dio pausa a los blancos cuando los chispazos del Manchester United podían haber borraro de un plumazo el sueño de la 'Décima'. Por accidente o por mera convicción, Mourinho apostó por él en un momento crucial. Casi por un momento, Kaká despertó de su particular pesadilla para eregirse en un jugador importante, valioso para la entidad y para los compañeros.

Este sábado, en la victoria blanca ante el Mallorca (5-2), el Santiago Bernabéu volvió a juzgar al carioca en el minuto 62 cuando fue sustituido por Xabi Alonso. Y claro, como todo en la vida hay gente que te apoya y otra que se opone a lo que haces y cómo lo llevas a cabo. Una gran parte de la grada lo ovacionó, la otra creó una especie de sonido de viento que no llama la atención a estas alturas. Lo que es cierto es que Kaká ha encontrado la motivación después de que hasta el último día del mercado invernal se le buscara acomodo fuera del Real Madrid. Pero su alto sueldo y su despretigiado cartel de 'figura' no invitaba a apostar por él.   

Lejos de ser el que fue, ha recuperado la sonrisa. Y sí, como explicaba el poeta trágico griego Sófocles (496-406 a.C.) "la alegría más grande es la inesperada". Nunca llueve a gusto de todos, pero el brasielño ha dado un golpe sobre la mesa. Lo que le dure no lo sé, al menos ha reaccionado. Lo necesitaba él y el madridismo.

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