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Del Nido asume la realidad del un equipo al que ha condenado en los últimos tiempos estableciendo un nivel de exigencia muy por encima de las posibilidades de la plantilla

El Sevilla ha terminado muriendo de éxito. “Hemos vivido en una nube que no era acorde con nuestra realidad”, asumió José María del Nido, que por fin ha decido regresar a la tierra. Le ha costado al Sevilla reconocerse en el espejo después de saborear las mieles del triunfo, y las consecuencias han sido perniciosas para la institución.

Durante las últimas cuatro temporadas, el club de Nervión ha sido una de las plazas más convulsas del campeonato. Del Nido ha triturado entrenadores y jugadores por igual. Técnicos y futbolistas han sufrido la realidad paralela en la que estaba instalado su presidente. El resultado ha sido la sumisión del club en una inestabilidad perenne.

Hacia la mitad de la década pasada, coincidiendo con el centenario del club, el Sevilla escribió su página más gloriosa. La Copa del Rey, la Supercopa de España y sobre todo, las dos UEFAs consecutivas y el supercampeonato de Europa le aseguran la plaza entre los grandes equipos españoles de los últimos veinte años. El plantel dirigido por Juande Ramos se ganó el respeto de toda la Europa futbolística. Su estilo fresco y descarado fue una de las noticias más celebradas en un juego muchas veces encorsetado.

Uno de los artífices de este éxito fue Monchi, el encargado de confeccionar la plantilla. Hubo un tiempo en el que exportero pareció una suerte de chamán, capaz de fichar bueno, bonito y barato. El ejemplo más ilustrador es Dani Alves, sin duda uno de los resortes futbolísticos del equipo. Su fichaje acarreó al club medio millón de euros. Cinco años después fue vendido por 35 millones al Barcelona. Su sustituto en el Sevilla fue un futbolista como Dabo, un auténtico petardo. Con mayor o menor incidencia, la recesión fue progresiva en todas las parcelas del campo sin excepción.

ENTRENADORES DESPUÉS DE JUANDE
           2007-10            2010             2010-11           2011-12          2012-...

                      
  Manolo Jiménez
    Antonio Álvarez
      Manzano  Marcelino         Michel

El decrecimiento del Sevilla fue el resultado de la humanización de Monchi, quien apenas ha acertado con las contrataciones en los últimos años. Dónde antes actuaron hombres como Keita, Poulsen o Maresca, después lo hicieron bultos sospechosos como Zokora, Romaric o Guarente. La desgracia de Antonio Puerta, la edad de Kanouté, la caída y posterior salida de Luis Fabiano o la pérdida de ascendente de jugadores como Perotti terminaron de sumir al equipo en una mediocridad absoluta. Ningún entrenador consiguió acercarse a la versión del Sevilla de Juande. Ninguno dispuso del potencial de aquel equipo, pero eso es algo que nunca pareció importar a Del Nido.

El descenso del nivel no estuvo aparejado de una rebaja en los objetivos ni en las expectativas. Manolo Jiménez, Antonio Álvarez, Manzano, Marcelino y Michel han desfilado por el banquillo de Nervión desde la intempestiva salida de Juande Ramos. Sin excepción, todos fueron cuestionados por una grada que no ha digerido completamente el cambio de papel. Tampoco ninguno tuvo ha gozado del crédito pleno de Del Nido. Esta dinámica ha matado al Sevilla, que sólo se ha asomado una vez a la previa de la Champions League, el objetivo, irreal, establecido por la dirigencia al inicio de cada curso. Hasta hoy. “Hay que adaptar las aspiraciones al presupuesto que tenemos. Es un paso atrás, sí, pero para coger impulso”, se sincero Del Nido. El Sevilla se baja de la parra.

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