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El club blanco hace un desembolso desorbitado por el colombiano del Mónaco. Los dos gigantes españoles ya tienen a sus fichajes de referencia para la próxima campaña

OPINIÓN

El Real Madrid ya tiene a James Rodríguez. Parecía que sería un fichaje de último minuto del mercado estival, pero las negociaciones se han precipitado en la última semana para permitir así al colombiano completar la pretemporada con el equipo blanco. El Mónaco ha bajado sus desorbitadas pretensiones iniciales (se hablaba de 115 millones de euros), mientras que en la planta noble del Santiago Bernabéu han asumido que debían aflojar la cartera si querían al mediocampista cafetero. Y han pagado el trasvase de James a precio de oro, de hecho. Ochenta millones de euros, un precio reservado para estrellas mundiales por un jugador que, de momento, sólo va camino de ello. Retomando los miedos y discusiones del verano pasado, James tiene todavía menos recorrido que Gareth Bale, y sin la repercusión mediática del galés en Europa, aunque sí en Latinoamérica. Con lo que, inevitablemente, las dudas por la rentabilidad futura del colombiano en el Real Madrid son mayores todavía que con el galés. Superlativas para cualquier jugador de ese coste, de hecho. Impropio incluso, como si el que compra un Jaguar tuviera que andar preocupado por si el aire acondicionado y los intermitentes funcionaran correctamente.

Nadie puede dudar de que James Rodríguez es un jugador de esos pocos que desprenden algo especial en el fútbol. De esos pocos, genuinos, que quizás sean referencia para etiquetar a las perlas del futuro. Su fichaje por una cantidad entre los 30 y los 50 millones de euros hubieran traído consigo las alabanzas generalizadas para el Real Madrid. Pero esa cifra de 80 ‘kilos’ sitúa el traspaso en otra dimensión: en la de los jugadores que deben ser referentes del equipo bajo cualquier circunstancia, en la de los selectos jugadores que deben ser portada de los medios deportivos de toda Europa por levantar la admiración de todos los aficionados al fútbol, sean del equipo y del país que sean. Un peaje muy alto. Unas expectativas todavía mayores.

Y aunque el jugador pueda cumplir con esas toneladas de esperanza depositadas sobre sus espaldas, porque puede hacerlo, como sucediera con Gareth Bale, siempre quedará el poso de que el Real Madrid ha pagado un sobreprecio por James Rodríguez. Al menos, visto su currículum actual, que no el futuro. Ya lo hizo el Mónaco en su momento, desembolsando más de 40 millones de euros, y ahora el club merengue ha pagado las consecuencias de aquello. En una maniobra que inevitablemente recuerda al Real Madrid del primer mandato de Florentino Pérez. Aquél que acumuló estrellas por doquier en el equipo, con fichajes millonarios aun en posiciones que ya estaban cubiertas, y que obligaban a recomponer la plantilla año a año, no siempre en la dirección más lógica. Como acabó demostrándose.

No es tal el extremo en la actualidad, no todavía, ni mucho menos, pero no es menos cierto tampoco que la contratación de James responde a ese mismo patrón: por los 80 millones de euros desembolsados, por la nutrida y talentosa representación ya existente en el mediocampo madridista, y porque su llegada traerá casi con total seguridad la salida de Ángel Di María o Isco Alarcón. Viéndolo así, parece hasta lógico preguntarse el porqué de este fichaje. Y de igual manera, suena razonable pensar que desde el Real Madrid han querido, de alguna manera, reaccionar al mediático fichaje de Luis Suárez por el Barcelona.

El uruguayo era la gran joya del mercado tras coronarse como Bota de Oro en un Liverpool del que nunca se hubiera esperado que estuviera luchando por la Premier League hasta el último partido. Ante este golpe de efecto, no había mejor réplica mediática que fichar a la sensación del Mundial, pagando por él lo que fuera necesario. Como ha sucedido. Como se hacía ya en el Real Madrid de principios del milenio. Y James Rodríguez bien podía merecer un esfuerzo para concretar su fichaje, pero quizás de no darse las circunstancias actuales, con el reciente Mundial y la llegada de Luis Suárez a la Ciudad Condal, seguramente ese esfuerzo no hubiera sido tan megalómano como ha acabado siendo por parte del Real Madrid, que ha jugado esta partida condicionado seguramente. Y la afición madridista rezuma hoy ilusión y esperanza con la llegada de James, pero difícilmente este Jaguar puede acabar valiendo más de lo que ha costado ya en la actualidad.



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