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El legendario centrocampista lo tenía casi hecho con el conjunto blanco, ese era su deseo y su sueño, pero los planes se le truncaron

Echamos un ojo a cómo el Real Madrid estuvo a punto de fichar al legendario centrocampista después de ser campeón del Mundo con Italia en 2006. ‘PIENSO, LUEGO JUEGO’ es la biografía de Andrea Pirlo que ya está a la venta.

EXTRACTO DEL LIBRO
De Andrea Pirlo

Es verano de 2006, acabamos de ganar la Copa del Mundo  y yo estaba encantado de la vida. Salgo de mi casa en bicicleta por las tranquilas y pequeñas calles de Forte dei Marmi. Cuando paso por el paseo marítimo, la gente se para y me da palmaditas en la espalda.

Debían estar pensando que derrotar a Francia en la final me había frito el cerebro, pero había algo que no sabían. Se estaban perdiendo una pieza vital en la historia para saber cómo estaban las cosas. Yo pertenecía al Real Madrid, no al Milan. Yo era jugador del Real Madrid en mi cabeza, en mi corazón y en mi alma. Tenía un contrato de cinco años esperándome allí y un salario que no era de este mundo.

Parecía que algunas personas en Milán habían hecho algo mal, o eso es lo que se comentaba. El ‘Calciopoli’ era el segundo tema del que más hablaba la gente, detrás sólo de la tanda de penaltis que ganamos ante Alemania.

Un día leía que íbamos a bajar a la Serie B, el siguiente que íbamos a recibir una sanción de 15 puntos. El otro, que nos quitarían todos los títulos y los récords que habíamos obtenido. Después de un tiempo empecé a sospechar que no fue Mark David Chapman el que mató a John Lennon, sino que había sido uno de los directivos del Milan.

Todo era un caos absoluto. Nadie tenía ni idea de lo que estaba pensando ni cuál sería el destino del Milan, y mucho menos yo. De una cosa estaba seguro, sin embargo: no iba a jugar nunca en la Serie B. Si tuviera que salir, no me sentiría un traidor. No iba a pagar yo por los pecados de los demás, si eso es lo que pasaba.



Beso de despedida | Pirlo casi se marcha del Milan en 2006

El entrenador del Madrid, Fabio Capello, me llamó. Después Franco Baldini, su director deportivo. Todo el mundo quería hablar conmigo. Tuve unas palabras con mi agente, Tullio Tinti, y le pedí que descubriera que pensaba el Milan de todo esto.

Poco después, volví a Milanello. Para hacer una buena Champions League, antes teníamos que conseguir derrotar al Estrella Roja de Belgrado. Entonces, Tullio me dijo: “Aléjate de todo esto. Déjame hablar con el Madrid. Si realmente quieres un cambio, vuelve a tu casa en Brescia. Mantén tu teléfono encendido, recibirás una llamada dentro de poco.”

Antes lo dice y antes suena el teléfono. Nostradamus era un aficionado comparado con Tullio.

“Hola Andrea, soy Fabio Capello” Uno de los entrenadores más exitosos de la historia de este deporte.

“Hola, entrenador. ¿Cómo estás?”

“Estoy bien, e imagino que tú incluso mejor. Acabamos de fichar a Emerson de la Juventus y eres el hombre para jugar a su lado en el centro del campo.”

“Está bien.”

No necesitó mucho tiempo para convencerme. Menos de un minuto, creo. Entre otras cosas porque yo ya había visto mi contrato. Mi agéntelo  había estudiado con gran detalle  y salió disparado hacia Madrid.

“Estamos en ello, Andrea.”

“Estoy muy contento con esto, Tullio.”

Yo mismo me imaginaba con la camiseta blanca. Mis pensamientos a menudo se posaron en el Santiago Bernabéu, el templo, un estadio que siembra el terror en sus oponentes.

“¿Qué hacemos ahora entonces, Tullio?”

“Vamos a ir a comer en unos días.”

“¿Dónde? ¿Mesón Txistu en la Plaza de Ángel Carbajo?”

“No, Andrea. No en Madrid, Milanello.”

“¿Qué quieres decir con ‘Milanello’? ¿Eres tonto?”

“No, has oído bien: Milanello. No hemos conseguido la aprobación de Galliani aún.”



"Era jugador del Real Madrid en mi cabeza, en mi corazón y en mi alma. Tenía un contrato de cinco años esperando y un sueldo que no era de este mundo"

El menú era siempre el mismo, lo sabía de memoria. Antipasta, entrante, plato principal y luego el legendario helado con trocitos crujientes por encima.

Nos reunimos en la sala que se utilizaba para las comidas del equipo, a medio camino entre la cocina y el salón donde Berlusconi se ponía cerca del piano y nos contaba chistes.

Tullio habló primero: “Andrea va a fichar por el Real Madrid.”

Entonces yo: “Sí...”

Luego Galliani, que mirándome dijo: “Andrea, amigo, no vas a ninguna parte.”

Sacó una cajita de debajo de la mesa. Eso me hizo sonreír, pensé que estaba tan bien escondido como Monica Lewinsky debajo del escritorio de Bill Clinton en el Despacho Oval.

Sacó un contrato de la caja y Galliani dijo: “No te vas, porque vas a firmar esto. Es por cinco años, y hemos dejado los detalles del salario en blanco para que puedas escribir lo que quieras.”

Tullio casi se lo arrancó de las manos. “Voy a quedarme con esto.”

Se tomó su tiempo, lo trajo a casa, lo leyó y releyó. Me fui con la selección a Coverciano y, por unos días, no supe nada. Pensaba que el trato estaba hecho. Pensaba en español, soñaba en español, volando hacia Madrid y aterrizando en algún sitio entre la Plaza Mayor y la Puerta del Sol.

Entonces mi agente me llamó.

“Firma con el Milan. Ahora mismo, no te van a dejar salir.”

“No...”

“Sí.”

“Vale.”

Entonces estás obligado a decir a los medios un montón de basura. Siempre se las arreglan para hacerte la pregunta correcta. Si preguntan si estaba prácticamente fichado por el Madrid, tienes que esconderte tirando de clichés y verdades a medias. Lees un guion sin brillo, sin vida, escrito por gente de prensa sin talento o chispa creativa.

“No, ese no es el caso. Estoy muy feliz en Milán.”

¡Una mierda!

Es una lástima que se esfumara de la forma que lo hizo. Habría firmado por el Real Madrid en un santiamén. Son un club con más glamour que el Milan, más perspectivas, más atractivo, más todo. Ellos infunden temor en sus oponentes, cualquiera que sea.

Dicho todo esto, al final de la temporada tuve el consuelo de ganar la Champions League. Podría haber sido mucho peor.

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