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Una semana después del reconocimiento de la compra de partidos en España por parte de Javier Tebas, vicepresidente de la LFP, el día a día del fútbol español permanece impasible

La madrugada del 15 de enero, con nocturnidad y quizá hasta alevosía, Javier Tebas, personaje de más que cuestionable reputación, apuntaba y disparaba desde los micrófonos del programa Al Primer Toque, de Onda Cero y Radio Marca, unas balas que deberían haberse entendido cuasi letales para la salud del fútbol español. Nada más lejos de la realidad: transcurrida una semana desde tamañas declaraciones, no solo es que no exista preocupación por el bienestar de nuestro fútbol, ni por enunciar diagnóstico alguno siquiera, sino que a duras penas se habla de enfermedad. Aquí no pasa nada; o eso quieren creer algunos…

"En España se han amañado partidos", afirmó empapado en descaro y rezumando cinismo Javier Tebas. Conviene recordar que las prácticas relacionadas con la compra y amaños de partidos están tipificadas en el Código Penal desde la entrada en vigor en 2010 de la Ley Orgánica 5/2010 de 22 de junio, que incorpora el Artículo 286 bis a dicho Código. Las penas pueden ir desde multas económicas, a inhabilitaciones e incluso cárcel (de seis meses hasta cuatro años).

No era, por cierto, la primera vez que Tebas se pronunciaba al respecto. Sin embargo, ni sirviéndose del poder y ventajas que le otorgan su posición institucional, ha sido capaz de dar un golpe encima de la mesa y acabar con esta pantomima. Como ya viene siendo costumbre, en España no se estila eso de mirar hacia el ombligo propio, rebosante de suciedad y pelotillas. No se contempla, directamente. En España se prefiere señalar bajo cotas incalculables de indignación a un farsante que pasó por ser el mejor ciclista y uno de los mejores deportistas de la Historia, o al fútbol italiano y su Moggigate, por ejemplo. Sobre ambos casos se centraron y centran los focos a todas horas. Por el contrario, la ‘denuncia’ de Tebas ha pasado prácticamente de puntillas por nuestra actualidad. Poco ruido, ergo pocas nueces. Parece que no interesa que la luz ilumine a este asunto, no sea que se vea el polvo que acumula nuestro fútbol.

Párense a pensarlo concienzudamente si así lo consideran menester: el vicepresidente de la LFP, cargo muy representativo del fútbol español, reconoce la existencia de tramposos que amañan partidos. Sí, el vicepresidente. La fama, en este caso, precede al deporte rey: el río lleva bajando con agua turbia desde tiempos inmemoriales gracias a todo tipo de rumores y confesiones a medias, como la de Tebas. Mas parece que ni con el anuncio de éste se clarifica la situación ni se toman medidas. Indignante. ¿Imaginan que un alto cargo del Gobierno reconociera la existencia de políticos de su Partido que roban y...? Bueno, igual no es éste el mejor símil.

El aficionado puede aceptar los inverosímiles y cambiantes horarios, así como los sangrantes precios de las entradas a los estadios, que adquirieron hace ya tiempo la categoría de artículo de lujo; puede incluso aceptar unas Navidades sin fútbol, o mil batiburrillos cada temporada a la hora de fijar la fecha de la final de Copa del Rey. El aficionado puede aceptar, en definitiva, “pulpo” como animal de compañía. Pero, cuando dicho aficionado acuda al estadio o se siente en el sillón de casa para ver un partido, hay que exigir que éste sea tal, que sea de verdad, sin trampa ni cartón, y que pueda centrarse en disfrutar del deporte sin verse obligado a sospechar, como Jim Carrey en el Show de Truman, sobre si todo lo que tiene ante sí posee un final fijado de antemano o sigue un guión. Debería exigirse, insisto, aunque solo fuera por mantener un mínimo de respeto y decencia en este negocio, de sentimientos caducos, en el que han convertido el fútbol.

El fútbol español no es únicamente tener once jugadores en el once ideal el día de la gala del Balón de Oro. Ni tener a la mejor Selección de la Historia. Es mucho más. No se ha de aceptar que sea guapa y bese bien, si cuando ya ha salido de la cama nos enteramos de que sus orgasmos fueron fingidos.

Así están las cosas. Pasen y vean; pasen, vean y escandalícense con la última gran vergüenza protagonizada por los deportistas y consentida por los dirigentes de este circo llamado Liga BBVA.

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