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Alfonso Loaiza traza una línea comparativa entre tres artes y tres artistas cuyas disciplinas alimentan el alma, el espíritu y ennoblecen nuestra condición humana. Es hora de rendirle culto al mejor jugador español de la Historia: Raúl González Blanco.

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Por Alfonso Loaiza.-


En este artículo no quiero ser objetivo ni puedo. Al ser humanos, somos sujetos, y por ello subjetivos. Hasta hoy no me considero un objeto. Así que no negaré, que tenía unas ganas terribles de escribir sobre Raúl. Quisiera comenzar, explicando que Raúl ha sido mi ídolo futbolístico desde que tengo uso de razón. Lo diré sin ningún tipo de pudor hasta la extenuación. Soy raulista, y a mucha honra. Lo era con diez años y lo sigo siendo con diecinueve porque representa valores como la fe, el juego limpio(nunca ha sido expulsado),el compañerismo y la sencillez cada vez que defiende la camiseta y el escudo del Real Madrid. Soy raulista porque su carácter ganador le hace inimitable.



Tras recuperarse de una lesión con diez días de adelento, ante el Zaragoza en La Romareda,-donde el 7 debutó en octubre del 94 fallando todo lo habido y por haber-, el delantero madridista entró en el terreno de juego para sustituir al lesionado Van der Vaart en la primera parte y erró un disparo que detuvieron entre Roberto y el palo. Nada más comenzar la segunda mitad, se lesionó y pidió el cambio. Entonces, apareció el Raúl más heroico, el Raúl de las gestas, el Raúl Campeador, el que muere matando. Corrió como un poseso al rechace, y Cristiano le puso la asistencia para que abriera el marcador a favor del conjunto merengue con un gol típico “del que nunca hace nada”, de los de empujarla, de los de antaño.

Metió el gol cojeando, al igual que Cervantes escribió el Quijote manco. A ambos nunca les sonrió la suerte y fueron calificados injustamente. A Miguel de Cervantes algunos le nombraron como el "Manco de Lepanto". A Raúl, algunos le llaman el "Cojo del Madrid". Quizás sean manco y cojo por ser leales; el literato por su patria y la escritura, Raúl por su equipo. Los dos se diferencian de los terrenales por su entrega, uno en la batalla militar y escrita, y el otro en la batalla futbolística.

Cervantes estuvo en la cárcel sin libertad, Raúl se retirará sin Balón de Oro, sin reconocimiento mundial. A pesar de que fue de largo el mejor jugador del mundo, al que todos queríamos emular. Sin embargo, Shevckenko, Nedved y Owen, con mucho peor palmarés, se lo llevaron. Al madridista le faltó marketing mediático. Ahora le falta la frescura de aquel mejor jugador del mundo, pero aún posee el alma, ese alma del Real Madrid. Gracias Raúl por ser como eres. Gracias por ser un campeón y seguir con la misma ilusión y el mismo orgullo del primer día.



A los más grandes la justicia les llega con el paso del tiempo. Hoy después de algunos siglos el rostro de aquel Miguel Cervantes acuña nuestras monedas. Mañana el “muerto” Raúl González Blanco escribirá su nombre con letras doradas en la historia sagrada del fútbol. El capitán madridista nunca se cansa. Se está despidiendo del fútbol, pero como José Tomás morirá matando. Desde aquí también queremos mostrar todo nuestro apoyo al gran matador, que ha salvado su vida pero se encuentra en estado muy grave. El diestro sin estar jamás a merced del toro, nunca deja que la muerte le aceche sino que la busca.

José Tomás, el torero. Y Raúl, el futbolista, son de otra pasta, la heroica, la de Cervantes, el escritor. Al día siguiente del 23 de abril-Día del libro- que conmemora la muerte del autor del Quijote, Raúl y José Tomás se encargaron de mostrar a sus críticos que vivir sin temer a la muerte, no es despreciar la vida. Si no todo lo contrario, es despreciar a la muerte y no tenerle respeto.

Le pese a quien le pese. Los tres son los más grandes de las disciplinas más seguidas en nuestro país: la literatura, los toros y el fútbol-estas dos últimas condenadas durante años al ostracismo intelectual- José Tomás y Raúl, sin ser grandes eruditos, no son el prototipo de hombre inculto, y además son leyendas vivas que no han necesitado revistas del corazón para ser lo que son. Sus nombres son sinónimos de autenticidad. Dentro de muchos años se hablará más y mejor de ellos. La justicia es lenta, pero a las leyendas de raza siempre les llega, como a Cervantes.

LA FICHA DE RAÚL:

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