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El conjunto cántabro vuelve a la Segunda División tras una década en la máxima categoría del fútbol español. Apenas ha sumado cuatro triunfos en toda la Liga

Triste, apagado, desmotivado. Un Real Racing que se ha acostumbrado al vértigo, al peligro, a la incapacidad de querer cambiar sin antes pensar en cómo hacerlo. No ha bastado con arrebatos, con una fe cegada y quebrada por tanta tensión y descalabro. Las heridas han sido cada vez más dolorosas y no se han encontrado curas o remedios. Por momentos se podían calmar, pero la agonía siempre llamó a la desesperación.

Una tormenta institucional que ha abarrotado el devenir de una entidad que, a principio de temporada, creía soñar con una realidad alejada de tanta indecisión e infortunio. Aquello resultó ser una falsa utopía, una extraña ilusión que ha supuesto el naufragio de un proyecto que se ha ido acomodando en la incapacidad casi sin quererlo. Ashan Alí Syed emergió como el mejor antídoto ante la escasez, como el mayor anhelo para diseñar un equipo contemporáneo con objetivos que huyeran del mero conformismo de lograr la salvación. Santander quiso creer en aquel jeque vestido de ángel de la guarda pero que despertaba dudas. Ahora, en concurso de acreedores, el Real Racing sufre un vacío de poder y una situación tan extrema que puede conllevar la desaparición de un club histórico. Será el próximo diecinueve y veinte de mayo, con la celebración de la Junta General de Accionistas, cuando se sepa con más claridad cuál es el futuro a corto plazo. Con el exilio del empresario indio, el club es un laberinto de problemas.

La temporada se ha convertido en una angustia lenta, como aquel que sabe que ha llegado su hora de perecer pero espera para recibir su condena resistiéndose. Los santanderinos han mostrado fragilidad, ese desequilibrio que les ha impedido ser lo que querían. Un estilo sin lucidez, sin propósitos. Quizás porque la inercia de la inestabilidad ha pesado más que la necesidad de transformarse en mejor equipo. Desarbolado y con ideas tan banales como vacías de recursos. Agitada la batalla, parecía que tanto empeño era más una corazonada que una convicción. Y ante la Real Sociedad, se consumó un descenso tan esperado como fatídico. En treinta y seis partidos de Liga, el Real Racing sólo ha logrado cuatro victorias; tres en casa -ante el Real Betis (1-0), el Villarreal (1-0) y el Real Zaragoza (1-0)- y una a domicilio (0-2) ante el CA Osasuna. El resto son quince empates y diecisiete derrotas. Números que si hablaran lo harían con una voz entrecortada y agónica.

El conjunto de Álvaro Cervera es el que menos goles ha marcado como local (9) y el que menos puntos ha logrado en su estadio (16). Tras la derrota en San Sebastián (3-0), los santanderinos finalizan su etapa más extensa de permanencia en la máxima categoría del fútbol español tras el ascenso de la temporada 2001-2002. Fundado en 1913, la entidad cántabra vivirá su centenario en la Segunda División. Una trayectoria que ha vivido incluso la amargura de la Segunda División B y de la Tercera División. Así mismo, Cervera ha firmado el peor debut de un entrenador en la historia del campeonato.

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