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Una década después de pelear por la Liga, la Real Sociedad se acoge esperanzada a una generación llamada a superar las marchas de Aranburu, Ifrán o Vela y las dudas sobre Montanier

La próxima temporada se cumplirá una década de la refrescante aparición de la mejor Real Sociedad de los últimos veinte años. Un equipo irreverente, generoso con el juego, que protagonizó un pulso desgarrador y emocionante con el Real Madrid hasta la última jornada. Aquel curso, alumbró la figura de Xabi Alonso, uno de los mejores mediocentros de la historia del fútbol español. El tolosarra, redondeó un equipo que mezclaba la veteranía de futbolistas como López Rekarte, Aranzabal, De Pedro o Karpin, con la vigorosidad de otros como Nihat o Kovacevic. De la excelencia alcanzada por aquel grupo, no volvió a haber noticia en San Sebastián.

Es ahora, cuando la Real despierta con la sensación de estar en condición de acunar otra generación majestuosa. Si Xabi Alonso fue el símbolo del retorno efímero de un histórico a las empresas acometidas en el pasado, Rubén Pardo constituye la transición al modernismo. Se trata de un futbolista de idéntico corte al madridista. Reúne todas las características de un ‘cinco’ clásico. Capacidad para jugar a un toque mejor que dos, inteligencia para trasladar el juego de un costado a otro, conducir lo justo.

Su entrenador, Philippe Montanier, en su primera temporada al frente del equipo, ha racionado al máximo las apariciones de Pardo, concediéndole apenas 400 minutos en quince partidos. La jerarquía de otros futbolistas en el centro del campo, como Mikel Aranburu, ahora retirado, y su juventud, han llevado al técnico francés a cuidar las apariciones del canterano. Tras la retirada del mito realista y una vez completada la primera fase de aclimatación al primer equipo, el terreno parece abonado para que Pardo, con 20 años, tome los galones de la Real.


Rubén Pardo | El mediocentro de la Real Sociedad lo tiene todo para triunfar

Una empresa exigente, inabordable para uno solo, en la que Pardo estará acompañado por una generación, ya a media cocción, con visos de explotar. Asier Illarramendi, más hecho, es el escudero que Pardo necesita. Incombustible, abnegado en el trabajo y aseado en la salida de balón, es un futbolista que habla el mismo idioma. Ha protagonizado esta temporada, un salto de calidad similar al que se presupone a Pardo. Son el motor de la Real del futuro. Zurutuza, Griezmann, Xabi Prieto o Agirretxe completan una nómina envidiable en tres cuartos de cancha.

La esperanza en una generación que se advierte especial, contrasta con las dudas sobre la capacidad del técnico para explotarla. Montanier, cuestionado durante todo el curso por sus innumerables volantazos, ha estado al borde del precipicio en varias ocasiones. El final de temporada, en cambio, también se asocia con el optimismo. Sólo una derrota en los últimos nueve partidos, acompañada de cierto buen juego, emplaza a la Real a un curso 2012-13 apasionante. San Sebastián, ve en Pardo el mismo faro que fue Alonso. La travesía ha terminado. Con 20 años, deberá comandar una generación que tendrá que reafirmar a su técnico, y sobreponerse a bajas seguras como la de Aranburu y otras más que probables como las de Ifrán, Demidov y Vela.

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