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Derbi madrileño decisivo para un Madrid que puede decir adiós definitivamente a la Liga BBVA y para un Atleti que buscará pasar una asignatura que no aprueba desde la 1999/2000

Semana de derbi en la capital y, por ende, semana de piques, debates y muchas polémicas. Muchos son los ejemplos y hechos que muestran el grado de rivalidad que se respira a medida que se acerca un duelo entre Real Madrid y Atlético de Madrid. Son daños colaterales, situaciones intrínsecas a este tipo de partidos. Porque en esta semana todo vale siempre y cuando se incordie al vecino.

El derbi se juega, en primer lugar, desde las aficiones: la música muy alta a las horas menos apropiadas, la puerta del portal que no se sujeta cuando se ve venir al 'rival', las bromas pesadas en la cola del supermercado... Factores y circunstancias, miles y muy peculiares, que componen un perfecto batiburrillo que conduce ineludiblemente a una atmósfera futbolística que engrandece al deporte rey.

Lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado y domingo: siete días con sus 168 horas de goce y disfrute para los seguidores de ambos conjuntos. Poco o nada importarán los partidos de vuelta de la maltratada Copa del Rey que acontecen entre medias. A las doce de la noche del sábado unos reirán, otros llorarán y ambos pensarán en los argumentos para defender sus colores al día siguiente.

En lo más estrictamente futbolístico, el Real Madrid llega en uno de los momentos más delicados que se recuerdan en los últimos años, con su línea de flotación tocada (y casi hundida) tras un nuevo revés liguero y con el capitán de la nave perdiendo adeptos dentro y fuera de su tripulación a un ritmo tan vertiginoso como dañino para el club.

En circunstancias normales cabría el atrevimiento de asegurar que el líder del equipo vikingo ya estaría quemando sus últimas vidas en la entidad blanca, pues nunca antes un entrenador del Real Madrid se ha mantenido hasta final de temporada cuando en la jornada 13 la distancia con el liderato se situaba en al menos ocho puntos (once actualmente). Pero José Mourinho siempre es un caso aparte. En esto también. Su currículo y su espíritu ganador le avalan. No queda otra, así pues, que empezar a achicar agua para evitar que se confirme un naufragio que acecha detrás de cualquier mínimo traspiés.

Adquiere carácter de urgencia la realización durante esta semana de un máster en temple y mesura, ya que, como demostró ante Sevilla y Betis, por ejemplo, estando por debajo en el luminoso el Real Madrid se muestra más nervioso que un camarero en su primer día de trabajo: incapaz de llevar más de dos cafés en una bandeja y desacertado a la hora de cantar la carta. Ni los jugadores desde dentro ni Mourinho desde fuera parecen atesorar la lucidez suficiente para recordar las especialidades de la casa. Nada de calma, nada de fuego lento. La apertura del campo deja de ser una opción y toda la reacción se basa en esperar al toque de corneta y echar a correr. Claro que la heroica ha de servirse como plato especial, no como el pan nuestro de cada partido. De ahí el resultado, tanto en la presentación como en la receta final, mucho más cerca del plato precocinado que de la estrella Michelin.

En cuanto al Atlético de Madrid, en contraposición con su eterno rival, el campamento está más unido y cohesionado que nunca en torno a la figura del jefe de la tribu, el 'Cholo' Simeone. Los indios velan armas sigilosamente con la mente puesta en la contienda y sin hacer mucho ruido. Llevan los deberes al día y han estudiado lo suficientemente (no en vano llega al Bernabeú segundo y ocho puntos sobre su rival), pero son conscientes de que la del sábado es una asignatura en la que están a punto de agotar convocatorias. El profesor, un Real Madrid intratable en los últimos derbis, parece tenerles manía y el aprobado por compensatoria empieza a asoma en el horizonte.    

Quizás estemos, al fin, ante un derbi de altos vuelos, de esos que nadie atreve a pronosticar signo quinielístico, de decir “adiós” o “hola de nuevo” a la Liga BBVA. Todos los choques descafeinados de estos últimos años parecen tener su premio en el derbi de este sábado, donde el extra de cafeína y la sobreexcitación que ésta produce estarán más que aseguradas. Hete aquí que un cafetero colombiano, Radamel Falcao, y un prodigio físico, Cristiano Ronaldo, ajustarán cuentas en la cima del fútbol mundial con los votantes para el Balón de Oro vigilando muy de cerca. El que se mueva, no saldrá en la foto. Avisados quedan.

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