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Arranca un campeonato marcado por la lucha entre las dos superpotencias y la crisis económica que afecta sobremanera al resto de sus competidores

ANÁLISIS

Este sábado echa a andar una nueva temporada de la Liga BBVA sin cambios en los órdenes de poder. Real Madrid y Barcelona volverán a dirimir la supremacía nacional y continental. En el campeonato doméstico, la crisis, que ha obligado a los equipos terrenales a aligerar su nómina de estrellas, no hace sino ensanchar la brecha entre los dos transatlánticos y los demás, que salvo contadas excepciones, tendrán el mero objetivo de sobrevivir.

Por desigual y orbital, no deja de ser apasionante la batalla entre las dos superpotencias españolas. Tras reconquistar la Liga después del trienio blaugrana, el Madrid se asoma a los albores de la dinastía que aspira a construir. Enfrente, su rival deberá aprender a vivir sin Pep Guardiola, el arquitecto de la obra suprema de la historia del club. Se antoja una transición mucho más dramática en el plano institucional y referencial que en el deportivo, donde Tito Vilanova se advierte como una continuación natural.

No fue sencillo el camino recorrido por el Madrid para destronar al Barcelona. Tras una primera temporada de desgaste y trincheras, José Mourinho consiguió su meta en su segunda temporada al frente del proyecto más ambicioso de la historia del club. Lo hizo gracias a una obstinación sobrecogedora en su objetivo y a una plantilla espléndida. Un grupo de jugadores superlativos y hambrientos, próximos todos al pináculo de sus carreras, con soluciones para todos los problemas y con el tiempo suficiente de vuelo juntos como para desplegarse como un acordeón.

Fue el Madrid un martillo pilón de una fiabilidad rayana a lo imposible. Cien puntos y 121 goles a favor acreditan numéricamente una temporada histórica. Capaz de descarrilar al mejor Barcelona de siempre. A la espera de la llegada de Luka Modric, el Madrid se presenta con lo conocido en la temporada 2012-13. Su pasividad en el mercado, contrasta con la ebullición interior, donde se ha asegurado una plantilla para el próximo lustro. La renovación de Mourinho, que se convierte en el primer entrenador blanco que inicia su tercera temporada desde Vicente del Bosque, hasta 2016, a la que prosiguieron la de Di María, Arbeloa y Albiol así como la continuidad de Higuaín hacen del Madrid un equipo con recorrido. Llamado a marcar una época. En España y Europa.

Para algunas voces, la victoria del Real Madrid en el Camp Nou representó el cambio de ciclo. La realidad no es tan absoluta, pero seguro que borró el lastre psicológico con el que cargaban los jugadores blancos cada vez que se enfrentaban al Barcelona y quizás precipitó la abdicación de Guardiola. Aprender a vivir sin el técnico de Santpedor será la primera asignatura para el Barcelona y para el barcelonismo, que gravitará tentado de una comparación perpetua.


Tito Vilanova | El nuevo técnico del Barcelona tiene la difícil misión de sustituir a Guardiola

Asumida la promoción de Tito Vilanona como primer entrenador, la masa social del club debe dejar que Tito sea Tito. Bastantes frentes internos y externos tiene que afrontar el entrenador como para soportar el pernicioso escrutinio que supondría el espejo constante con Guardiola.

De puertas hacia dentro, Vilanova tiene dos retos primarios. Gestionar un vestuario y una organización ‘Messi-céntrica’ y mantener con hambre a un grupo que el año pasado dio síntomas de resquebrajamiento puntual. Rescatar al mejor Piqué, decidir la continuidad o no de la defensa de tres que tan vulnerable pareció por momentos y la incógnita sobre la salud, recuperación y finalmente rol de Villa son algunos de los puntos tangenciales del primer proyecto de Tito Vilanova, que siempre contará con la red de alistar al mejor futbolista del planeta.

