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El cuadro blanco sólo ha sumado 4 puntos en Liga dejando una sensación de cierta indolencia, como reclama José Mourinho, pero también de inoperancia sobre el césped. Aquí algunas

El Real Madrid perdió este sábado en el Sánchez Pizjuán ante el Sevilla confirmando así un inicio liguero desastroso. No en vano, es el peor arranque en Liga del club blanco en los últimos años, y el peor arranque liguero de José Mourinho en toda su carrera, lo que habla bien a las claras de la magnitud del colapso colectivo. El técnico de Setúbal lo achaca a una generalizada falta de actitud y compromiso de sus jugadores, pero no es menos cierto que este Real Madrid, y especialmente ante un Sevilla muy bien plantado, exhibió algunas carencias tácticas. Algunas que se reproducen ya de años anteriores, y otras circunstancialmente acusadas en este nuevo curso.


1. Las jugadas a balón parado


La defensa de las jugadas a balón parado han pasado de ser un punto negro para este Madrid a ser una humillación constante que un equipo de este calibre no se puede permitir. Un equipo que supuestamente está construido para optar a todas las competiciones que dispute es herido casi cada vez que le encaran a balón parado. José Mourinho dice que las ensaya, que hay mensajes y esquemas colgados en el vestuario, pero aún así no son bien defendidas. Trochowsky marcó a la salida de un córner el pasado sábado, pero el Sevilla pudo hacer algún gol más incluso.


2. La presión sobre Xabi Alonso


El Real Madrid tiene un problema latente de creación de fútbol. Cuenta con Xabi Alonso en la medular para ello, pero sólo con el tolosarra, con lo que los rivales tienen cada vez más claro que tapando al ‘14’ madridista se disuelve buena parte del caudal ofensivo del Real Madrid. Pues ni Sami Khedira, ni otrora Lass Diarra, ni ahora Michael Essien son jugadores del mismo corte que Xabi Alonso. Míchel lo sabía, y el marcaje individual de Trochowsky sobre Xabi Alonso inhabilitó al tolosarra durante todo el partido. El equipo blanco supuestamente tenía a Nuri Sahin, hoy cedido en el Liverpool, y ha fichado a Luka Modric para ese puesto, pero José Mourinho se resiste a deshacer su doble pivote en el centro del campo.


3. La proyección atacante de Arbeloa


Consecuencia de la presión individual de los rivales sobre Xabi Alonso es la sobreexposición de la carencia de proyección atacante de Alvaro Arbeloa. El lateral derecho es férreo y aplicado en defensa, pero no se desempeña bien en ataque. Los equipos rivales están cada vez más concienciados de ello, y no les preocupa que sea Arbeloa el que suba el balón hasta el campo contrario. Seguramente con un lateral más técnico, eso no sucedería, pero el Real Madrid descartó también fichar a otro lateral este verano.


4. El ataque en estático


El Real Madrid tiene uno de los mejores contraataques del mundo. Por no decir el mejor. En el librillo de José Mourinho está apuntado con letras bien grandes la fórmula presión exhaustiva seguido de contraataque rápido. Y le sale a la perfección. El problema viene cuando el equipo rival se encierra bien en su propio campo, pues al Real Madrid se le apagan las luces. Acostumbrados a buscar los huecos por inercia, en ataques en estático les cuesta encontrarlos. Pese a ser dos extremos con desborde y velocidad, tanto Cristiano Ronaldo como Di María suelen tirar hacia posiciones interiores, en lugar de abrir más el campo. Khedira, sin huecos y sin rivales a los que cubrir, aporta poco. Y Mesut Ozil, jugador que vive de recibir entre líneas y asistir a los huecos, queda asfixiado.


5. La falta de gol


Irónicamente, al equipo que batió la temporada pasada el récord de goles en Liga le falta gol en la presente temporada. De hecho, el curso anterior había marcado el doble de goles a estas mismas alturas: diez frente a cinco. Karim Benzema atraviesa por una sequía que dura ya desde el último partido de la temporada pasada. Ángel Di María cuajó una buena pretemporada, pero se le han apagado las luces con el inicio de los partidos oficiales, completando un partido nefasto en Sevilla. Y Cristiano Ronaldo no es ni mucho menos el mismo Ronaldo del año pasado: errático, nublado cara al gol, y hasta un poco indolente, el equipo le echa de menos.

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