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El técnico español se marcha del club catalán cuatro años y 13 títulos después, pero los campeonatos son sólo el legado más palpable. Detrás, un sinfín de asignaturas.

Lo primero que hay que saber, ante tanta desinformación, es que el Barcelona de Guardiola no es un equipo de moda. Es historia viva. Aclarado ese punto, Pep se marcha del Barcelona, pero no se marcha. Se va del club azulgrana casi cuatro años y 13 títulos después, pero deja un legado incontable más allá de los campeonatos. El técnico español ha logrado todo lo que un entrenador se puede proponer, y sin embargo esas conquistas son sólo una parte de lo que Pep regala al club tras su exitoso y revolucionario ciclo al mando. Aunque pocos creían en él, su revolución es histórica.

EL LEGADO DE GUARDIOLA
UNIÓN

La unión ha sido uno de los pilares en los que se ha sustentado el reinado del Barcelona con Guardiola a la cabeza. Por encima del futbolista, siempre ha estado el ser humano. Sobran ejemplos de humanidad y compañerismo para afirmarlo. Las salidas de Samuel Eto’o o Zlatan Ibrahimovic, dos cracks en toda regla, no hacen más que ratificar que Pep primó siempre la unión del grupo por sobre el resto de las cosas. Los problemas de vestuario, si los hubo, jamás se pusieron en el centro de la escena. Difícil es que los hubiera habido, pues el preparador español cuidó ese aspecto tal vez como ningún otro. De allí se entiende que Eric Abidal haya levantado el trofeo de Champions League en la temporada pasada. El gesto que el capitán Carles Puyol tuvo para con el defensa francés sirve como ejemplo de todo ello. 

MENTALIDAD DEL CLUB

Cambió la mentalidad de un club. Porque el Barcelona se acostumbró a ganar siempre, a llegar a instancias decisivas y a coronarse en cuanta competición disputa. Sin ir más lejos, caer en semifinales de la Champions League es tomado por algunos –insólitamente- como un fracaso. Cualquiera que llegue para reemplazar a Guardiola tendrá un equipo que se conoce de memoria, como punto a favor. Pero como aspecto negativo, el sustituto de Pep tendrá la presión ineludible de mantener la línea exitosa llevada a cabo a lo largo de los últimos años. El técnico catalán, revolucionario, convirtió al jugador blaugrana, tenga la edad y el apellido que tenga, en un futbolista ganador por naturaleza. 

IDENTIDAD

Pep revolucionó el fútbol actual. Aunque a la azulgrana la pinten de negro, de verde y hasta de naranja, no importa qué camiseta se le ponga al equipo que todo el mundo sabrá que se trata del Barcelona. Su fútbol complejo e inconfundible, con el toque como bandera y la presión en cada sector del campo, ha alcanzado el reconocimiento mundial. Muchos quieren parecerse al Barcelona, sinónimo de excelencia para no pocos especialistas en la materia. Un sistema ya armado en el que las partes son importantes, pero no tanto como el todo. En ese sentido, la ausencia de algún futbolista no cambia drásticamente el funcionamiento del equipo. Jugador que ingresa, jugador que se acopla sin mayores inconvenientes. Un fútbol de manual en el que todo está mecanizado, automatizado. Que parece sencillo pero es inigualable. 

POLÍTICA DE CANTERA

La política de cantera es uno de los más grandes orgullos que tiene el Barcelona. Y Guardiola ha marcado una línea sagrada en este sentido. La Masía se ha transformado en la mayor fuente de riqueza culé. Lo extraño no es ver en el primer equipo a un chico surgido del club, sino todo lo contrario. Los fichajes han sido pocos y necesarios, como el de Alexis Sánchez para la última temporada o el de David Villa en la anterior. Jugadores como Jonathan Dos Santos, Cristian Tello o Isaac Cuenca, sobre todo los dos últimos, han tenido en esta temporada una cantidad de minutos digna de resaltar. Es la continuación de un modelo que se acrecienta, un ejemplo en tiempos de crisis financiera y futbolística. Así nacen los Valdés, Puyol, Xavi, Iniesta, Messi, Busquets y compañía. Guardiola siempre ha elegido la cantera antes que la cartera.  

TÍTULOS

Resulta increíble, pero es más sencillo recordar los campeonatos que perdió antes que hacer memoria con todos los que ganó. Porque ha conseguido la friolera de 13 títulos desde que llegara el 17 de junio de 2008 en reemplazo del holandés Frank Rijkaard. Casi cuatro años después, lo ha logrado todo. Sólo se le han escapado cuatro torneos: dos Copa del Rey (caídas ante Sevilla y Real Madrid) y dos Champions League (ante Inter de Milán y Chelsea). Todo indica que serán 13 o 14 conquistas sobre 18 posibles, pues seguramente perderá también la presente edición de la Liga BBVA, a manos del Real Madrid, y deberá disputar la final de Copa ante el Athletic de Bilbao. Números que hablan por sí solos. Son el premio al trabajo, a su revolución. Los títulos son, en definitiva, el legado más palpable del paso de Guardiola como entrenador del FC Barcelona.  

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