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Alfonso Loaiza nos regala un Rincón Colchonero que toca la vena sensible del hincha rojiblanco a partir de las subida y bajada a los Infiernos de José Antonio Reyes, la figura del Glorioso ante el Barcelona, el pasado domingo. Un crack con una obligación: ganar en el Bernabéu.

Por Alfonso Loaiza.-

El fútbol es como una facultad de formación para estudiantes. Así, encontramos a jugadores que son alumnos de matrícula, otros que lo son de notable, otros que lo dan todo para sacarse el aprobado y los demás que ni aún así pueden llegar al cinco pelao. Pero existe otro tipo de futbolista, otro tipo de artista que habiendo sacado notas magníficas en cursos pasados y teniendo unas condiciones espléndidas, no llega al nivel esperado en cada temporada, sin bases cognoscibles para la comprensión de la razón humana.

El extremo sevillano, José Antonio Reyes, es ese estudiante de capacidades magníficas: velocidad, desborde en el uno contra uno, gran disparo lejano, habilidad con el balón en los pies... aunque con calificaciones deslucidas en las notas diarias de los partidos. Además siempre sus grandes encuentros se ven empañados por su torpe inconstancia e irregularidad.

Pero al César lo que es del César. El extremo de Utrera hizo un partidazo ante el hasta entonces invicto Barcelona, para quitarse el sombrero. Luchó por todos los balones como nunca, trabajó en defensa, desbordó como antaño y se inventó una obra de arte que dio lugar al gol de Forlán. Reyes se ha resarcido por todo lo alto, y el Calderón fue todo un estruendo clamor, ovacionando, vitoreando al andaluz y gritando al viento eso de "Reyes, Reyes, Reyes". Una exhibición para guardar en la memoria.



Desde hace tiempo reclamé que aunque caminante no hay camino, su llegada a la Ribera del Manzanares parecía prediseñada desde el cielo fundamentándose en las leyes universales de la fisonomía y sinonimia. Y es que la figura de Reyes evoca a las raíces del ser atlético, es un Pupas más, hace del infortunio una leyenda romántica: no se le recibe con demasiado entusiasmo en Sevilla, en su tierra; en la fría Inglaterra para estos temas, más de lo mismo y dejó un regalo al Bernabéu envuelto en una Liga y a la vez se le obsequió con la puerta de atrás del Paseo de la Castellana. Una criatura atlética siempre detestada por sus meteduras de pata y su pasado madridista.

Ser del Atlético de Madrid es montarse en una montaña rusa, llena de sensaciones: dulces y amargas. El Atlético te marca, es como un padre. Reyes, es un descendiente que la afición rojiblanca abucheaba porque no quiere ver al extraordinario extremo caer en los propios vicios del progenitor: la desidia, el descuido, el infortunio, las desgracias, la melancolía.

No es bueno ser desgraciado, pero es bueno haberlo sido. La escuela atlética ha reconvertido al Reyes que puede sacar sobresalientes. No se vive celebrando victorias sino superando derrotas.

Apelando al espíritu de superación Reyes se ha ganado por fin los aplausos de la gran afición colchonera con su fútbol, ante como no podía ser de otra manera, el rival más complicado, el FC Barcelona de Pep Guardiola. Un Reyes que ha despertado, un alumno Reyes en busca de la matrícula. Un Reyes enderezado por el maestro experto Quique Sánchez Flores en la facultad sufridora del Manzanares. Un Reyes en busca de que la soberana afición del Atleti grite el "Reyes, Reyes, Reyes" durante mucho tiempo.

Ojalá el mejor Reyes haya vuelto para quedarse. Atléticos, tengamos fe. Espero que no sea sólo un espejismo en el día de los enamorados en el que por Carnaval José Antonio Reyes se puso su mejor disfraz. Está en sus manos, Mestalla será el nuevo emplazamiento de una nueva convocatoria de examen para un alumno excelente y reformado que se está aplicando y que se quiere consagrar como un ídolo para el examinador más sufridor, la afición atlética, que ayer llevó a su equipo en volandas ante ese Barcelona al que tenemos cogida la medida. Eternamente grandes. Los únicos que hemos ganado al mejor equipo del mundo dos veces de tú a tú.

Ante el Barcelona fue el Domingo de Resurreción atlética. Y el Domingo de Ramos -28 de marzo- toca ceremonia litúrgica, vencer en el Bernabéu. Como Lázaro por Cristo. El alumno reformado Reyes ha sido resucitado por Quique y tiene varias cuentas pendientes. El que avisa no es traidor. Hasta la victoria...Atlético, sufrimiento, éxtasis o muerte.

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