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El entrenador del Athletic de Bilbao es un tipo genuino, apasionado de su trabajo y con un anecdotario a caballo entre lo bizarro y lo surrealista

Cuentan que, en medio de sus disertaciones interiores sobre aceptar o no el cargo de entrenador del Athletic, Marcelo 'El Loco' Bielsa, experimentó una duda existencial durante la noche, madrugada en España, que le apremió a contactar telefónicamente con el entonces candidato a la presidencia, Josu Urrutia. La conversación se desarrolló de una manera similar a la siguiente.

- Señor Urrutia, sigo dándole vueltas a su ofrecimiento, y me asalta una cuestión. ¿Usted a Aurtenetxe lo ve más como central o lateral?

Sobresaltado en su sueño, el ex-futbolista apenas acertó a contestar una respuesta a una pregunta tan banal dentro de una negociación tan compleja, pero si llegó a entender, en primera instancia, por qué apodaban 'Loco' a un técnico ciclotímico. Un personaje extravagante capaz de generar escenas de un surrealismo digno del cine de Berlanga. Hoy, en Goal.com les ofrecemos algunas de sus anécdotas más reseñables.

Unas obras defectuosas y la autodenuncia


El capítulo más bizarro de Bielsa en sus catorce meses en el Athletic se produjo al inicio de su segunda temporada al frente del equipo vasco. Unas obras de remodelación de Lezama, mal ejecutadas a juicio del rosarino, desembocaron en una crisis institucional que a punto estuvo de forzar la salida del entrenador, que puso en entredicho a la empresa constructora y reconoció que se había propasado con uno de sus empleados. En un sentido homenaje a la literatura kafkiana, Bielsa llegó a autodenunciarse por la acción. Un día después, el Athletic emitió un comunicado desacreditando a Bielsa, al que calificó simplemente como “empleado del club”, y pidiendo disculpas a la constructora. La rectificación del club, tomada por el técnico como una traición, desencadenó una sucesión de acontecimientos y reuniones que a punto cristalizaron en la renuncia del argentino.

¿Me dejan ver al pibe?

Un año antes de tomar la dirección técnica de Newell’s, Jorge Griffa encargó a Bielsa organizar un reclutamiento sin precedentes en la historia del club, extensible a toda Argentina. El entrenador dividió el país en setenta partes, que recorrió en coche incansablemente en busca de talento. En cada zona, nombraba un director encargado de suministrar informes.

Un día, uno de sus informantes le habló sobre un chico de trece años, que superaba los 180 centímetros, que estaba a punto de arreglar con Rosario Central, el rival histórico de Newell’s. Apremiado por la inmediatez, y también en plena noche, Bielsa se presentó en la casa familiar, la de los Pochettino. Sorprendidos por el horario de la visita, los padres del chaval se mostraron dubitativos en un principio, no obstante, finalmente accedieron a reconsiderar la propuesta inicial de Central. Cuando la charla había terminado, Bielsa quería comprobar si era cierto que Mauricio Pochettino, que dormía en ese momento, ya alcanzaba la altura que decía su informante. Dicen que ocurrió así.

- Disculpe señor, ¿Me dejan ver al pibe? Aunque este dormido, sólo corra un poco la manta.

7.000 videos para el Mundial de Corea

'El Loco' fue uno de los pioneros en argentina en la utilización del video. En su primera temporada con las inferiores de Newell’s, Bielsa ordenó que fueran grabados los partidos que jugaba su equipo, los cuales tenían que estar listos a la conclusión del partido, pues en los partidos de visitante, el primer visionado se producía en el viaje de vuelta a Rosario.

Una anécdota menor en este apartado si se compara con los 7.000 videos que el rosarino ordenó llevar al Mundial de Corea y Japón 2002, cuando era seleccionador argentino o con el reproductor que mandó instalar en una furgoneta para ver el entrenamiento que su equipo acababa de terminar camino de casa. Uno de sus ayudantes se encargaba de conducir mientras Bielsa escrutaba la calidad del entrenamiento que había acaecido hace apenas minutos.

“Si me aseguran ganar, me dejo cortar este dedo”

Pocos entrenadores hay tan apasionados de lo que hacen como Bielsa. Así fue en su corto periodo como jugador, y así se ha regido su vida en los banquillos. Fernando Gamboa, jugador de Newell’s en los noventa, quedó marcado por una conversación que tuvo con el entrenador en las horas previas de un clásico ante Rosario Central en el Torneo Apertura de 1990 que transcurrió así:

"Yo estaba en el pasillo, jugando con un pacman y se me acercó Bielsa. Me miró y me preguntó si tenía ganas de jugar, si estaba ansioso porque llegara el momento. Yo, a todo esto, seguía jugando, hasta que de pronto me dice":

- Pará, mirame, te estoy hablando.

Dejé de jugar y le contesté:

- Tranquilo, profe, ¿qué pasa?

Me vuelve a mirar fijamente y me pregunta:

- ¿Qué daría usted por ganar este clásico?

- Todo, absolutamente todo, soy capaz de trabar con la cabeza.

No le satisfizo la respuesta y me dijo:

- Más, hay que dar más.

- ¿Algo más? ¿Le parece poco?

Fue entonces que me mostró la mano y me dijo:

- Si me aseguran ganar, me dejo cortar este dedo.

Clavando maderas con sus propias manos alrededor del campo

Siempre ha sido Bielsa un entrenador receloso de su trabajo y obsesionado con la confidencialidad. Hasta el punto, durante su estancia como entrenador de la selección de Chile, de llegar a clavar maderas durante la noche alrededor del campo para preservar el entrenamiento de la mirada de los periodistas.

Otros dos episodios sonados con periodistas también se produjeron cuando entrenaba a Chile. Durante un entrenamiento, la presencia de uno de ellos alteró a Bielsa, que se marchó del campo de entrenamiento soltando improperios, para regresar transcurridos unos minutos como si nada hubiera ocurrido. En el Mundial de 2010, llegó a suspender una rueda de prensa porque había un fotógrafo tomando fotos en un lugar no habilitado. Marcelo Bielsa, genio y figura.

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