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La parada de Iker Casillas en el Mundial de Sudáfrica y su salida del Real Madrid en 2009 estaban en la mente del '10' del Bayern

El partido de anoche en el Bernabéu estaba marcado en el calendario de Arjen Robben. Desde su salida, por la puerta de atrás, del club blanco en 2009, el holandés esperaba su hora para desquitarse. Y si algo tiene el fútbol son oportunidades para solventar cuentas pendientes.

Enfrente estaba el Real Madrid, y su portero Iker Casillas, aquel cuyas que impidió el 11 de julio de 2010 que Robben guiara a los Países Bajos hacia su primera Copa del Mundo. Por lo que la motivación del ‘10’ del Bayern era doble y desde el primer minuto tenía que demostrarlo.

El mediapunta estuvo participativo, incisivo y veloz, como en él es habitual. El penalti apareció en el minuto 27 como un premio a su juego y permitía al tulipán liquidar viejos fantasmas de un solo disparo, y así lo hizo, su sonrisa lo delataba.

Su gol permitió a los muniqueses engancharse al partido y a la eliminatoria, que tras 120 minutos regresó a los 11 metros para decidir al finalista. Robben había culminado una dulce venganza escrita en su cabeza tres años atrás.

Ahora, el tulipán se reencontrará en la final de Múnich del 19 de mayo con otro de sus antiguos equipos, el Chelsea. En Londres ya saben lo que significa tener cuentas pendientes con el holandés y tendrán que aprender de la experiencia. El duelo en el Santiago Bernabéu puede servirles como ejemplo.

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