Institucionalmente, la salida de Guardiola abrió heridas pasadas y devolvió a la palestra al expresidente Joan Laporta, que dejó entrever un posible intento de regreso y aseguró que no se había hecho lo suficiente para retener a Pep. El Barcelona está en un principio de guerra fría que sólo estallará si la cosa empieza torcida. Tendrá que lidiar Tito Vilanova con una situación compleja en un club con facilidad histórica para fagocitarse.

La renuncia de Guardiola, además de la pérdida del mejor entrenador de la historia del club, supone la vacante del referente de la institución. Por encima del presidente, Guardiola fue el barómetro emocional del club. El portavoz y custodio. El transmisor de un mensaje, que salvo contados patinazos, destacó por su pulcritud, identificando al barcelonismo con un personaje de una mística especial, en el que el continente era tan importante como el contenido. No se puede esperar que Tito Vilanova adquiera esta dimensión. Ni quiere, ni puede. Se le exige que continúe la línea moral establecida por Pep. Igualmente deberá definir los parámetros de su relación mediática con Mourinho, más cómodo y habituado al cuerpo a cuerpo y que seguramente le retará en el barro.

Valencia y Atlético, capaces de mantener el bloque

Miras más mundanas tienen, en mayor o menor medida, el resto de los equipos del campeonato. El Valencia también afronta un cambio en la dirección técnica. Unai Emery salió del club después de cuatro temporadas de objetivos cumplidos pero de una fricción creciente con la afición. Mauricio Pellegrino, el relevo, ilusiona a Mestalla.

Sin Jordi Alba, pero con adquisiciones interesantes como el lateral diestro Joao Pereira, Andrés Guardado o Haedo Valdez. También ha contratado a Gago, que podría funcionar, y a Canales, a quien junto a Banega, recuperará durante el curso. A falta de la contratación de un lateral zurdo, la plantilla del Valencia parece de una extensión más que correcta para retener la tercera plaza y darse alguna alegría en la Copa del Rey o la Champions League, sin duda el debe de Emery. Por desgaste, el cambio de técnico se interpreta refrescante y con capacidad de resorte para el tercer mejor equipo de España.

También goza de continuidad el Atlético de Madrid, que se presenta en la temporada con un entrenador, Simeone, reforzado como pocos, y una plantilla que ha podido retener, salvo a Diego, a todas sus estrellas. ‘Cebolla’ Rodríguez, Emre y ‘Cata’ Díaz, así como Raúl García son futbolistas que también deberían conferir al Atlético una profundidad de la que adolecía el año pasado. Suele ser siempre víspera de mucho y días de nada el Atlético, pero el caciquismo del Cholo invita al optimismo.

Málaga y Athletic se descascarillan

Mucho más convulsos han sido los veranos en Málaga y Bilbao, dos de los equipos más ilusionantes del curso pasado que llegan a la rampa de salida del campeonato con un futuro incierto. El cierre del grifo del jeque Al-Thani, que ha provocado la salida de Cazorla, Rondón y Mathijsen, la ausencia de fichajes y la inestabilidad institucional enturbian el porvenir del equipo. Tampoco han sido meses sencillos en Bilbao. El bizarro sainete generado a raiz de las obras en Lezama, que a punto estuvo de hipotecar la continuidad de Marcelo Bielsa, fue el preludio de lo que amenaza con convertirse en un desmantelamiento del equipo. Las casi seguras salidas de Javi Martínez y Fernando Llorente dejarían al equipo descabezado. La dificultad para reemplazar a dos jugadores fuera de catalogo se acrecienta por la particular idiosincrasia del club.

Una suerte que ya han corrido la mayoría de equipos de la Liga, obligados a vender a sus mejores jugadores. El Rayo Vallecano ha perdido a Michu, el Levante a Koné o el Mallorca a Ramis. Tres históricos, Deportivo de la Coruña, Celta y Valladolid regresan a la élite. Todos ellos, a excepción de los más arriba diseccionados y el Sevilla, que se presenta como una incógnita, no arrancan con un objetivo distante de la supervivencia. Es la consecuencia de un campeonato mal organizado y unos clubes, en su mayoría, pésimamente gestionados en el último decenio.

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