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El técnico, que prefirió hacer debutar a Bertrand antes que alinear al español y variar el dibujo debido a las bajas, no consideró la opción del delantero para patear un penalti

Ciento veinte minutos intrascendentes después, la resolución de la Champions League se vio abocada a la tanda de penaltis. Roberto di Matteo, estoico, caminaba enfrascado en disertaciones internas. De manera individualizada, escrutó el pulsar de sus futbolistas de cara a seleccionar a los lanzadores. Di Matteo, promulgó una rápida y directa cuestión:

- ¿Te atreves a patear?, espetó uno por uno a sus hombres.

Siete de los once jugadores del Chelsea respondieron afirmativamente a su jefe. Mata, David Luiz, Lampard, Ashley Cole y Drogba, que finalmente chutaron y Mikel y Torres, cuyas opciones no fueron consideradas preferentes por Di Matteo. Cuando el italiano, tras conversar con sus asesores, regresó para comunicar los cinco elegidos, Torres, desconcertado, arremetió contra su técnico:

- ¡Pero de qué vas! Primero me dejas en el banquillo y luego no me dejas tirar un penalti. ¿Qué cojones pinto yo aquí?, cuentan que rumió el español. Di Matteo, con la gélida pose de un líder autoritario, se dio media vuelta, dejando a Torres solo, cabizbajo, digiriendo algo que sospechaba desde hace tiempo.

Fernando Torres, se siente traicionado por su jefe. La primera vez que lo experimentó, fue durante la eliminatoria frente al Barcelona. El español, atravesaba el momento más dulce de su tormentosa temporada, e intuía, por conversaciones con Di Matteo, que tendría un papel protagonista en las semifinales de la Champions League. No fue así. Drogba, superlativo en la FA Cup, y otros futbolistas como Kalou o Malouda, desplazaron a Torres a un papel de meritorio.

“El Barcelona es el mejor, pero no siempre gana mejor”, reconoció el madrileño después de sellar el pase de su equipo en el Camp Nou. Las declaraciones, alabadas como un ejercicio de sinceridad deportiva, fueron interpretadas de otra manera por Di Matteo, quien sospecha que el jugador mantiene una cruzada incendiaria contra sus métodos. Una sensación recíproca. Torres, está seguro que es imposible que el Chelsea alcance cotas similares si la efervescencia de la victoria conduce a la renovación del técnico italiano.


Roberto Di Matteo | El italiano puede ser renovado un año después de ganar la Champions

El detonante del divorcio entre Di Matteo y Torres, se produjo horas antes de saltar al Allianz Arena, cuando el italiano anunció la alineación. “Fue el peor momento de mi carrera”, aseguró Torres, quien vio como Bertrand, un marginal absoluto que debutó en la competición, le relegaba al banquillo. La decisión del técnico sorprendió por partida doble al español. Por un lado, la alineación de Bertrand le hizo comprobar lo que representa a ojos de su jefe. Asimismo, evidenció la idiosincrasia del entrenador. Las importantes bajas, y el hecho de tratarse de una final, hacían presagiar a Torres que Di Matteo optaría por una opción más arriba para mantener la capacidad de sorpresa sobre el Bayern.

Sólo el gol de Muller invitó al español al campo. Desesperado, Di Matteo recurrió a un futbolista al que ha humillado durante la competición. Salvado por Drogba, el italiano volvió a evidenciar a Torres cuando le privó de patear un penalti. “El Chelsea tiene que dejar claro lo que quiere de mi”, proclamó después de levantar la orejona.

Abramovich, que ha hecho saber al madrileño que no lo venderá, sopesa también plegarse y conceder un año más a Di Matteo. Sería la condena de Torres, y probablemente, del Chelsea. El milagroso título de Champions corre el riesgo de aplazar una regeneración que sigue antojándose imperiosa. Abramovich mueve. La decisión está entre uno de los mejores delanteros del mundo y uno de los entrenadores más rácanos.

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