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Subir bajar, dormir, llorar, ser o no ser, todo eso es el Atlético de Madrid, el club, el equipo y la afición que más sentimientos hace experimentar en la gente. PAra los colchoneros, sufrir es un honor, la angustia yn paso previo a la alegría. Ser del Atlético de Madrid es más que una religión, es la explicación de todo el universo.

Por Alfonso Loaiza.-

El Atleti es la bandera de la improbabilidad hecha realidad, de la imposibilidad relativa. El encuentro ante el Recreativo fue una leyenda romántica, de esas que se repiten de cuando en cuando sólo y exclusivamente en la Ribera del Manzanares. Remar y remar para llegar al acometido...(4-0), y después de hacerlo todo, volver a meter la pata regalando un gol y auto-expulsándose un lamentable Assunçao -con Raúl García en el banquillo-.

El Atleti, fiel a su estilo no podía pasar cómodamente, sin darle emoción a la contienda. Vuelta a empezar. Toma y daca, excentricidad copera. Y en la locura más absoluta, como rige en su ADN, el Atleti con una magistral falta lanzada con la bota de Simao e impulsada con el corazón de todos los atléticos encontró el gol de la clasificación para mayor éxtasis y derio colchonero.

Los 30.000 valientes congregados en el Vicente Calderón con ese frío y ola polar que anega nuestro país, volvieron a entonar el "Te quiero Atleti". Y volvieron a sus casas más ardientes que nunca. Extraña forma de vida. Para ser del Atleti te imponen una cláusula al nacer, la de sufrir. Extraña forma de vida. Ser del Atleti es montarse en una montaña rusa de maravillosas sensaciones, unas amargas y otras dulces.

Extraña forma de vida. Siempre Bajando y subiendo a los cielos, como los octavos ante el Recreativo. Extraña forma de vida. Remito a Extraña forma de vida-de Enrique Vila-Matas-, porque justamente es uno de los libros de los que me examino en la facultad en estas próximas fechas y que desde aquí recomiendo.

Al protagonista de dicha obra le enamoró a primera vista una de las hermanas Onetti, la más atractiva y la menos buena, la felona Rosita. Pero terminó eligiendo y casándose con la más bondadosa, honrada y tierna, Carmina, que le prometió amor eterno. Extraña forma de vida. A mí de renacuajo me hipnotizó el Real Madrid. Sin embargo, ahora con la mayoría de edad cada día soy más del vecino, del Atlético de Madrid.

Me identifico con el perfume que desprende el club madrileño, me veo representado en la seña atlétioca porque evoca a mi vida misma: somos sufridores, de repescas, de remontadas, dejamos el trabajo para última hora, pecamos de indolencia y desidia, no entedemos el término medio, apelamos al espíritu de superación y ganamos y conquistamos siempre a contracorriente, cuando nos dan por muertos, todo jolgorio y delirio. Ser del Atlético es una Extraña forma de vida.

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