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El liderato y Europa están en juego. El choque de Goodison arrancará a las 14:30, mientras que el de Stamford Bridge lo hará a las 17:00

Aunque desde puntos de vista bien distintos y con total diversidad en cuanto a lo que tienen en juego, Goodison Park y Stamford Bridge vivirán dos partidos que pueden marcar un antes y un después en la actual temporada de la Premier.

Everton Liverpool

Los protagonistas del derbi de Merseyside tienen claro que no acabarán levantando el trofeo en mayo y que el único objetivo viable que pueden trazarse es el de garantizar una plaza europea para la próxima campaña, sea cual sea la competición. En Londres, por el contrario, habrá un choque de plenos aspirantes al título y de maduración de nuevas identidades.

El Everton ha comenzado la Premier justo a la inversa de como suele hacerlo normalmente. Es común que tarden hasta dos meses en encontrar el nivel que luego mantienen hasta el final de la Liga, pero la modificación de la tendencia puede deberse a que uno de los mayores problemas de David Moyes, sus centro delanteros y la falta de gol, parecen haberse solucionado con los muy aceptables rendimientos de Nikica Jelavić y Kevin Mirallas.

En el Liverpool el patrón es un poco más complejo. El club, -y entiéndase todos los factores que influyen en su gestión, desde el campo hasta el despacho-, aún no ha encontrado la manera de resolver la situación en la que comenzó a hundirse desde la última etapa de Rafa Benítez. Al menos, la nueva directiva demuestra haber comprendido que la profunda transformación que necesita llevarse a cabo requiere tiempo, pericia y continuidad, y que no sirve de nada fijar plazos tan prematuros con Brendan Rodgers como lo hicieron con Roy Hodgson.

Chelsea Manchester

Tocado en lo más profundo de su ser, herido profesionalmente y urgido a encontrar una respuesta a por qué su equipo dejó escapar el título de la pasada campaña, Alex Ferguson decidió buscarla en el frente de su ataque.

La vieja usanza de la casa, par de extremos bien rápidos y abiertos, parece haberle cedido paso a un esquema que toma preceptos de ciertos modelos enraizados en la postmodernidad, esos que toman como bandera la posesión.

La revolución táctica que ahora se engendra en el United confirma las sospechas que podíamos haber tenido tras los fichajes del verano: un delantero centro top en el mundo (van Persie), -harto probado en la Premier-, y un sutil playmaker (Kagawa), indicios de cuánto Ferguson pretende alejarse de la banda.


Su nueva ¿gema? táctica es precisamente un aún inmaduro diamante que el propio escocés reconoce como la alternativa para ser mucho menos predecibles. “En lo adelante los equipos tendrán que descifrar si vamos a utilizar dos extremos bien abiertos o el diamante”, dijo recientemente a la BBC.

El traspaso de Kagawa resultó una movida completamente estratégica para contar con un jugador capaz de moverse por detrás de los delanteros desde una perspectiva mucho más central que la que ofrecen Nani, Ashley Young y Valencia. Ahora, cómo asociar exitosamente las funciones de Cleverley, Rooney y el japonés y mantener inalterado el equilibrio del conjunto es lo que aún requiere perfeccionarse, habiendo cuenta de cuánto el United se resiente a la hora de conformar la transición defensiva.

Di Matteo está enfrascado en una reestructuración un tanto menor, mas no exenta de insatisfacciones. La derrota ante un perfecto Shakhtar no es motivo de alarma, aunque sí refrenda la necesidad de solucionar la pobre producción goleadora de Fernando Torres.

El conjunto se ha adaptado perfectamente a un mediocampo más móvil, de más pases cortos, más español, y de cierta manera la gestión de sus piezas ha cubierto las carencias anotadoras de su centro delantero. Está, sin lugar a dudas, mucho cerca de un esquema más sólido y convincente que su rival del próximo domingo.

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