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El ex campeón de Europa League lleva años comandando el fútbol ruso, liderando la tabla de fichajes mediáticos y creciendo para asaltar Occidente. ¿Cuál es su origen y sus metas?

 José David López
 Análisis | Internacional
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La extinta Copa de la UEFA y su versión revolucionada, la vanguardista Europa League, han logrado un reclamo mediático, deportivo y comercial a la altura de lo que deseaban sus organizadores. Obsesionados con dotar a su competición secundaria de formato adecuado para explotar todas sus propiedades (equidad, competitividad y sentido cosmopolita), buscaron la fórmula ideal, aquella que al menos en los últimos años ha logrado convertirse de nuevo en un torneo de prestigio y salvación para muchos clubes. Algunos siguen usándola como instrumento rotatorio para sus plantillas, mientras otros leen en ella la pauta exacta para una adecuada progresión institucional.

Su palmarés muestra a la perfección el impulso global que genera el éxito, pues desde 2003, (año en el que el Oporto levantó el título en Sevilla ante el Celtic de Glasgow), todos aquellos que se auparon a lo más alto, estaban a su vez dando un primer paso decisivo para alcanzar la gran reválida europea en la Champions League. Aquella generación lusa abanderada por José Mourinho, reactivó sus días de gloria convirtiéndose en campeones de Europa doce meses después, reflejando un desarrollo tan épico como acelerado. Clonarlo fue el objetivo de sus sucesores. Valencia, CSKA Moscú, Sevilla, Zenit o Shakhtar, no repitieron gesta pero sí encontraron el carril perfecto para renacer rumbo a metas superiores. Y quien mejor ejemplifica ese proceso evolutivo es el Zenit de San Petersburgo, absoluto dueño del fútbol ruso desde su reinado europeo y creciente millonario duro competidor en el mercado de fichajes.

Siempre amparado en un sistema económico saludable, capacitado para reforzarse con los mejores jugadores rusos, afrontar refuerzos de campeonatos occidentales con mayor caché y al mismo tiempo construir un nuevo estadio acondicionado a sus metas futuras, es un reflejo más de la evolución que ha permitido aquella victoria en Europa League. El título europeo, primero en las arcas de Leningrado, llegó en 2008 como primer regalo continental a su progresión, que previamente había destrozado el poder moscovita en una Premier Rusa que no conocía enemigos potentes lejos de la capital. Aquella generación no calmó sus ambiciones, pues multiplicó las alegrías cuando superó contra pronóstico al Manchester United en la Supercopa europea meses más tarde. Muchos de ellos, vestidos con la elástica nacional de Rusia, generaron el definitivo salto cualitativo que deseaban en la extinta URSS en la Eurocopa 2008, siendo no sólo el combinado revelación, sino quizás, el previsible ganador de no haberse encontrado con una imparable selección española.

SALTO CLAVE: GANAR EUROPA LEAGUE Y SUPERCOPA EN 2008

Metas cumplidas en tiempo record, con un técnico vanagloriado (Dick Advocaat, que aprovechó su caché para ser posteriormente seleccionador ruso a pesar de su salida posterior), un estilo ambicioso, talento asociativo y máximo aprovechamiento al factor sorpresa. Pero desde entonces, obstáculos creados por la propia responsabilidad de quien quiso convertirse en referencia siendo aún esclavo de su historia. No sólo se sufre con la derrota, sino también con las primeras victorias. El Zenit, por entonces, disfrutaba con el hecho de aparecer pues, desde el anonimato, el ser reconocido como club de moda es ya un éxito mayúsculo e impensable.

En su caso, las primeras dudas se llevaron por delante a Advocaat pero si algo han demostrado es, al menos, confiar en proyectos a largo plazo y, pese a los golpes morales y decepciones acumuladas en los últimos tiempos, la defensa a Luciano Spalletti en su cargo es máxima y, como tal, los resultados no tardaron en legar pues siguen siendo el equipo diferencial del país tras campañas donde ha dominado por completo la Premier y donde, sobre todo, ha mostrado una solidez defensiva mayo. No ha sido capaz de retener el ritmo ni quizás la sorpresa que ello supuso para el fútbol europeo hace ya años pero, hoy por hoy, ha logrado crear un proyecto de enorme valor para la explosión definitiva del fútbol ruso y para anotar su nombre entre los top mundiales. Y el líder en el banquillo ha sido Luciano Spalletti, un técnico con caché en Italia, que fue capaz de crear un estilo alternativo y vistoso en la Roma y que se reinventó a sí mismo cuando rechazó opciones en la Serie A para aventurarse en Rusia (no sin un salario repleto de rublos).

NUEVO SÚPER-ESTADIO Y CONSERVA BASE DEPORTIVA

Sin embargo, con el prototipo de club aspirante a dar un verdadero golpe de timón en Europa, ya ha errado varias experiencias continentales y repetir decepción obligaría a recomponerse de nuevo. Un paso atrás que este año no quieren dar y que les ha llevado a un enorme gasto en refuerzos. El mando del mayor extractor de gas natural en el mundo (compañía líder en Rusia), ha reinventado la Premier Rusa desde su aparición para inyectar fuerza al Zenit y, de paso, levantar la competitividad global de la competición, obligando al resto de clubes a doblegar esfuerzos financieros para tener opciones. Además, sus vínculos políticos (su presidente, Dimitry Medvedev, fue nombrado por Putin como el hombre que debería sucederle tras las elecciones de 2008) pueden amenazar la estructura del fútbol europeo actual.

Tras construir para 2015 el modernísimo Gazprom Arena (60.000 espectadores), su camino se allana y, habiendo regresado a los escenarios Champions (con la recuperación financiera que eso supone), el gasto en refuerzos era una de las grandes esperanzas del fútbol ruso para estos días de mercado cuando el resto de Europa ya ha cerrado puertas y sus maniobras no tienen competencias abiertas (le gusta ‘pescar’ en Serie A o en Liga Sagres porque son escenarios competitivos pero donde sí se impone la fuerza de sus nóminas). Y es que si en siete años habían gastado 241 millones de euros en refuerzos de primer nivel, este lunes, en apenas una tarde, llegaron a los 95 millones con el brasileño Hulk (ex Oporto) y el belga Witsel (ex Benfica), confirmando su fuerza financiera y su capacidad para exceder las normas del mercado de la lógica. Una doble inversión que completa una estupenda plantilla con una base establecida desde hace muchos años (la que sigue siendo intocable en la propia selección rusa) donde son intocables Anyukov, Criscito, Shirokov, Denisov, Zyrianov y Kerzhakov (además del portugués Danny si por fin tiene suerte con las lesiones). Un vestuario que se hizo con el dominio del fútbol ruso, que tocó el cielo europeo, que sigue generando altas expectativas y que, por fin, pretende cumplirlas desde lo más alto. St.Petersburgo quiere ser ya, referente mundial.

SU FICHAJE REFLEJA PODER DEL BUEN ORGANIGRAMA ALEMÁN

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