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Con la Liga BBVA decantada a favor del Barça, considerando la Copa como una minucia y con el caos reinando en el Real Madrid, todas las esperanzas se posan en la Champions

En lo deportivo, aspecto del cual se habla cada vez menos, dicho sea de paso, el Real Madrid se encuentra a trece puntos del FC Barcelona, primer clasificado, y a cuatro del Atlético de Madrid, segundo en la tabla. Casi nada al aparato, que diría aquel. El equipo de José Mourinho no está siendo para nada fiable en un torneo en el que lo que prima es la regularidad. Y tan solo se han disputado 16 jornadas de las 38 que tienen cabida en el calendario liguero. En éstas, los blancos han perdido ya un punto más que en toda la campaña pasada.

En Copa del Rey, "fiabilidad" tampoco es un término que se pueda aplicar a los merengues: victoria contundente y sin alardes en la ida contra el Alcoyano, partido de vuelta discreto en el que los de 2ª B llegaron a dominar por momentos, y derrota por 2-1 ante el Celta en la ida de los octavos de final en Vigo. Y gracias, pues de no ser por el postrero gol de Cristiano Ronaldo (85’) la remontada en el Santiago Bernabéu se antojaría harto complicada.

En cualquier caso, y pasando ya al ámbito institucional, pensar en la posibilidad de alzar la Copa del Rey no parece que sea la paga extra que necesita el Real Madrid estas navidades para llegar a final de mes. Ni siquiera alcanzaría la categoría de ‘Aguinaldo de la abuela’. El club es un polvorín por dentro y por fuera: los jugadores contra el entrenador, el entrenador contra los jugadores, el presidente perdiendo su fe en el entrenador, el entrenador contra la directiva, el entrenador contra la prensa, el entrenador contra la cantera, el entrenador contra sí mismo, el entrenador contra el mundo… Y, en medio de todo este ‘tinglado’, la afición, aburrida de la guerra de guerrillas instaurada en el equipo y perdiendo alarmantemente y quizás de forma prematura la esperanza en la plantilla.

Y es en este punto, justo en este punto, donde hace acto de aparición la Copa de Europa. Lo hace con aires de grandeza, sabiéndose la tierra prometida al madridismo, el agua en el desierto, el ‘caldito’ en una fría tarde de invierno. Así es proclamado sin medias tintas desde cada recoveco del Bernabéu o Valdebebas.

La pregunta es: ¿merece la pena aguantar todo lo vivido hasta el día de hoy, más todo lo que está por llegar hasta el hipotético y anhelado alzamiento del máximo torneo continental? ¿Merece la pena presenciar el paupérrimo juego que está ofreciendo el equipo en la gran mayoría de los partidos? ¿Merece la pena aguantar los dantescos espectáculos de José Mourinho, quien se erigió hace tiempo como el actor principal de este circo en el que ha convertido al club blanco? ¿Merece la pena dilapidar el respeto y la admiración ganada históricamente en base a unos valores que tienen sus cimientos en la época de Santiago Bernabéu? ¿Merece la pena acorralar chabacanamente a un periodista en solitario tras una rueda de prensa en un cuarto porque sus informaciones, salidas del propio vestuario, señalan a un componente del cuerpo técnico?

La respuesta parece ser que sí. Al menos la respuesta del máximo mandatario blanco, Florentino Pérez. Aun habiendo motivos a raudales, tanto deportivos como institucionales, para cesar a Mourinho y cambiar drásticamente el guión, la sentencia no parece estar cercana. Todo sea por besar la ‘orejuda’ en Wembley a final del curso futbolístico. ‘La Décima’, a cualquier precio. Después, ya se verá…

Termino lanzando una significativa pregunta al aire: ¿qué estarán pensando de esta inverosímil situación los Raúl, Hierro o Camacho,  entre otros?

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