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Nuestra columnista analiza la resaca de la final de la Champions League y cómo va a afectar la exigente temporada a la Selección en el Mundial

 Susana Guasch
 Goal.com
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Periodista, presentadora de lasextadeportes y colaboradora de Onda Cero en Al Primer Toque

Florentino Pérez ha presumido de ‘Décima’ esta semana. Y entre todas las preguntas que le han intentado buscar las cosquillas, me quedo con una respuesta: “Parece que molesta que el Real Madrid tenga dinero”. El ejemplo es Gareth Bale. El presidente reconoce que pagar cien millones por un futbolista es una barbaridad, correcto. Pero el Madrid paga y no despilfarra. Bale costó un ojo de la cara y dentro de unos meses será una inversión amortizada. Sus goles en la Copa y la Champions han disparado la venta de camisetas… más monedas para el arca del tío Gilito. Porque Florentino no habla de fichajes, sino de inversiones. Es su palabra mágica. El club compra carísimo y al tiempo sigue metiendo dinero. Bale no es ídolo aunque no tardará en serlo porque, como dice John Benjamin Toshack, el Bernabeu aún no ha visto al mejor galés. O sea, más camisetas.

Iker Casillas lloró de felicidad o, quizá, de rabia contenida. Desde el ‘banquillazo’ de Málaga su vida ha sido un vía crucis. Y tan harto acabó que, como dijo el periodista de Onda Cero Fernando Burgos, pactó con Florentino el pasado verano continuar un año más y después un apretón de manos y punto final. La Premier le gusta mucho, pero el Madrid es su casa y su hijo Martín tiene que descubrir por sí mismo quién es su padre y dónde se hizo mito. A día de hoy no le imagino fuera de su ciudad, tan sólo hay que ver cómo le aclamó el Bernabéu en la fiesta de celebración... más que al propio Florentino. Desde luego, Ancelotti evitará otro paripé Diego López-Casillas; que juegue el capitán, se lo ha ganado, y si canta varias como la de Lisboa, entonces que medite darle descanso. En el club dicen que comienza un nuevo ciclo, a lo mejor dorado, y Casillas no quiere perdérselo.

Y más flores para el Atlético. Minuto y medio le privó de la mejor temporada en ciento y pico años. Pelearon y se dejaron la vida tal como lo hicieron en Villarrea, Elche o Vigo. Sin distinciones. Simeone volvió a plantear un partido perro, enfangado como a él le gusta. Sin embargo, le acabó fallando el físico, el área intocable e inmejorable del profe Ortega. El disparate de Diego Costa afectó mucho al equipo. ¿De quién fue la culpa? El ‘Cholo’ es responsable supremo de todo, pero si su delantero le confiesa que puede jugar a mil revoluciones, por qué no le va a creer el entrenador.

Una selección averiada. Ante la chatarrería que se le presenta a España con futbolistas magullados y agotados, Del Bosque lanza la primera indirecta: “Los ojos de los jugadores después de ganar tanto no son los mismos”. Suena a ponerse la venda antes de la herida, pero si lo dice un tipo con tanto temple, es que algo le mosquea. Vayamos por partes: la película de Diego Costa es un thriller de final impredecible. Llegará o no, pero si lo logra, no estará como el toro que nos ha acostumbrado. Flaco favor ha hecho Costa a la doctora ‘milagro’ Kovacevic, en un pispás se ha quedado sin clientes y con toneladas de placenta de caballo. No obstante, entiendo al seleccionador: con el berenjenal que provocó el delantero rojiblanco, con amago de lío diplomático y todo, si le descarta ahora se monta la mundial. Los laterales tampoco andan finos: Jordi Alba se ha perdido media temporada y Juanfran acabó cojeando en Lisboa. Xavi y Xabi Alonso andan al ralentí y, como no estén finos, la selección pierde su ordenador central. Vamos, que Del Bosque tiene más razón que un santo: el Mundial depende de Sergio Ramos y Piqué. El primero es el nuevo héroe del madridismo, el barcelonista busca resarcirse de una temporada nefasta. Y no exagero.

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