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Victor Valdés suma errores en Riazor a una serie que empezó en el último Clásico de 2011

El portero del Barcelona se mostró endeble y lento ante los disparos de Bergantiños y Pizzi, y alarga una racha que empezó hace casi un año con un gol regalado a Benzemá

Victor Valdés volvió a tener una actuación dubitativa en la victoria del Barcelona ante el Deportivo de la Coruña. Hasta en dos ocasiones, ante disparos de Bergantiños y Pizzi, el portero se mostró poco contundente y lento. En el segundo gol del Deportivo tuvo las manos blandas, mientras que en el libre directo del portugués, el portero del Barcelona dio un paso en falso que no pudo corregir tras una demorada reacción. No está Valdés en su mejor momento, algo que especialmente se ha recrudecido en los enfrentamientos entre el Barcelona y el Real Madrid.

Dos acciones de la ida de la Supercopa de España, disputada el pasado agosto en el Camp Nou, plasmaron una dicotomía que en los últimos meses desequilibra el clásico. Dos lances fugaces en sendas áreas definieron a la perfección el por qué del status de Iker Casillas, el mejor portero del mundo, y Victor Valdés, un guardameta superlativo.

Con el Barcelona desatado, y el Madrid desconcertado, Leo Messi dispuso en sus botas de una ocasión que hubiera echado el candado al primer título del año y seguramente hubiera empedrado el terreno para lo que hubiera terminado siendo un guarismo sonrojante. Sólo ante la portería, Casillas, felino como siempre, prevaleció para evitar el cuarto gol del Barcelona. En la siguiente jugada, un enredo monumental de Valdés con el balón, en el que intentó regatear a Di María, terminó con el tanto que eventualmente entregó al equipo de Mourinho el trofeo.

Tuvo momentos mejores Valdés frente al Real Madrid. En los primeros partidos de esta renovada rivalidad que se ha vivido en la era Guardiola, el portero internacional fue uno de los diques que impidieron al conjunto blanco tomar antes el Camp Nou. El mano a mano que sacó a Drenthe en 2008 o la sucesión de ocasiones que desbarató de Cristiano Ronaldo elevaron a Valdés a la altura de tótem.

En los últimos cuatro clásicos que ha disputado antes del del pasado 7 de octubre, en el que no se le debe achacar nada en el primer gol de Ronaldo, el portero azulgrana ha tenido errores de calado y de dispares consecuencias. El catálogo de borrones ha sido variado, y se ha alineado en torno a los fallos con los pies y en acciones meramente de arco. El dislate ante Di María tuvo un preludio en el partido que enfrentó a los dos equipos en el Santiago Bernabéu en diciembre del año pasado. Exento de presión, Valdés, incomprensiblemente, entregó un balón al interior argentino que desembocó en el gol de Benzemá, el más rápido de la historia de los clásicos.

Tampoco tuvo el portero su mejor día en la tarde de abril que definió la liga pasada. Sin llegar a ser errores groseros, queda la sensación palpable de que Valdés facilitó el camino para las dos redes que terminaron de conceder el campeonato al Real Madrid. El gol de Khedira nace de una salida en falso por alto del portero, que si bien reaccionó ávidamente después, no fue suficiente. En el gol de Cristiano, y también en los momentos de mayor sofoco para los blancos, el portero se quedó en una yerma tierra de nadie que ofreció a un jugador de la potencia de Ronaldo una solución sencilla basada en el despliegue.

Fuera de dudas su contribución trascendental a la mejor época del club, Valdés, quizás a consecuencia de sus errores ante el eterno rival, padece una situación que está teniendo una sombra alargada sobre el portero. La que le proyecta una cadena de errores capaz de atormentar a cualquiera, incluso a un tipo de una mentalidad granítica como el.

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