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El volante del Betis, alumbrado tras su convocatoria con la selección española, se muestra resuelto a afrontar el siguiente desafío de su fulgurante carrera

Dos semanas de concentración con España y otros tantos partidos amistosos han sobrado para convertir a Beñat Etxebarria en un valor en alza. El volante del Betis, que vio refrendada su sensacional temporada con la llamada para la selección, asoma como uno de los jugadores en la rampa de despegue hacia cotas mayores. El Athletic, que lo descartó en 2006, aspira a repescar a Beñat para ensanchar una plantilla que se ha antojado demasiado corta para tantos frentes.

Las primeras maniobras de acercamiento del club rojiblanco, poniendo sobre la mesa cifras en torno ha tres millones de euros, han sido rechazas frontalmente por el Betis, que solicita un montante cercano a los nueve. Intervenido concursalmente, Beñat es el salvavidas financiero del club hispalense. “Sólo se irá por una oferta estratosférica”, recordó Miguel Guillén, presidente del club verdiblanco.

Beñat, de 25 años, se aboca a una decisión pivotal en su carrera. Le ha costado instalarse en la aristocracia del fútbol nacional, después incluso de purgar en el Conquense, en las catacumbas de la Segunda B hace apenas tres cursos. Fue antes de que el Betis lo rescatara y dispusiera a su alrededor de un equipo con una identidad que ha sobrevivido a la escalada de categoría. Mucha culpa tiene Beñat, un volante clásico de la ‘marca España’. Del hilo de Xavi, capaz de orquestar todo el fútbol ofensivo, ser decisivo en el último pase y elevarse como uno de los jugadores más dotados a balón parado del campeonato. Sus dos goles de falta directa en el Sánchez Pizjuán le sitúan como un mito contemporáneo del beticismo.

Son estas características, inherentes al estilo que ha encumbrado a los centrocampistas españoles a ojos de todo el planeta, las que hacen de Beñat una pieza perfecta para todos los equipos punteros de España. O al menos para aquellos que abogan por el fútbol de asociación y toque. El Athletic, remozado su credo futbolístico, sería una buena plaza para Beñat, pero no la más ambiciosa. En Bilbao, el de Yurre afrontaría la competencia directa con Óscar de Marcos y Ander Herrera. No sería problema dada la versatilidad del vitoriano, capaz de jugar como lateral zurdo y una temporada que se anticipa de nuevo frenética en Bilbao, con el equipo de nuevo partiendo en tres competiciones.


Beñat Etxebarria | Su debut en Primera ha culminado con la llamada de la Selección

El retorno a casa aglutina a su vez una victoria personal en sí misma. En todos los ámbitos de la vida es reconfortante regresar tras saborear el éxito a donde te denostaron profesionalmente en tus inicios. Más allá de esto, Beñat no tiene techo. O no se le advierte atendiendo a la fulgurante evolución de los últimos tres años. Clubes como el Valencia o el Atlético de Madrid llevan años reclamando la presencia de un volante de categoría. La baja de Banega evidenció la laxitud del equipo ché en la sala de máquinas. Es el club valenciano un lugar acostumbrado en los últimos tiempos a promocionar futbolistas procedentes de equipos medianos. Así ha ocurrido con Soldado, Pablo Hernández o Piatti. El Atlético de Madrid, que ha fichado a Emre para cubrir esa posición, también puede ser un destino abonado para Beñat.

Si alguien dijera que Beñat es un centrocampista salido de La Masía, sería difícil contradecirle. Pocas etiquetas mejores se pueden asociar a un volante moderno. Paradójicamente, es precisamente eso lo que le aleja del Barcelona, donde es muy bien valorado por los técnicos de la casa. No obstante, la facilidad de la cantera azulgrana para producir jugadores de este corte desaconseja la inversión foránea en esa parcela. Más pronto que tarde, Beñat Etxebarria se instalará en la selección a tiempo completo. El límite es el cielo. El club que lo fiche no podría tener mejores expectativas de retorno. Dispondrá de un volante en plenitud durante el próximo lustro. Ahí es nada.

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