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Cansados de su inconsistencia, los Diablos Rojos pretenden vender al internacional inglés en verano. Por su parte, el jugador no quiere verse forzado a abandonar Old Trafford

REPORTAJE ESPECIAL

Salió sonriente del autobús del equipo el pasado martes. Faltaban entonces dos horas para que el Manchester United recibiera al Real Madrid en Old Trafford, en el encuentro de vuelta de los octavos de final de la Champions League. Wayne Rooney no tenía ni idea de la humillación que le esperaba.

En realidad, pocos lo sabían. Sir Alex Ferguson sólo había anunciado a un grupo de jugadores el once inicial que saltaría al campo para intentar superar la eliminatoria y meterse entre los ocho mejores equipos de Europa. El propio Rooney no estaba entre ellos.

Cuando los elegidos fueron anunciados oficialmente, Twitter empezó a echar humo. Wayne Rooney, la estrella local y uno de los símbolos del club durante la última década quedaba fuera de los titulares para dar paso a un joven e inexperto delantero -Danny Welbeck- y a una leyenda viviente de 39 años de edad -Ryan Giggs-.

Rooney se abstuvo de hacer comentarios. No obstante, la mujer del jugador, Coleen, rompió su silencio en la red social con un mensaje que a la postre compartieron miles de usuarios: "No me puedo creer que @WayneRooney no sea titular esta noche", twitteó la esposa del internacional inglés.

Obviamente, la suplencia de Rooney se tomó como una sorpresa de magnitudes épicas. Pero en realidad, todo parecía tener sentido. Que Sir Alex decidiera sentar a su jugador en el partido más importante de la temporada era una simple continuación de un proceso de polémica que les ha acompañado a ambos durante los últimos tres años.

El asunto tiene ahora un nuevo matiz. El veterano técnico escocés quiere que Rooney salga del Manchester United, pero el jugador no tiene ninguna prisa. Y ahí radica la principal ventaja del delantero; su valor caerá en picado a medida que se acerque el mercado de fichajes y, si continúa en Old Trafford el próximo 1 de septiembre, estará ante su penúltima temporada en el club. Nuevo punto discordante entre ambas partes.

Sir Alex siempre había considerado a Wayne Rooney como algo parecido a su hijo pródigo. Por supuesto, hasta que, en octubre de 2010, el delantero sorprendió a todos anunciando que se quería marchar del United, cuestionando además la ambición del club. Desde entonces, ni siquiera un aumento de sueldo -hasta las 250.000 libras semanales- ha podido frenar la crisis. El técnico escocés ni olvida ni perdona a su pupilo.

No obstante, resulta curioso que desde entonces Wayne Rooney haya sido el jugador más regular del United. Y todo estando siempre bajo sospecha por su peso, por su ritmo de vida o por su nivel en las actuaciones de cada semana.

Las estadísticas de Rooney esta temporada se mantienen al más alto nivel: 18 goles y 15 asistencias en 32 partidos, tanto con su club como con la selección, a pesar de que rara vez ha jugado como referencia en punta. Sin embargo, sus brillantes partidos no han hecho cambiar de parecer a Ferguson, que ya no lo considera el jugador que asombró a la Premier League hace tres años, capaz de influir notablemente en los partidos clave.

El lucrativo contrato de Rooney tiene vigencia hasta 2015, pero Sir Alex no tiene el más mínimo deseo de renovar a un jugador que ya no merece más inversiones, siempre según su entrenador. El escocés optó por alejarse de cualquier discusión con Paul Stretford, agente de Rooney y ya ha ojeado el mercado internacional, entre otros, al delantero del Borussia Dortmund, Robert Lewandowski.

Parece que la única solución posible para el United es vender. Y hacerlo a finales de esta temporada es lo que puede garantizar al club de Manchester un beneficio económico, ya que mantener a su delantero por un año más haría que pudiera salir de Old Trafford gratis, de acuerdo con la Ley Bosman.

Pero deshacerse de Rooney no será fácil, entre otras cosas porque el jugador no tiene ninguna intención de salir, a pesar de las tensiones con su entrenador. Está asentado en Manchester con su pareja, Coleen, que espera tener a su segundo hijo en julio. Viven en una mansión en Prestbury y tienen Liverpool a tiro de piedra, así que la relación con su familia permanece muy cercana.

Desde una perspectiva futbolística, es también sencillo de entender por qué Rooney quiere permanecer en Old Trafford. A solo 54 goles del legendario Bobby Charlton como segundo goleador histórico del club -con sólo 27 años- parece estar decidido a escribir su propia historia en el United. Y si sale, la solución más obvia en términos geográficos sería fichar por el vecino Manchester City.

Los "ruidosos vecinos" fueron los primeros interesados en fichar a Rooney cuando éste mostró su deseo de salir hace tres temporadas. Pero se antoja casi imposible que Sir Alex Ferguson acepte traspasar a su pupilo a los más fieros rivales. Además, parece que el City ha cambiado sus preferencias e intentará movimientos por Edinson Cavani o Radamel Falcao.

Además del City, los potenciales destinos de Rooney parecen bastante limitados. El Barcelona no parece que pueda hacer una oferta por el jugador, dados sus vaivenes económicos. Por otro lado, los clubes italianos están forzados últimamente a mantener políticas de fichajes bastante austeras.

El Bayern Múnich, a pesar de poder gastarse cuanto fuera necesario, no estaría dispuesto a alcanzar el salario que tiene actualmente Rooney. Y el Real Madrid, camino de unas nuevas elecciones que presumiblemente ganará Florentino Pérez sin rival, parece centrado en Falcao y, sobre todo, en mantener contento a Cristiano Ronaldo.

Así las cosas, sólo el Paris Saint-Germain se ajustaría a un posible fichaje de Rooney, en cuanto a recursos disponibles e interés en el jugador.

Y es que no hay discusión en cuanto al futuro de Rooney en el United. Cuando un jugador agota la paciencia de Sir Alex Ferguson, sus días en Old Trafford están contados. Y, si no, que le pregunten a Jaap Stam, Roy Keane, Ruud van Nistelrooy o David Beckham.

Pero en esta particular partida de póker, es Rooney quien lleva la mejor mano. Puede que no albergue esperanzas de seguir jugando para su infatigable entrenador, pero tensará la cuerda de la espera hasta que finalice su contrato y pueda salir gratis. Al margen del aspecto emocional, Sir Alex sabe que sería una locura permitir que un jugador que sigue siendo un activo muy valioso que salir para nada.

A sus 27 años, Rooney es consciente de que puede encontrarse ante su último contrato. Por el momento, está preparado para esperar, pero Ferguson también se ha mentalizado para ello. Estamos ante una gran batalla entre voluntades.

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