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Otro niño que se nos va a los atléticos. El primero fue Fernando Torres que hizo las maletas para emplazarse en el Liverpool donde es pichichi de la Liga y el próximo será el Kun Agüero al Chelsea.

Por Alfonso Loaiza.-

Llevaba toda la razón del mundo Torres al afirmar que "Agüero tendrá que marcharse del Atlético". El Atlético, se ha convertido en un club de esos llamados de trampolín ya que los jugadores crecen a una velocidad mayor que la del club y desean evolucionar fuera luchando por cotas más altas, con un reto: la oportunidad de luchar con los más grandes. 

Torres y Agüero son dos criaturas que han crecido a base de sufrimiento y angustia, se han curtido y han madurado subiendo y bajando de los cielos como dice el rey Sabina. A los críos les adjudicaron una cláusula para ser atlético, la obligación a sufrir y el placer de resistir. Ser del Atlético es montarse en una montaña rusa, llena de sensaciones: dulces y amargas.

Hechos y maduros buscan lo que el Atlético no les puede dar, se ven solitarios en el mundanal futbolístico, ambos ganadores buscan títulos, gloria, éxitos codeándose con los más grandes. Para desgracia de los atléticos, mucho me temo que nos quedan pocos días de disfrutar la presencia de uno de los mejores jugadores del mundo.

Como El Niño, el Kun Agüero se merece que lo dejen salir por la puerta grande. Le han prometido durante muchos años que será el puntal del Chelsea que dirige Ancelotti, él es un ganador que lleva el fútbol en la sangre porque es parte de su alma y que por fin luchará por todo.

El Atlético siempre será otra parte de su alma y una parte del alma atlética está asignada para el Kun que nos hizo soñar con ganar varios derbis ante el Real Madrid, que nos maravilló con sus goles emulando a su ídolo Romario, a su suegro Maradona y que hizo que el himno de la Champions sonará en el Calderón después de un letargo de más de diez años. Gracias por todo, Kun. 

El problema del Atlético viene de atrás antes de la irrupción de estas dos criaturas, con La Ley de Sociedades Anónimas,en nuestro fútbol es tal que Madrid y Barça pueden endeudarse lo que quieran, comprar a los mejores y asegurarse siempre una de las dos primeras plazas.

Los demás deben rezar para tener un propietario millonario en sus clubes. Esta Ley supuso la venta de su propio alma al diablo, ya no existen los socios, sólo abonados, cada club es de un señorito, accionista mayoritario que quita, echa y pone a su gusto. Ha sido la ruina del fútbol, los contratos, los fichajes, los estadios y sus recalificaciones tienen un valor y un precio económico pero la historia de un escudo no puede ser un negocio de venta de juguetes y chismes.

Porque con la aparición de estas Sociedades Anónimas, prevalece el beneficio y lucro personal y no el afecto, el cariño, el amor y la devoción por un equipo, por unos colores, por una afición. Qué pena que una de las mejores aficiones de este país no tenga voz ni voto por Gil, Cerezo y compañía, por la repugnante Ley de Sociedades Anónimas.  

Los atléticos convierten el infortunio en leyenda romántica y es hora de que les acompañe la Diosa Fortuna para que la próxima criatura por fin haga los honores a su pasarela Neptuno. Esta criatura que bien podría ser Fran Mérida no estará sola porque vienen otras muchos criaturas de la cantera atlética pisando fuerte: Camacho, Koke, Keko, Gallegos, Pacheco y la Bota de Oro del Mundial Sub 17, Borja González.

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