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El jugador del Celta de Vigo habla sobre sus años en el Chelsea, sobre su traspaso al Alavés, y las decisiones que han marcado su carrera

El catalán Enrique de Lucas ha vuelto a la Primera División con el Celta de Vigo, y admite estar preparado "para todo", tanto como para sufrir como para disfrutar, según explica en su entrevista con el País. Como el jugador más veterano del equipo, trata de "ayudar en fomentar valores como la autoestima", explicando que "la victoria autoalimenta la motivación" contra la derrota, que la funde.

Admite que en el Murcia, con un año y dos meses con Clemente, se desgastó, pero con el Cartagena "me motivé de nuevo". Ahora, en Galicia, su opinión es que "ojalá hubiese venido antes". Tenía relación anteriormente con el Celta como acreedor - "Piterman me endosó en el Alavés un pagaré como parte del traspaso de Nené y el Celta entró en concurso", explica él mismo.

De Inglaterra aprendió el respeto, "pero no solo en el fútbol", sino en todos los ámbitos, con muchas diferencias con España. Del Chelsea pre Abramóvich recuerda "un equipazo", donde vio un tipo de veterano distinto, más abiertos de mente, con compañeros como Gianfranco Zola, de quien guarda buenos recuerdos y quien le "invitaba a su casa a ver los partidos de Champions de los equipos italianos".

Admite que le dolió "muchísimo" dejar el Chelsea, ya que fue una "operación muy rara". Se encontró con la situación de que, " tras clasificarme para la Champions con el Chelsea tengo que ir a Vitoria para jugar en Segunda", debido a un preacuerdo que el Alavés se negó a negociar. El Alavés quería "revenderme", y Enrique de Lucas quería "o el Chelsea o nada", y con la llegada de Abramovich hubo una opción. El Alavés amenazó con meter a la UEFA de por medio, y admite que para el Chelsea "lo más sencillo fue renunciar a mí".

Con sus decisiones su carrera quedó marcada, "se me pasaron trenes como el de la selección", pero él mismo dice que "tampoco he asociado mi felicidad plena al fútbol".

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