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La lista de fichajes de Goal revela que el belga costaría la espeluznante cantidad de 97 millones si finalizara su contrato con los 'Red Devils'

INFORME ESPECIAL

Marouane Fellaini no se ha convertido en el mediocentro que se esperaba en el Manchester United cuando llegó en verano, aunque pocos creían realmente que lo haría. Un jugador cuyo pelo puedes divisar desde la última fila de la "Sir Álex Ferguson Stand", que a menudo ha jugado sumido en la desesperación, lastrado por el ridículo precio de su traspaso, que cuelga de su cuello como una enorme carga.

Pero, a pesar de todos los titulares dedicados al fracasado traspaso del mediocampista del Everton al United por 32 millones de euros, los responsables de los entrenamientos en los Red Devils se muestran encantados con el belga, al que describen en privado como un excelente profesional. 

"Marouane se ha comportado desde el primer día como un profesional" dijo una fuente de Carringhton (ciudad deportiva del United) a Goal. "Ha dado lo que todo manager espera de sus jugadores, cien por cien de compromiso". 

Sin embargo, se plantea la pregunta de por qué se ha convertido en un tema recurrente para esos grandes grupos de aficionados sólo meses después de su llegada a Old Trafford. La respuesta, en pocas palabras, es que Fellaini no está ni mucho menos cerca de merecer la cantidad que el campeón pagó por él. El belga terminó costando 4,1 millones de euros más de los 28,3 acordados con el Everton el mismo día de la firma, lo que resume a la perfección el desorden existente en el United.

Y caótica es la estrategia de fichajes del United el pasado verano. Una potente pistola sin balas. Fellaini se ha convertido en un desafortunado daño colateral en estos dos meses, un daño que se ha construido sobre una pobre y arriesgada planificación, y que ha generado un consecuente pánico. Andy Cole, que se unió al United en 1995, siendo el fichaje más caro de todos los tiempos en Gran Bretaña, muestra su apoyo al belga, pero también entiende la exigencia que caracteriza a Old Trafford.

“Creo que para él ha sido difícil ir al Manchester United, sobre todo por el coste de su fichaje”, nos contó Cole en exclusiva a Goal. “Ha estado dentro y fuera del equipo recientemente y ha recibido poco apoyo por parte de los fans".

LOS QUE SE ESCAPARON
Comparación de Fellaini con los otros candidatos

Cesc Fabregas
Partidos: 20 
Goles: 6
Asistencias: 9 
Media de pases: 53.3
Porcentaje de pases con éxito: 86.2%

Marouane Fellaini
Partidos: 14 
Goles: 0
Asistencias: 0
Media de pases: 54.2
Porcentaje de pases con éxito: 88.5%

Ander Herrera
Partidos: 11 
Goles: 0
Asistencias: 0 
Media de pases: 40.4
Porcentaje de pases con éxito: 80.2%

Thiago
Partidos: 7
Goles: 1
Asistencias: 2 
Media de pases: 77
Porcentaje de pases con éxito: 90.2%

"Los aficionados esperan que el jugador responda al precio que se ha pagado por él. Ellos esperan una buena actuación de ti, y si lo haces mal te lo harán saber. Creo que todo está siendo duro para él en estos momentos, pero ojalá pueda revertir la situación. Debe decirse a sí mismo: Necesito demostrar a la gente que está equivocada y que soy un jugador válido para el Manchester United”.

Aún no se ha perdido la esperanza en Fellaini por parte de aquellos que están dentro y alrededor del club, sin embargo, la afición aún se pregunta cómo se convirtió en el cuarto jugador más caro de la historia del United.

Casi tres meses antes de que Ferguson anunciara su intención de retirarse el 8 de mayo, su aliado más cercano en el club, David Gill, reveló que dimitiría como jefe ejecutivo en junio. Sus responsabilidades, pero no su cargo, iban a ser asumidas por Ed Woodward, que ha optado por trabajar desde la oficina Mayfair del club, en vez de desde Manchester como su predecesor.

Gill, un astuto agente en el mercado de fichajes, estaba cediendo las riendas a un hombre sin experiencia en el peculiar mundo de la compra-venta de futbolistas. En la normativa del club se leía lo siguiente: “Desde el 1 de julio, Ed tendrá que plena responsabilidad en el club, incluyendo, junto a Alex Ferguson, facilitar la actividad de fichajes”.

