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¿Alguien no sabía la respuesta del millón? Pues te la contestamos y, de paso, te ofrecemos un análisis del club más romántico de España. De ello se encarga Alfonso Loaiza.

Por Alfonso Loaiza.-

¿Por qué somos del Atleti, Papá? le preguntó el hijo al padre; el padre enmudecido con mirada atónita no sabía qué decir; tras varios años, se dio la misma circunstancia en la relación padre-hijo, esta vez, el niño ya adolescente, respondía: ya sé por qué somos del Atleti Papá, porque transformamos el infortunio en leyenda romántica, así nos consuelan y nos tienen que aliviar mamá y la novia.

Esa criatura ha crecido a base de sufrimiento y angustia, se ha curtido y ha madurado subiendo y bajando de los cielos como dice el rey Sabina. Al crío le adjudicaron una cláusula para ser atlético, la obligación a sufrir y el placer de resistir. Ser del Atlético es montarse en una montaña rusa, llena de sensaciones: dulces y amargas.

Entre tanto, el niño crecía con los cuentos del abuelo y la Intercontinental, del padre y aquel Doblete, él se desarrollaba entre las alcantarillas del infierno de la segunda y entre las cloacas de la Intertoto y la venta de su ídolo, el Niño Torres.

Pero él, iba percibiendo esa fragancia que suelta este Atlético de Madrid: un perfume que invocaba a su vida misma y se identifica con el equipo del madroño: es de repescas, de fases previas debido a que deja el trabajo por hacer para última hora, y peca de indolencia y desidia.

Sus conquistas se originan a contracorriente, acostumbra a dar disgustos; pero no todo son defectos e imperfecciones, los atléticos también suelen hacer llorar de alegría y son modestos, honrados, nobles, inocentes, generosos y solidarios y lo de sufridores les viene de herencia en el mismísimo ADN, son diferentes, paradójicos, bondadosos, apelan al espíritu de superación, no entienden el término medio, y reescriben la misma historia con aventuras en la que se dan millones de golpes, bofetones y hostias. 

He aquí el caso en el que vive inmerso el conjunto atlético que se crea él mismo, su propio laberinto: la venta a última hora de Heitinga es una metedura de pata, las salidas de tono del Director Deportivo García Pitarch fomentan a la inestabilidad, una plantilla demasiado escasa indica que para navegar en Liga, Copa y Champions no habrá recursos. Mientras el consejero delegado del Atlético, Gil Marín ha enviado una carta abierta a la afición rojiblanca, ya que la gestión de la familia Gil al frente del Atlético está más cuestionada que nunca por los aficionados colchoneros, gran culpa y delito tiene la familia Gil por no haber realizado ninguna contratación ilusionante a lo largo del verano, unido a las disculpas que se han puesto desde los despachos del Calderón asegurando que no han llegado más futbolistas porque las arcas del club están completamente vacías. 

Realmente el problema viene de atrás, con La Ley de Sociedades Anónimas,en nuestro fútbol es tal que Madrid y Barça pueden endeudarse lo que quieran, comprar a los mejores y asegurarse siempre una de las dos primeras plazas. Los demás deben rezar para tener un propietario millonario en sus clubes. Esta Ley supuso la venta de su propio alma al diablo, ya no existen los socios, sólo abonados, cada club es de un señorito, accionista mayoritario que quita, echa y pone a su gusto.

Ha sido la ruina del fútbol, los contratos, los fichajes, los estadios y sus recalificaciones tienen un valor y un precio económico pero la historia de un escudo no puede ser un negocio de venta de juguetes y chismes. Porque con la aparición de estas Sociedades Anónimas, prevalece el beneficio y lucro personal y no el afecto, el cariño, el amor y la devoción por un equipo, por unos colores, por una afición.

Qué pena que una de la mejores aficiones de este país no tenga voz ni voto. Aquel niño ya lo decía: los atléticos convierten el infortunio en leyenda romántica y es hora de que les acompañe la Diosa Fortuna para que este pobre chaval acuda por fin a su pasarela Neptuno.

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