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"Cuando se mete el dedo en la llaga, sólo los tontos creen que el problema es el dedo", decía Confucio. Pues Alfonso Loaiza es lo que hace con los holandeses vendidos por el Real Madrid y que dejaron una plantilla coja de cara a los momentos decisivos de la temporada. ¿Se equivocó el Madrid?

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Por Alfonso Loaiza.-

Son holandeses. Jugaron juntos en el Real Madrid. Tienen algo de entradas en sus cabezas. Se lesionan a menudo. Pero juegan al fútbol de maravilla. Y poseen un sabor especial, sabor a tulipán. Estoy hablando de Wesley Sneijder y Arjen Robben, dos de las ventas del club de Florentino que, al igual que Javi García en el Benfica y Parejo en el Getafe, brillan con luz propia en sus equipos.

Los dos holandeses a lo grande, clasificados en los cuartos de Champions con apariciones prodigiosas en las sendas eliminatorias anteriores. Robben por la banda izquierda y Sneijder en el centro del campo. Los dos puestos que más quebraderos de cabeza están dando al conjunto madrileño. Si hasta Marcelo y Guti han acabado como indiscutibles.

Los dos holandeses se han erigido como vitales para el Inter de Milán en el caso de Sneijder y para el Bayern en el de Robben. Aunque atesoran calidad de sobra para haber seguido en el proyecto galáctico del Real Madrid no se confió en ellos. Y repito, de momento, están clasificados en Cuartos, cosa que en el Real Madrid no ocurre desde hace seis años.

Y ya empiezan a vender más camisetas que Kaká o Benzema. Porque el sabor de los tulipanes empieza a dar sus frutos. El negocio del merchandaising depende más de los resultados y no únicamente de la buena imagen que tenga un futbolista.

Si Robben y Sneijder hubieran sido tratados como Dios manda, tras ser importantes en épocas y tardes negras para el madridismo, la cosa habría cambiado. Pellegrini sabía todo lo que podían dar de sí, iban a ser piezas básicas en su esquema de juego y es que le encantaba el sabor que desprendían los tulipanes, Sneijder y Robben.

Pero donde manda capitán, no manda marinero. Florentino encontró en el sabor de los tulipanes una moneda de cambio y así sacar unas perras para solventar sus fichajes de Benzema y Kaká, porque el de CR9 ya estaba pactado. Pero el fútbol de los holandeses les ha devuelto a su sitio y ha dejado en evidencia el gusto de los que mandan en el actual Real Madrid.

El entrenador chileno consideraba que la permanencia de Sneijder y Robben en el conjunto merengue hubiera sido el mejor fichaje del año. Sin embargo, la pregunta a cerca de qué podrían haber hecho los holandeses vestidos de blanco y rodeados de grandes acompañantes con el viento a favor no llegó a tener repuesta.

Los tulipanes no vendían las camisetas que tenían que vender. La suerte no les sonrío. Pero Robben y Sneijder ya empiezan a reírse de la suerte. Comienzan a vender camisetas como churros. Porque empiezan a ganar, y ganar sólo se gana jugando en equipo, con violines y trompetas. Lo que les faltó en el anterior Real Madrid.

Y es que Florentino no es muy amigo de los jugadores heredados. Y eso ha traído injusticias como no probar el sabor de los tulipanes. Sneijder y Robben. Floren ha traído muchos postres, estrellas, pero se olvidó de lo más importante la comida, el bloque. El cuidado de los tulipanes habría traído un sabor señorial al Madrid que ahora empieza a atufar. El sabor de los tulipanes no tiene precio.

Ese sabor que captura el espíritu primaveral con sus brillantes flores renovando la tierra con una promesa de color inapelable. Llega la Primavera y el Madrid pervive en Otoño: sin rumbo, sin estilo, sin Copa, sin Champions y sin el sabor de los tulipanes. El sabor de Sneijder y Robben.

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