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El Barcelona se rasca el bolsillo en las últimas cuatro temporadas por jugadores que se fugaron de La Masía en busca de mejores oportunidades o simplemente desechó

El Barcelona confirmó ayer el retorno de Jordi Alba, lateral zurdo de la selección española y hasta esta temporada del Valencia, y al que repudió por bajito cuando el futbolista apenas tenía quince años. Ocho cursos después de que los técnicos desecharan la continuidad del jugador en la cantera azulgrana, el club presidido por Sandro Rosell ha decido repescar al jugador por una cifra en torno a los catorce millones de euros.

Es la de Alba la tercera operación de inversión que acomete el club catalán después de que en 2008 gastara cinco millones en volver a reclutar a Piqué procedente del Manchester United y el verano pasado hiciera lo propio con Cesc previo pago de cuarenta millones al Arsenal. Un total colindante a los sesenta millones de euros para recontratar a futbolistas que fueron de su propiedad en momentos más o menos avanzados de su curva de aprendizaje.

Los sesenta millones dedicados a estos tres fenomenales jugadores ejemplifican un problema superado y entierran un cliché contemporáneo. La deserción de talento se vio provocada por la falta de oportunidades y el basto desembolso en canteranos difumina un poco la disyuntiva que muchos barcelonistas hacen entre cartera y cantera respecto al Real Madrid.

La fuga de talento que experimentó La Masía en los primeros años del milenio, personificada especialmente en las figuras de Cesc y Piqué, fue la consecuencia de un futuro que no se vislumbraba tan esperanzador como ahora. El volante de Arenys emigró al Arsenal intuyendo la falta de oportunidades en un Barcelona ciclotímico que recelaba de la figura de Xavi Hernández y al que le costó ofrecer galones a Iniesta. El niño que abandonó Barcelona regresó ocho años después convertido en uno de los mejores jugadores de la Premier League. Similar fue la motivación en la partida de Gerard Piqué, que también probó suerte en Inglaterra para regresar como una de las primeras peticiones de Guardiola. El resto es historia.

Diferente es el caso de Alba, que no tuvo en su mano elegir su destino. Resulta ciertamente complejo evaluar el talento juvenil, tan condicionado por factores como la evolución física o variables inherentes a la edad. Como muestra, Michael Jordan, expulsado del equipo de su instituto por motivos técnicos.

El regreso del portentoso lateral zurdo es una noticia a celebrar por el Barcelona, que asegura una posición compleja durante el próximo lustro. El fichaje de Alba completa la operación retorno de futbolistas de la generación del 87 y 88 que por diversos motivos tuvieron que buscarse la vida fuera de La Masía. Menos de una década después, el dinero ha mitigado las fallas que en otro tiempo atropellaron la productividad de la cantera azulgrana.

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