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La suma de Essien concede al técnico la posibilidad de alinear a un tercer trivotante que mejora las opciones precedentes, que pasaban por romper la defensa o alinear a Lass

Siempre que se han asomado enfrentamientos ante el Barcelona o a partidos que considera de multiplicada exigencia, José Mourinho ha afrontado una duda existencial a la hora de ordenar a sus hombres. Una disyuntiva que radica entre reafirmarse en sus convicciones y alinear lo que el denomina el triángulo de presión alta, vulgarmente conocido como trivote, o acceder a las presiones del vestuario, especialmente del lobby español y claudicar ante una formación de más calidad que músculo.

Hasta ahora, cuando se decantaba por el trivote, Mourinho se enfrentaba a otra elección sumaria: la decisión sobre el acompañante de Xabi Alonso y Khedira, el tercer trivotante. Desde que se convenciera a utilizar este sistema, durante la noche del cinco a cero en el Camp Nou, el técnico resolvió a conformar su triángulo pese a la certeza de que por un lado u otro, algo fallaba en el agregado de centrocampistas. De manera directa o indirecta, los trivotes que pudo conformar en sus dos primeras temporadas no terminaron de convencer al portugués.

Primero fue Pepe, en la final de la Copa del Rey y en la ida de las semifinales de la Champions League de 2011, el que desempeñó el papel de tercer centrocampista. Para Mourinho, Pepe encarna las virtudes de lo que considera la perfección del funcionamiento del triángulo. Una punta de lanza para la presión y alguien superlativo a la hora de abigarrar líneas de pase, además de un servidor marcial y agresivo a las órdenes de su patrón capaz de ir al frente sin remisión ni mirar atrás.

El adelantamiento de Pepe presentaba unos problemas derivados, que se resumían en una defensa descuajeringada sin el portugués, lo cual obligó a Mourinho a explorar otras soluciones para dar forma a la idea de fútbol que el profesa. Lass Diarra fue entonces la alternativa. La fortaleza física y su largo recorrido seducían al entrenador, no obstante, su carácter volátil e impredecible echó en muchas ocasiones para atrás a Mourinho, que al alinearlo siempre asumía la posibilidad de quedarse con un jugador menos en cualquier dislate del francés.

La llegada de Essien, que fue promovido como tercer trivotante en el primer partido complejo de la temporada para el que estuvo habilitado, resuelve, a ojos de Mourinho, muchas de las vicisitudes que antes generaba la búsqueda del tercer trivotante. Con Essien, el técnico dispone de una pieza perfecta para lo que el conviene como el modelo ideal para enfrentar a equipos de enjundia. En el vestuario hay futbolistas que sospechan que la suma de Essien eliminará los prejuicios sobre el personal que el técnico tenía en el pasado para conformar el trivote todas las veces que hubiera deseado, y por lo tanto lo utilizará más.

La alineación ante el Manchester City desnudó las intenciones de Mourinho de inicio. Relegados al banquillo Ozil y Modric, los futbolistas más creativos de la plantilla, la apuesta de el técnico portugués por el músculo parece refrendarse ahora que ha reclutado a Essien, un trabajador abnegado, dotado tácticamente, con recorrido y fiel como pocos a su jefe. El sanctórum de lo que Mourinho considera su centrocampista ideal. Essien da vía libre al trivote. Malas noticias para Ozil o Modric.

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