thumbnail Hola,

El mediapunta alemán, consagrado, se sobrepone a unos inicios tambaleantes con Mourinho y a los rumores sobre una supuesta vida disoluta filtrados desde el club en diciembre

El primer clásico liguero, disputado el pasado diciembre, desencadenó consecuencias impredecibles para Mesut Ozil. La nueva derrota ante el Barcelona, todavía tabú en aquellas fechas, señaló al alemán. En la comparecencia posterior al partido, José Mourinho, tras otro planteamiento disuasorio, apuntó a Ozil como culpable directo de uno de los goles. Pocos días después, el propio club aireaba informaciones sobre la supuesta vida disoluta del futbolista. “Con una vida así, es imposible que rinda en el terreno de juego”, deslizaba un alto cargo en un corrillo tras la comida de navidad. Transcurridos cinco meses, Ozil se eleva como el mejor mediapunta del planeta, y una pieza innegociable en la excelencia alcanzada por el Madrid.

No lo ha tenido fácil Ozil con José Mourinho, más proclive a alinear otro tipo de jugadores en los últimos tres cuartos de cancha. El portugués, afanado en disponer de abnegados trabajadores y futbolistas que el llama box to box, siempre ha recelado de hombres como Ozil, que hacen del talento su máximo argumento. El año pasado, el mediapunta fue sacrificado en los dos partidos más importantes de la temporada. En la final de la Copa de Rey, Mourinho lo aguantó 70 minutos. En la ida de las semifinales de la Champions, no volvió de los vestuarios. En ambas ocasiones, fue sustituido por Adebayor, un futbolista que estuvo cuatro meses en el Madrid.

Es el alemán un futbolista taciturno, de aire melancólico. La antítesis de los soldados espartanos que busca Mourinho para ciertas batallas que propone de vez en cuando. Sin el cartel o la personalidad de otros, es un objetivo fácil. Incluso en favor de Kaká, cuya alineación siempre ha supuesto el desplazamiento del alemán a la banda cuando el entrenador los ha hecho coincidir. Ozil, en el costado, significa amputar al jugador más imaginativo del equipo en los metros finales.



Ante las dudas de Mourinho, el alemán ha argumentado con su fútbol, completando una temporada colosal. A cada soslayo, Ozil ha respondido convirtiendo cada pase en una solución final. Sus 16 asistencias en la Liga, le convierten en el pasador más determinante del curso. Sólo con números no se puede explicar su capital incidencia. En la semana más exigente del Madrid, Ozil respondió con la determinación de un competidor feroz. Marcó el gol en Munich, asistió a Ronaldo en el Camp Nou, y también en la vuelta de las semifinales de Champions, donde ofreció al portugués el balón que momentáneamente puso al Madrid en la final.

Mesut Ozil cumplirá 24 años en octubre, cuando ya esté inmerso en su tercera temporada en el Real Madrid. Ya hoy, es un futbolista de una dimensión superlativa, con todos los credenciales para ocupar el trono que hace poco correspondía a jugadores como Andrés Iniesta. El curso que ha encumbrado a Cristiano Ronaldo, el mejor del equipo, y ha supuesto la séptima Liga de Mourinho, es el de la victoria de Ozil. La victoria sobre las dudas, en su mayoría internas, que el mediapunta sorprendentemente despertó después de una primera temporada notable. No hay rastro de ellas después de su segundo año en España. Ozil las ha borrado.

Artículos relacionados