El 1 de julio, Ferguson se marchó, Moyes posaba para los fotógrafos en su primer día en Carrington y la pareja que formaría con Ed tendría dos meses hasta que el plazo de fichajes se cerrara.

Fellaini, Leighton Baines y Thiago Alcántara fueron objetivos y candidatos para fichar por el United, a pesar de las protestas anteriores.

Las cosas empezaron a ir mal cuando Thiago, cuyo padre había dejado claro a los representantes del United que su hijo estaría interesado en jugar en Old Trafford, cambió de opinión ante la influencia de Pep Guardiola. Finalmente, el ex jugador del Barcelona eligió Múnich en lugar de Manchester.

Moyes y Woodward, todavía pretendían firmar a un jugador de estilo similar, centrando su atención en Cesc Fábregas. En privado, la pareja se mostraba confiada en el fichaje de Cesc, quién no se sentía del todo importante en Barcelona. No se hizo el fichaje. El United, avergonzado, con Woodward habiendo dejado la pretemporada a medias, buscaba un fichaje urgente. ¿Pero quién?

Así que se centró en otro español, Ander Herrera, que sería el tercer mediocentro que el United intentó y no consiguió fichar este verano. Otra vez estuvieron cerca, otra vez pensaron que lo habían conseguido, pero una vez más, no lo lograron. El United no estaba dispuesto a pagar los 36 millones de euros requeridos por la cláusula de rescisión del joven jugador de 24 años en el último día del mercado de fichajes. Tres consejeros llegaron a la sede de la Liga en Madrid para llevar a cabo un acuerdo que, simplemente, no estaba teniendo lugar.

Mientras todo esto ocurría, Fellaini, Baines y el Everton esperaban. El belga, conociendo el interés del United, había indicado a su nuevo manager, Roberto Martínez, y al dirigente Bill Kenwright, que se quería marchar. El centrocampista no pidió el “transfer request” hasta la tarde del último día de mercado. Baines nunca forzó su salida.

La relación entre los dos clubes se hizo más tensa, y continúa así hasta hoy. Incluso tras el traspaso de Wayne Rooney desde Goodison Park a Old Trafford en 2004, Kenwright, Moyes, Gill y Ferguson mantuvieron una relación de mútuo respeto público y privado. Los 33 millones de euros ofrecidos por el ‘pack’ Fellaini-Baines en mitad de agosto fueron descritos como irrisorios e insultantes por el máximo mandatario del Everton. Finalmente, el United pagó 28,3 únicamente por Fellaini. 

A la misma vez que esto ocurría, era el Everton el que perseguía al mediocentro del Wigan, James McCarthy, quién iba a desmostrar cómo es cada frenético final de mercado en East Lancs Road.
Dave Whelan, el dirigente del Wigan, había aguantado hasta el mediodía para aceptar la oferta de 15,3 millones de los Toffes por el centrocampista irlandés, lo que abrió las puertas a Fellaini, pero con poco tiempo para que el trato se hiciera. Un trato informal de en torno a 28,3 millones fue acordado en la mañana del último día de fichajes con la condición de que McCarthy pudiese firmar como recambio por alrededor de los 11,8 millones. Cuando el Wigan subió el precio que pedía, Kenwright quería asegurarse de que el United pagaría. El más listo fue el Everton.

Entonces, la realidad de la situación golpeó al United. Los dos meses que tenían Moyes y Woodward el 1 de julio se habían convertido en dos horas. La única actividad de fichajes que había realizado el United en el verano de 2013 estaba en la incorporación de Guillermo Varela desde Peñarol. Un jugador de 20 años que únicamente ha jugado 23 minutos en el fútbol profesional.

Y entonces, en las últimas horas de cierre del mercado de fichajes, en su primer verano como manager de el club más grande de Inglaterra, Moyes pagó 4,1 millones más del precio acordado apenas unas horas antes, antes de que el Wigan llegara a un acuerdo por McCarthy. El acuerdo parecía una apuesta cara entonces, y hasta ahora ha fracasado estrepitosamente.

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