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El equipo blanco puede quedar apeado de su tercera semifinal consecutiva en el que podría ser el último partido europeo de Mourinho. Se iría entonces sin la Décima Copa de Europa

“Cuando llegamos al Real Madrid, era un equipo que llevaba seis temporadas seguidas cayendo en octavos de final. Ni siquiera era cabeza de serie en la Champions League. Y ahora llevamos tres semifinales seguidas”. Lo habrá oído alguna vez seguro. Son palabras del propio José Mourinho, también de Aitor Karanka, en su más insistente perfil propagandístico. Repetidas hasta la saciedad –matizando únicamente el final según la temporada en la que fueran mentadas-, desde que en 2010 eliminara al Olympique de Lyon en octavos de final, en todas y cada una de las comparecencias públicas en campeonatos continentales.

Es merecida la promoción, dicho sea de paso. Máxime después de que esta temporada sorteara a Manchester United y Galatasaray para llegar nuevamente a esta penúltima ronda de la Champions League. Y es que, aunque Bayern de Múnich y Barcelona lo hacen parecer sencillo últimamente, no todos los clubes son capaces de conquistar tres semifinales de Champions League. Ni es tan habitual. En las casi seis décadas de vida que tiene esta Copa de Europa, el mismo Real Madrid, rey de reyes donde los haya, sólo ha enlazado en tres ocasiones más esa marca de tres semifinales consecutivas. Y José Mourinho ha sido uno de los grandes artífices en esta histórica cuarta ocasión, ubicando a este Real Madrid entre las grandes generaciones merengues de la historia.

Como lo fuera el Real Madrid de Di Stéfano, ganador de cinco Copas de Europa consecutivas entre 1955 y 1960. Como lo fue el Real Madrid de Vicente Del Bosque, que en plena gestación de su etapa más ‘galáctica’, también alcanzó hasta cuatro semifinales de forma consecutiva entre 1999 y 2003, levantando nada menos que dos entorchados en los respectivos años alternos: las conocidas como la Octava y la Novena. Y esa tercera generación que también alcanzaría tres semifinales de Copa de Europa consecutivas sería la Quinta del Buitre, entre 1986 y 1989. La única que, a diferencia de las otras dos, no consiguió coronarse en la máxima competición continental pese a haberlo rozado prácticamente con los dedos. El indeleble punto negro que ha arrastrado una excepcional generación de futbolistas en el Real Madrid. Y el fútbol español.

A principios de los años 80, venía arrastrando el Real Madrid una serie de años con déficit de éxitos y superávit de decepciones. El último título europeo databa de 1966, la Copa de Europa, y ya apenas lucía por el polvo que había acumulado en la vitrina de trofeos del Santiago Bernabéu, cerrada a cal y canto durante década y media. En 1981, el Real Madrid de los García había perdido la final de la Copa de Europa ante el Liverpool (0-1), y con Di Stéfano de entrenador, en la temporada 1982-83 se habían perdido cinco títulos in extremis de forma incomprensible. Así que, aprovechando la puerta que había dejado abierta aquel glorioso Castilla que alcanzó la final de Copa del Rey (1980), y el buen trabajo de formación de Amancio en ese filial campeón de Segunda (1983), Alfredo Di Stéfano se animó a dar la alternativa a una serie de canteranos que venían pegando muy fuerte desde abajo para intentar reverdecer viejos laureles, una suerte de regeneración desde dentro del propio club. Era la temporada 1983-84. Era el salto a la élite de la mencionada Quinta del Buitre.

Una generación la compuesta por los Butragueño, Míchel, Sanchís, Pardeza, Miguel Vázquez y compañía, que terminaría alzando al Real Madrid a los altares con cinco títulos de Liga consecutivos (1985-90), una Copa de la Liga (1985) y las dos únicas Copas de la UEFA (1985, 1986) que figuran en el palmarés madridista. Títulos y trofeos que sirvieron para dejar bien grabado el nombre de la Quinta del Buitre en el imaginario de todos los aficionados al fútbol, allende de nuestras fronteras incluso. Sin embargo, nunca pudieron rubricar esta hegemonía con un título de Copa de Europa.

Habían protagonizado las míticas y mágicas remontadas en el Santiago Bernabéu en Copa de la UEFA. Habían alcanzado tres semifinales consecutivas. Pero el sueño de la corona europea se les escapó de entre los dedos. Los que les vieron jugar aseguran que no había nadie que se mereciera más que ese Madrid conquistar una Copa de Europa, pero el fútbol no quiso premiarles con semejante entorchado. El fútbol no fue justo con esa generación, que hubiera dicho seguramente el propio José Mourinho. Al menos, así fue como se expresó en la previa del partido del Real Madrid en el Westfalenstadion de Dortmund. “Me gustaría que el fútbol fuera justo con esta generación de futbolistas. Tengo unos jugadores fantásticos, que se han merecido más con sus actuaciones estos dos años anteriores” vino a decir el preparador merengue desde una sala de prensa. Súplicas más que fundamentadas, pero que lamentablemente para los intereses merengue, no fueron tenidas en cuenta. Al menos de momento.

Este martes tiene su equipo una nueva oportunidad de ganar una plaza en la final de Wembley. Robert Lewandowski se lo ha dejado realmente complicado. Será un doble o nada. Remontar sería casi tocar el cielo, máxime cuando en estos tres años con Mourinho no se ha vivido remontada alguna. Un broche ideal. Ser eliminado sería, por el contrario, una decepcionante culminación a lo que seguramente sea el final de un ciclo con el técnico de Setúbal en el banquillo de Concha Espina.

De la mano del luso, el Real Madrid ha vuelto a ganar la Copa del Rey y la Liga, ha destronado al Barcelona, ha vuelto a pisar esas últimas rondas de la Champions League, como bien se vanagloria el propio técnico, ha batido récords estadísticos que parecían imborrables, ha recuperado un gen competitivo que parecía despistado, y jugadores merengues como Cristiano Ronaldo, Xabi Alonso, Sergio Ramos, Raphael Varane o Mesut Ozil copan ahora todas las listas de los mejores jugadores del globo. Son los haberes de esta quinta, de esta época. Pero si el de este martes termina siendo su último partido en Europa al mando del club merengue, como pinta tiene, el epílogo a semejante exitoso ciclo no lo pondría la Décima, como se pretendía. No lo pondría la Copa de Europa como en Oporto e Inter de Milán. Como sucediera con la Quinta del Buitre.

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