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Obsesionado con perdurar en la historia, la rivalidad con Messi en el mismo campeonato y la exposición planetaria de los clásicos forman un ecosistema inigualable por ningún club

Independientemente de las causas reales que condujeron a Cristiano Ronaldo a sus ya famosas declaraciones, la realidad es que se introdujo en un laberinto sin salida. Resuelto a perdurar en la historia del fútbol, enfrascado en un pulso inabarcable con Leo Messi y obsesionado como ninguno con acaparar todos los galardones imaginables, el ecosistema del que Ronaldo dispone en el Real Madrid es incomparable para acometer todos sus objetivos. El portugués está abocado a entenderse con el club, pues tiene más que perder que la institución. La vida del futbolista es caduca.

Los anhelos mitológicos de Cristiano Ronaldo necesitan imperiosamente del Real Madrid. A los 27 años, opciones más suculentas económicamente como el PSG o Rusia son imposibles de imaginar para un futbolista con tanto “respeto por sí mismo” y con tanta querencia por los focos y por los grandes partidos. No existe uno más grande que el que enfrenta al Barcelona y el Madrid, un duelo que, además de dirimir preponderancias en el campeonato nacional, escruta a sus dos actores principales, Ronaldo y Messi, a ojos de todo el mundo.

Quedó patente en la gala de la UEFA en la que fue coronado Iniesta como mejor de Europa, la trascendencia del pulso entre Barcelona y Madrid en el contexto internacional. Pese a que ninguno accedió a la final de la Champions League, los tres jugadores nominados al galardón de mejor jugador del continente pertenecían a los dos transatlánticos españoles. En las pasadas dos temporadas, sólo actores de estos conjuntos se han colado en el podio de los grandes premios.

En el último lustro, la ascensión del Barcelona, amparada en la eclosión de Messi, y la irrupción del Real Madrid de Ronaldo para frenar la hegemonía, ha desembocado en una gravitación planetaria en torno a la confrontación entre los dos equipos, y por extensión entre los dos mejores futbolistas del mundo. Cerradas las puertas del máximo rival, si Cristiano tiene una exigua oportunidad de alcanzar el balón de oro de nuevo, es jugando en el Madrid. En 2011, el portugués quedó segundo pese a sólo ganar la Copa del Rey.

Semifinalista en las dos últimas ediciones de la Champions League, ayudar al Madrid a conseguir su décimo entorchado continental podría ser la llave para Cristiano para destronar, aunque sea por rato, a Messi. Resolver la ecuación europea y llevar al cielo al conjunto blanco más de una década después arroparía en volandas a Ronaldo hacia el balón de oro.

Sin púrpura a nivel internacional con la selección de Portugal, el Real Madrid es un socio imposible de obviar para el astro blanco. Romper su vinculación con el club más laureado de la historia supondría una pérdida mayúscula para Ronaldo, que asumiría la rendición sumaria ante Messi. Algo a lo que se niega y le lleva a rechinar cada vez que escucha que el argentino es el mejor del planeta.

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